Iguala: ‘La noche más triste’ y su crónica más precisa

El periodista Esteban Illades extendió el reportaje publicado en Nexos sobre la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa y la convirtió en un libro para entender y no olvidar.
El periodista Esteban Illades
El periodista Esteban Illades (François Pesant)

México

Existían todavía más preguntas que respuestas cuando Esteban Illades escribió su primer reportaje sobre la muerte de seis personas y la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa. Durante los meses siguientes, el periodista y editor de Nexos continuó su investigación desde la Ciudad de México. El 1 de enero publicó La noche más triste, un texto claro y bien documentado que reconstruye los hechos sucedidos el 26 de septiembre de 2014 en Iguala.

A petición de la editorial Grijalbo, Illades extendió esa crónica y la convirtió en un libro del mismo nombre. El trabajo de investigación intenta comprender las causas de un caso que marcó un antes y un después en México. Pero sobre todo, dice el autor, es un libro que pretende contribuir con la difícil y necesaria tarea de no olvidar.

De enero a junio, Illades se dedicó a analizar los factores que provocaron el fuego. La mecha -como bautizó al primer capítulo- es la guerra contra el narcotráfico, cuyo inicio sitúan algunos en el 2003 (con la captura de Osiel Cárdenas Guillén) y otros más en 2006 (con la llegada de Felipe Calderón al poder). La pólvora es la situación histórica de Guerrero: la pobreza, la violencia, la corrupción y la abundante producción de amapola, la planta precursora de la heroína.

El cerillo es Iguala: su alcalde José Luis Abarca -acusado de homicidio- y su esposa María de los Ángeles Pineda, con cinco familiares vinculados directamente al narcotráfico. Y es también la historia de las normales rurales como Ayotzinapa, cuya situación se ha deteriorado por la falta de apoyo gubernamental.

En el libro viene después La Noche (reproducción del reportaje publicado en Nexos) y El Terco (el perfil de uno de los miembro de los Guerreros Unidos que fue detenido). Y a continuación se aborda la cuestión que provocó las controversias más grandes: El fuego. ¿Es posible quemar 43 cuerpos en una hoguera, como aseguró la PGR? ¿O no lo es, como dijeron especialistas de distintas universidades?

Illades decidió contribuir a la discusión con una entrevista inédita a un profesor ajeno a la politización del caso: John DeHaan, experto en química forense con especialización en fuego y explosiones.

A dos días de la presentación de su libro -el jueves 16 de julio, a las 19:00 horas en Casa Lamm, junto a Carlos Puig, Héctor de Mauléon y Héctor Aguilar Camín- el autor de La noche más triste también ofreció una entrevista.

¿Cómo fue tu cobertura de los hechos de Ayotzinapa?

Lo primero que hice fue buscar en la prensa local de Iguala. Ahí me topé con la historia de José Luis Abarca y de su esposa. Después registré todo lo que dijeron los estudiantes, porque lo que vieron esa noche es el testimonio más importante. No fue fácil, porque unos decían una cosa y otros otra. Mi trabajo ahí fue contrastar esa información con lo que había investigado la Fiscalía de Guerrero y la PGR. Tomé la información que se podía corroborar de varios lados para poder decir: “así estuvo la historia”.

¿Consideraste desplazarte al lugar de los hechos?

Lo hablé con otros reporteros y con la PGR, y preferí no hacerlo por seguridad personal. La propia PGR no aseguró el basurero de Cocula, algo impensable en lugares como Estados Unidos, donde llegan a la escena del crimen, la cierran y no la vuelven a abrir. Acá estuvo abierta como dos meses. Cuando fui a entrevistar a la gente de la PGR les dije que pensaba ir, y me dijeron que no me lo aconsejaban; que “la plaza seguía caliente”.

¿Qué opinas de la cobertura del caso que se realizó en los medios nacionales e internacionales?

En México se dividió en dos. Por un lado, está la prensa militante que cuestionó todo desde el inicio: con bases algunas veces, sin bases otras. Y por otro lado está la prensa más cercana a los comunicados oficiales del gobierno, que publica la información sin cuestionar. Lo que intento hacer con este libro es estar en un lugar intermedio. No tomar la versión del gobierno, cuestionar, pero tampoco caer en estos supuestos de conspiración.

A nivel internacional se cayó toda esta cosa del milagro mexicano de Peña Nieto. Hubo una cobertura muy fuerte: que desaparezcan 43 personas no es algo que se ve cada día.

Y sin embargo, en México habíamos visto otros casos terribles de violencia en los últimos años. ¿Por qué el de Ayotzinapa fue distinto?

Hemos tenido muchísimos casos que van pasando y la gente los va olvidando. Una tragedia se sobrepone a la otra. Pero aquí las víctimas eran estudiantes. Podrán decir que los normalistas son vándalos, porque toman autobuses y casetas. Pero a fin de cuentas eran chicos de 19 y 20 años que estaban siendo educados para dar clases en uno de los tres estados más pobres de México. Eso provocó que todo el país volteara y se preguntara qué era lo que estaba pasando.

¿Por qué decidiste incluir en el libro un capítulo sobre la historia de Guerrero?

Porque era necesario contextualizar. Guerrero tiene una historia muy violenta, de enfrentamientos entre el gobierno y las organizaciones populares. A esto se suman los altos niveles de pobreza en el estado; la falta de educación (sólo uno de tres millones de guerrerenses terminó la primaria); el abandono de las normales y el problema del narcotráfico, que en los últimos 15 años ha aumentado muchísimo. Además Guerrero es un estado de caciques, donde las mismas familias gobiernan una y otra vez. Ahora están detenidos un primo y un sobrino del ex gobernador Ángel Aguirre, acusados de malversar fondos de millones de pesos.

¿Por qué en Guerrero no se levantó un movimiento como el de los grupos de autodefensas de Michoacán?

En Guerrero también hay policía comunitaria en algunas zonas. Pero Michoacán es un estado mucho más rico. Ahí se levantaron en armas los empresarios: los productores de limón y aguacate. Tuvieron mayor organización y acceso a armas y vehículos. En Guerrero es gente de más escasos recursos y hay un arraigo mucho mayor del narcotráfico. La marihuana guerrerense es la de mejor calidad y de las que más se exporta a Estados Unidos. Es una producción de décadas y eso hace que haya más vínculos entre la comunidad y el narcotráfico. No es hasta tiempos recientes cuando entraron estos grupos, primero liderados por Arturo Beltrán Leyva, y después por Los Rojos, los Guerreros Unidos y ahora Los Ardillos. La escalada de violencia sucede porque todos quieren quedarse con el negocio más lucrativo del momento, que es la heroína.

Al día de hoy, hay 104 comentarios en el reportaje en línea La noche más triste. Hay muchas felicitaciones por la objetividad del relato, pero también se leen muchas inquietudes y cuestionamientos:

La más común: “¿Fue el estado?”

En cuanto a todo el aparato del estado, no, porque no participó el poder judicial ni el gobierno federal. Pero sin duda fue el estado a nivel municipal y estatal. Las instituciones como la alcaldía y la policía se dejaron corromper y tomar por el narcotráfico. Y el gobierno de Guerrero se volteó hacia otro lado. Por lo menos por omisión, a nivel estatal sí fue el estado.

“¿Vivimos en un estado fallido?”

Todo depende de cómo se vea. Hay lugares como Yucatán donde los homicidios son muy bajos, y en el otro extremo está Tamaulipas, la dimensión desconocida para muchos porque ya no se sabe lo que sucede allá. Yo creo que podemos hablar de partes de estado fallido, sobre todo tomando en cuenta la reciente fuga de ”El Chapo” Guzmán: que el delincuente más buscado en este país se pueda fugar de la cárcel de mayor seguridad, habla de que el estado tiene graves problemas a la hora de llevar a cabo tareas como la administración de justicia.

“¿Y ahora que sigue? ¿Qué podemos esperar de un gobierno corrupto hasta la médula?”

Eso es muy difícil saberlo. Uno piensa que las cosas no pueden empeorar hasta que lo hacen. Tampoco encuentro que el estado tenga una solución o una alternativa para cambiar las cosas. Tenemos pequeños parches como Las 10 propuestas de seguridad de Peña Nieto, que ya mucha gente olvidó y que el propio gobierno, a través de los senadores, ha omitido discutir. Realmente no parece que haya una solución en serio para este tipo de cosas. Yo no descarto que en algún momento estemos hablando de otra noche igual de triste.


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