Esquinas danzantes: artistas se apoderan de las calles

Artistas urbanos han encontrado una manera de sobrevivir ante la falta de empleo en la ciudad; se ganan la vida con bailes y actuaciones en plena calle, a cambio de una moneda del espectador

Tijuana

Entre el bullicio de las calles de Tijuana, los cruceros se convierten en el escenario de un espectáculo: ahí, una luz roja es la pauta para que artistas callejeros adornen las esquinas con sus actos y malabares. No hay butacas, solo asientos de automóvil.

En la glorieta de Cuauhtémoc en Zona Río, un personaje se apropia del escenario callejero desde hace década y media. Cuando el semáforo cambia a rojo, "El Charro" realiza trucos y suertes con un lazo que aprendió a usar desde muy joven en el estado de Hidalgo.

"Yo vi a unos primos de unos 16 años que eran buenísimos y dije 'tengo que aprender', y a los 13 años ya floreaba la reata. Dicen que lo que se aprende no se olvida y aquí estoy con esa ideología...soy charro de abolengo y floreando la reata me entretengo y con lo que me da la gente me mantengo", expresó.

Se llama Marcelo Piedras, tiene 91 años y no le gusta que lo llamen viejo, sino "señor grande"; revela que su meta es llegar a los 100 años haciendo suertes, mientras solicita a este reportero que pida la cooperación entre los carros. Esa ayuda es muy importante porque tiene un destino especial.

"Tengo a una hija que yo apoyo con sus hijas. Ella me inyecta y me pone la bedoyecta (vitaminas), nomás dos veces por semana y con eso estoy bien. En tiempos de frío podría yo hacerla diario, pero no tiene caso", expuso.

Rocío, de 22 años, es conocida como la payasita "Fanny"; hace malabares y trucos de magia en el cruce del bulevar Benítez y Ermita; al final del show aparece un pájaro azul que aletea ante los automovilistas, quienes a cambio del espectáculo ofrecen unas monedas.

"Soy madre soltera y pues mi bebé esta chiquito, tiene 11 meses...pago para que me lo cuiden y necesito, pues, solventar los gastos: que leche, que fruta, que pañales, también para pagar renta porque no tengo casa propia. A veces es la voluntad de cada uno que le quiera dar a la persona; en realidad significa una gran ayuda", dijo.

Las calles son una pista para Juan Carlos Acosta. Es bailarín de breakdance y muestra sus movimientos en la esquina de la avenida Ermita Sur. Detrás de su baile hay constancia y concentración para no lastimarse. Es algo que ha hecho durante ocho años.

"Ya soy padre de familia...vengo a bailar por dinero, pues ya lo ocupo para mis gastos: para la casa, para la familia, para mi bebé...cuando hay necesidad, (vienes) aunque no quieras venir, porque hay veces que también si bailas bastante, al otro día amaneces adolorido, te duele todo y si tienes una necesidad pues tienes que venir", mencionó.

Señala que además de la necesidad de obtener un ingreso, baila en las calles para demostrar sus habilidades y además ha participado en diferentes competencias internacionales.

"Aparte de esto doy clases en una academia de danza, se llama Coppelia, ahí es donde enseñamos a los niños y también recibimos un pago por lo mismo, porque también se puede vivir profesionalmente de lo que es el breakdance", afirmó.

Desde el mediodía, una peculiar figura se apropia de la glorieta conocida como "Las Tijeras". Es Salvador Hernández, quien hace malabares disfrazado del "Hombre Araña" y camina con zancos de aluminio.

Ante la mirada atenta de algunos y franca indiferencia de otros automovilistas, lanza sus clavas contra el viento y la altura. Admite que lo que hace tiene un riesgo, pero afirma que la necesidad económica es mayor que la preocupación que esto pueda causarle.

"Ya sabes que resbalas, pero no te pasa nada, del suelo no pasas. Es como si trabajaras una hora en una fábrica, no está mejor que en las fábricas, pero ya ves que luego no hay chamba", señaló.