El Espectro / Y II

Juan Bustillo Oro se permite profundizar con libertad en un tema que suele no resultar lícito censurar en nuestra sociedad, porque es ícono representativo del amor, la tolerancia y la ...
Arturo de Córdova.
Arturo de Córdova. (Especial)

Juan Carlos Lozano tiene similitud con los personajes ibsenianos, a los que no les ocurren cosas objetivamente terribles, pero resultan víctimas de un material psíquico hecho de tabúes sociales y de leyes represivas interiorizadas. Juan Carlos nos recuerda al Osvaldo de Los espectros, que termina dominado por el fantasma de su padre.

En El hombre sin rostro, Juan Bustillo Oro se permite profundizar con libertad en un tema que suele no resultar lícito censurar en nuestra sociedad, porque es ícono representativo del amor, la tolerancia y la abnegación: la mamá —no es el maravilloso pero casi siniestro poema de “Nocturno a Rosario” que pone a la madre entre los enamorados, aunque después Octavio Paz nos recuerda que somos “un país con mucha madre”—; el tema de la película tiene connotaciones contra el poder materno que va de la mano de la represión interiorizada que se manifiesta en el chantaje contra el hijo para crearle una vorágine de culpa, y después de muerta, volverse un espectro para fulminar la sexualidad del hijo. La única manera que tiene el personaje de apaciguar su dolor es asesinar mujeres.

La secuencia de las manos ensangrentadas es apoteósica, es el delirio absoluto, la esquizofrenia en su máxima expresión, y nos conmueve porque está muy bien hecha; el uso de la lente gran angular y del dolly, que no eran usuales en el cine mexicano de los cincuenta, aquí, en las manos de un dramaturgo cinematográfico y de un gran fotógrafo, Jorge Stahl, adquiere escabrosidad y produce miedo por lo que pueda hacer el personaje.

En la entretenida y bien escrita Vida cinematográfica, autobiografía de Juan Bustillo Oro, publicada por la Cineteca Nacional, el autor narra las vicisitudes que tuvieron él y Gonzalo Elvira, el productor ejecutivo, para convencer a Arturo de Córdova de hacer el personaje principal, pues el actor sentía que ese papel iba a manchar su imagen de héroe cinematográfico; afortunadamente aceptó y se dejó dirigir para lograr una de las mejores actuaciones de su carrera. Al final, en el clímax de la película, entendemos por qué Eugenio está desencajado al principio de la historia; el círculo se cierra, la estructura queda redonda, Juan Carlos Lozano le pasa la estafeta a Norman Bates con toda la dignidad de un personaje profundamente enfermo.

El espectador termina por sentir compasión por el asesino, por ser víctima de una madre manipuladora y chantajista que, como espectro, desata a la bestia que su hijo llevaba dentro.

 

“El hombre sin rostro” (México, 1950), dirigida por Juan Bustillo Oro, con Arturo de Córdova y Miguel Ángel Ferriz.