Espacio 1900

El próximo año el Teatro Espacio 1900 cumplirá 45 años de labor ininterrumpida, primero como Instituto del Teatro y luego como lugar de representación.
Vicio irrenunciable, pasión de una vida.
Vicio irrenunciable, pasión de una vida. (Especial)

México

Durante la época colonial y todo el siglo XIX, las ciudades de Veracruz, Puebla y México constituyeron el corredor obvio para las compañías teatrales españolas y, posteriormente, italianas y francesas. Por la Angelópolis pasaban todas las novedades teatrales, y el Teatro Principal se convirtió en una de las sedes más importantes. El próximo año el Teatro Espacio 1900 cumplirá 45 años de labor ininterrumpida, primero como Instituto del Teatro y luego como lugar de representación. La escuela ha sido el semillero donde se han formado buena parte de los teatristas poblanos antes de que se instituyera la licenciatura en la BUAP y, mucho después, en la UDLA. Durante décadas representó la única opción formativa de entidades vecinas y contaba con maestros locales, así como con algunos venidos de la Escuela Andrés Soler de la ANDA.

Charlar con Manuel Reigadas, el dueño y promotor de Espacio 1900, es una lección de vida. A sus poco más de 80 años que confiesa muy elusivamente, cuenta con más de 70 haciendo teatro. Comenzó desde los siete a realizar funciones en la cochera familiar y desde los 14 comenzó a dirigir de manera semiprofesional en teatros establecidos. Posteriormente se trasladaría a la capital a estudiar con maestros como Jeberth Darien y Xavier Rojas. Sus condiscípulos queridos han sido Miguel Córcega, Luis Gimeno y José Solé, entre otros.

La salud y vitalidad de este hombre de teatro resultan envidiables, tanto como su generosidad. Reigadas no solo ha sido formador sino que propicia, a partir de los cinco espacios escénicos que habitan la vieja y extraordinaria casona de la calle 2 Oriente, número 412, la producción de directores y actores locales, a quienes no cobra renta por presentarse. En todo caso, pide un 20 o 30 por ciento de porcentaje de lo que produzca la taquilla. Y tal recurso, evidentemente, no cubre el mantenimiento y los gastos de energía eléctrica y otros que requiere una casa tan antigua.

Los teatros Arlequín, Renacimiento, Interiores y Benito Lavalle suelen dar funciones simultáneamente. Una cafetería y la renta de dos locales que ocupan un bar y una pulquería contribuyen a cubrir los costos de este vicio irrenunciable, que Manuel Reigadas ha asumido como la pasión de su vida. Inventariado en el patrimonio artístico de Puebla, Manuel suele llevar algunos de los clásicos que le enamoran a otros teatros que le dejan una mayor derrama. Posee vestuarios y escenografías de más de 50 obras, arsenal que presta a sus alumnos y colegas sin pedir nada a cambio. Hombre de teatro generoso, gestor incansable. Un ejemplo de autogestión cultural.