Esculpe en madera tenis de colección

Comenzó como un pasatiempo, pero impulsado por la necesidad de conseguir dinero para ir al cine le encontró el gusto al mundo de los "sneakers".
Estar aquí, dice, le permite tener los tenis en la tierra.
Estar aquí, dice, le permite tener los tenis en la tierra. (Especial)

México

Todo el tiempo hay ruido. Si no es un esmeril es un martillo; si no, es la compresora. Y si no es esmeril, martillo o compresora, es uno de sus tíos gritando que se quiten del camino porque va a mover la madera del clóset que está haciendo.

Arnold Zpadaz ha vivido así desde niño, cuando venía a la carpintería de la familia a jugar con el aserrín, a construir cochecitos con la leña sobrante y a darse de martillazos y clavarse astillas. De ese modo aprendió el oficio al que se dedica toda la familia: “Aquí no viene un maestro a enseñarte o decirte cómo se hace, aquí aprendes a chingadazos… Si no aprendes, te das en los dedos. Pero eso te foguea”, cuenta Arnold quien así, a martillazos, ha elevado la carpintería a un nivel artístico a través del tallado en madera de zapatos deportivos.

Comenzó como parte de un pasatiempo e impulsado por la necesidad de conseguir dinero para ir al cine. Porque cuando dejó de ser morrito —como el mismo lo dice— comenzó a encontrarle gusto al mundo de los sneakers, tenis que Michael Jordan puso de moda en los años noventa.

Entonces dejó de hacer carritos para hacer tenis con la misma leña que sus tíos iban desechando al hacer muebles. Estos tenis de madera, réplicas artesanales del calzado que usan los deportistas, ahora se cotizan como objetos de colección. A más de cinco años de haber comenzado a tallarlos, Zpadaz recapitula: gracias a ellos ha conocido a Spike Lee —a quien le regaló un modelo de los Air Jordan IV, unos tenis que el cineasta mostró en su película Haz lo correcto— y a TinkerHatfield, el diseñador de la mayoría de los tenis que usó Jordan en su carrera de basquetbolista. Además, Nike le pidió una escultura para exhibirla en el Air Max Day de 2005.

Pero sobre todo se ganó el respeto de su padre, Arturo Espadas, quien a su vez heredó el oficio de su papá, que vino de Mérida para poner su carpintería en la capital. “Cuando conocí a Thinker me dijo ‘amé tu trabajo’. Y está bien que gente de esa talla te diga: mis respetos para tu chamba. Pero eso no me hace más feliz que cuando mi papá me dice que mis tenis de madera están chidos”.

Recuerda que el primer modelo que hizo en madera era chiquito. “Un tenisito”, le dice con cariño. Un día que necesitaba dinero para ir al cine, Arnold pensó en ofrecerlo para ver si alguien se lo compraba. Se fue a Tepito. Puesto por puesto, vendedor por vendedor. “No carnal, gracias”, era la respuesta común. Hasta que llegó con Eddie, el dueño de Barrio Warrior una tienda especializada en sneakers de colección y productos limitados relacionados con el streetwear o moda callejera. “Después de una hora de andar mendigando, me encuentro con Eddie y me dice ¿cuánto quieres? Y me lo da. Pero me pregunta ¿te puedes aventar uno de tamaño real?”. Aunque el incipiente carpintero no sabía si podía, le dijo: “Pues si lo pagas, claro que sí lo hago”.

Pero como hacer tenis no es lo mismo que un carrito de juguete, tardó tres meses en terminarlo. “Era un Jordan 3 en cedro y el primer reto fue el tamaño, después los detalles la válvula, el estampado, las agujetas. Pero a él le gustó mucho y me preguntó ¿qué tal si hacemos más?”.

Lo convenció. “Además vamos a exponerlo en la SneakerFever”, dijo Eddie en referencia al festival de cultura sneaker más importante de México.

Zpadaz recuerda bien aquel día que se inauguró el SneakerFever. Él estaba dormido en su casa (“jetón”, dice) cuando Eddie le llamó por teléfono. “¿Qué haces en tu casa? Vente porque te están esperando para que firmes autógrafos”.

Después hizo un Jordan VIII, modelo que se hizo famoso porque fue el que usó Michael en 1993, justo antes de retirarse el baloncesto por primera vez.

Fue entonces que conoció a Spike Lee y a ThinkerHatfield, quien le firmó una de sus artesanías: el Imax 1. Ahora ya tiene una cartera de clientes que le piden tallar no nada más Nike, también Adidas, Convers, Everlast.

Lo sigue haciendo en esa carpintería donde reina una trinidad de carteles: Pedro Infante, Emillano Zapata y San Judas Tadeo.

Estar aquí, dice, le permite tener los tenis en la tierra. Recordar que de niño su papá siempre le dijo que lo primero era hacer la tarea antes de andar haciendo dibujitos de zapatos y que su mamá se enojaba cuando lo veía irse a Tepito: “Nomás vas a aprender chingaderas”, le decía.

Pero ni lo uno ni lo otro y aunque no falta quien le dice que de la familia de carpinteros él es “el artista”; él se niega. “Poses no necesito. Si me quieren llamar Pepe el Toro no me importa, yo soy quien soy y lo que tú digas no condiciona lo que hago”.