“Escribir me parece difícil, me siento torpe cuando escribo”

En compañía de Juan Villoro y David Miklos, Andrés Neuman presentó en una librería del centro de la ciudad de México, El fin de la lectura, antología de cuentos.
El fin de la lectura, de Andrés Newman.
El fin de la lectura, de Andrés Newman. (Cortesía Editorial Almadía)

México

A sus 36 años de edad, Andrés Neuman ya fue finalista del Premio Herralde y obtuvo el Premio Alfaguara por su novela El viajero del siglo, elegida entre las obras del año por la crítica en España, Inglaterra y Estados Unidos, además de haber sido seleccionado por la revista británica Granta entre los 22 mejores narradores jóvenes en español.

Buena parte del año se la pasa en diversas partes del mundo, en la promoción de sus libros o en festivales literarios, casi como una garantía donde quiera que se presente, pero "no me interesa tanto mi ombligo como estrategia de escritura, sino los personajes que son los demás".

"Para mí mismo, me parezco uno de los temas menos interesantes. Me parece que la escritura se alimenta del fenómeno que nos rodea, asimilar e interiorizar lo exterior; pensar lo que uno escribe desde afuera es fundamental, de lo contrario no puedes ejercer la autocrítica, ni revisar un texto: no puedes escribir", dijo.

A propósito de la aparición de la antología de cuentos El fin de la lectura (Almadía, 2013), Andrés Neuman está convencido de que se puede correr el riesgo de perder frescura, de perder espontaneidad, si los autores tienen demasiada visibilidad.

"Me parece peligroso ser observado demasiado como escritor, porque uno pierde la musculatura opuesta que es la de observar. Creo que para narrar es importante observar: el ejercicio fundamental de un escritor es mirar. Si uno trabaja en ser mirado demasiado puede correr el riesgo de atrofiarse el músculo más importante de su trabajo", dijo.

Por eso, cuando viaja durante un tiempo, lo que no deja de considerar un privilegio porque se convierte en la oportunidad de encontrar lectores, también procura pasar una temporada escondido en su casa, en Granada, una pequeña ciudad española que no está en el centro del poder mediático.

"Nunca he vivido en Madrid o en Barcelona, me refugio en mi barrio de Granada y después de periodos de muchos viajes, pasó otro periodo de reclusión y de mucho anonimato en el que sólo me dedico a leer y a escribir, y ahí recupero el músculo de la observación, ahí vuelvo a mirar y a no ser mirado. Entonces puedo volver a concentrarme en escribir", dijo.

El fin de la lectura se presentó la noche de este martes, en la Cafebrería el Pédulo de la Roma, en una charla que sostuvo Andrés Neuman con Juan Villoro y David Miklos.