[Escolios] El profeta del insomnio

Gabriel Liiceanu escribe una sencilla y sobria semblanza que acompaña a la última entrevista filmada, que él mismo realizó, al genio rumano.
Ciorán
(Cortesía)

Ciudad de México

Los episodios esporádicos de mal sueño que he padecido a lo largo de mi vida han sido devastadores; tal vez por eso mi reserva a internarme en la biografía del profeta del insomnio, Emil Cioran. Gabriel Liiceanu escribe una sencilla y sobria semblanza que acompaña a la última entrevista filmada, que él mismo realizó, al genio rumano. E. M. Cioran. Itinerario de una vida (Ediciones del Subsuelo, 2014) es una reunión de trozos de conversaciones, material iconográfico y algunos testimonios de sus más cercanos, que resume una vida de lúcida y ejemplar tortura. El joven Cioran nace en Rasinari, un pequeño pueblo transilvano, en el seno de una familia con larga genealogía de melancólicos. Vive una edad de oro, una infancia salvaje, feliz e ignorante que se rompe con su partida a estudiar fuera del pueblo. Su desdicha y su insomnio vienen con la letra y el conocimiento. Desde entonces cultiva una prodigiosamente aguda percepción del absurdo y el sufrimiento del mundo. El joven Cioran estudia filosofía, acude al pensamiento para documentar su perplejidad ante el conocimiento y el mundo y cultiva una filosofía fragmentaria y subjetiva, centrada no en el “yo” cartesiano que piensa, sino en el “yo” que en el insomnio diurno y nocturno observa todas sus miserias y tedios.

Cuando Cioran se titula en filosofía no lo hace para seguir una carrera académica, sino para escapar de su país. Llega a París con una beca y ejerce de golfo, no conoce siquiera a sus profesores, es expulsado y se convierte en un paria. Cultiva su misantropía y su hipocondría, se alimenta frugalmente, lee día y noche, se hace acompañar de una buena y hermosa mujer, escribe algunas de las obras más deslumbrantes y desconcertantes de la literatura francesa y muere de Alzheimer en 1995. La escritura de Cioran es una actividad limítrofe con el suicidio: por eso su necesidad de autenticidad y precisión porque solo así puede “descargar”. Pero no hay una idea de curación, la escritura es una pérdida que libera, pero también desvanece. Y acaso ese desvanecimiento de la conciencia es un atisbo de la felicidad. Mucho se ha dicho que el fin del maestro de la lucidez nocturna fue una cruel paradoja, pero quién sabe si el olvido en vida fue una visión para este filósofo que preconizó y practicó la disolución del “Yo”. Cuenta Liiceanu, tras su última visita a Cioran: “Al verme (no sé si me reconocería; al final solamente reconocía a Simone Boue o a su hermano Aurel) se concentró en cierto modo su ser, los rasgos faciales se recompusieron poco a poco y su rostro adquirió una suavidad afable. Le había llevado yo la última edición de su primer libro en rumano, En las cimas de la desesperación. Lo tomó muy atento y comenzó a pasar las hojas con extrema concentración, casi pegándose las páginas a los ojos. Pero tenía el libro cogido del revés. Al cabo de un rato, me preguntó en francés, escogiendo las palabras con enorme dificultad: ‘ Quién ha escrito esto’ ”.