[Escolios] Pensamiento retador

En su libro 'La persona culta. Anatomía de una especie en extinción', el médico y humanista español Cristóbal Pera intenta establecer un perfil de este ejemplar. 
Escolios
(Cortesía)

Ciudad de México

Decirle a alguien que es culto no siempre resulta un halago: en determinados ámbitos profesionales y académicos, una persona cuya curiosidad y aficiones rebasan las fronteras de su especialización más bien genera sospecha. Por lo demás, en una época de ambigüedad y multiplicidad de las nociones de cultura ¿a quién puede denominarse un individuo culto? ¿Al innovador de la informática o al erudito anticuario?, ¿al gastrónomo, al DJ o al filósofo?, ¿al académico consagrado o al sabelotodo mediático? En su libro La persona culta. Anatomía de una especie en extinción (Cal y arena, México, 2014, prólogo de Enrique Krauze), el médico y humanista español Cristóbal Pera intenta establecer un perfil de este ejemplar. Para el autor, la persona culta no se define por su extracción disciplinaria, sino por su actitud ante el conocimiento, que suele ser crítica, itinerante y desafiante. Cristóbal Pera revisa la cultura desde afuera y desde adentro, es decir, desde las teorías de la cultura y desde lo que sería el temperamento del hombre culto. En un rápido recorrido, Pera alude a las definiciones clásicas de cultura, desde la de Mathew Arnold que la concibe como una autorrealización hasta la identificación de cultura y religión que hace T. S. Eliot pasando por la célebre disyuntiva entre las dos culturas, humanística y científica, que planteó C. P. Snow. Analiza, igualmente, las limitaciones y potenciales de la moderna cultura de masas, que si bien puede uniformar y empobrecer, también democratiza como nunca antes las herramientas de información y conocimiento.

Para Pera el perfil del hombre culto también puede esbozarse desde adentro, pues la cultura es una intervención del cuerpo y la mente humana sobre la naturaleza, y los dominios psicomotor, afectivo y cognitivo están estrechamente vinculados. Una persona culta es alguien que se forma con y contra la cultura de su tiempo, que disecciona cualquier información, que rechaza las protecciones sociales o gremiales y que se coloca a la intemperie de los feudos del conocimiento. Así, la curiosidad para deambular por las distintas disciplinas, para averiguar aquello que no le concierne estrictamente y para buscar analogías son rasgos de esta especie en extinción. En la anatomía de Pera se juntan la imaginación y la razón, el juego y la indagación empírica y el hombre culto es aquel concupiscente del saber que explora el mundo con ánimo de totalidad y que descubre casi por casualidad. Estimulante y retador, el libro de Pera tiene un estilo llano y a ratos repetitivo; sin embargo, posee una amplitud de perspectiva y una ambición que pocos se atreven a desplegar. Por eso, su panorámica, a momentos esquemática, resulta iluminada con sorprendentes intuiciones. Al final de cuentas, uno entiende que el hombre culto es un cuerpo y un pensamiento que danza, capaz de desplazarse por diversos terrenos y capaz de abrigar esa utópica y fecunda noción de la unidad del conocimiento.