[Escolios] El arte de la reminiscencia

Glantz ha eludido construir un monumento y su memoria intenta, más que esculpir, volver a iluminar una vida con la luz del recuerdo grato y el sabor agridulce de lo ingrato.
Libro de Margo Glantz
Libro de Margo Glantz (Cortesía)

Ciudad de México

En muchos de sus libros, Margo Glantz ha practicado una escritura autobiográfica que, sin embargo, elude las convenciones de la construcción del sujeto moderno y, por supuesto, de la representación femenina. Quizá por eso la escritura fragmentaria de índole autobiográfica parecería ser el género más propicio para un recuento vital de esta autora. Ciertamente, cuando la escritura autobiográfica aspira deliberadamente a construir un personaje ejemplar y unívoco se incurre a menudo en intencionalidades y conexiones forzadas y los recuerdos, ensamblados y bronceados por el autor, pueden volverse parte de un libreto. Por eso, si la escritura autobiográfica se atiene a la naturaleza de la experiencia, tendería a ser más dispersa, a procesarse como un flujo no continuo de elementos, que configuran sujetos provisionales. Yo también me acuerdo (Sexto Piso, 2014) es un experimento nemotécnico, que implica la confidencia personal, la reconstrucción de época, la evocación del itinerario intelectual y hasta la invitación al taller de la escritora. Glantz privilegia la llamada memoria episódica que se caracteriza por evocar hechos aislados, con un gran peso del contexto y la imagen y que se opone a la llamada memoria semántica, que elabora de forma más abstracta, intencionada y secuencial los conjuntos de acontecimientos. Glantz ha eludido construir un monumento y su memoria intenta, más que esculpir, volver a iluminar una vida con la luz del recuerdo grato y el sabor agridulce de lo ingrato.

Por eso, pese a su homenaje expreso a autores como Perec, sin duda este libro se acoge a una tradición mucho más vasta de escritura autobiográfica que va de Marco Aurelio a Cyril Conolly pasando por San Agustín o Montaigne. Yo también me acuerdo tiene un amplio intervalo de retención y por sus páginas fluyen libre e indiscriminadamente la niñez, la adolescencia y la madurez. En el libro se suceden las evocaciones personales, la memoria de paisajes urbanos, los retazos de viajes por todo el mundo, desde la India a la Patagonia y Oceanía; el amplio abanico de libros y autores dilectos, las exposiciones, los conciertos, las mascotas o las filias tecnológicas. Son páginas en que los momentos estelares de la historia y la vida de la autora se confunden con estampas cotidianas y recuerdos casuales, hechos centrales y hechos periféricos, información esencial y accesoria, la moda y el holocausto, la finitud humana y el pilates. En esta técnica de recuperación dirigida, Glantz no solo reconstruye detalles de su propia experiencia vivida, sino que establece una emocionante conexión con toda la tradición civilizatoria y cultural, que le resulta emocionalmente cercana. Y es que todas las reminiscencias, las grandes y las pequeñas, están unidas por una sensación de exultación. Margo Glantz recuerda con naturalidad, afabilidad y humor; su recuerdo no es una simple narración, sino un acto de celebración y agradecimiento a la vida.