Erik Satie, un compositor excéntrico y visionario

Tuvo entre sus amigos a Man Ray, Brancusi, Duchamp y Les Six.
El autor de las célebres "Gymnopédies" nació el 17 de mayo de 1866.
El autor de las célebres "Gymnopédies" nació el 17 de mayo de 1866. (Especial)

México

En una ocasión el compositor francés Erik Satie dijo: "Mi sueño es ser tocado en todas partes, no solo en la ópera". Su aspiración se ha cumplido, y aunque no toda su producción es conocida, sus tres Gymnopédies para piano (término que significa la fiesta de los niños desnudos) forman parte del repertorio inamovible de la música de concierto y han sido escuchadas por muchas generaciones, especialmente por los jóvenes.

Considerado precursor del impresionismo y del minimalismo, Satie parece hablarnos desde el pasado de lo que sucede hoy, día en que se conmemora el 150 aniversario de su nacimiento, cuando declara en su libro Dos preludios para un perro: "En muchos lugares el silencio dulce y excelente ha sido reemplazado por la música mala".

Excéntrico es uno de los términos utilizados para definir al compositor nacido el 17 de mayo de 1866 en Honfleur, Francia, y fallecido en París el 1 de julio de 1925, cuya mayor cantidad de obras son para piano, aunque también las hay orquestales, para ballet, teatro y cine. El curador y escritor Anthony Huberman lo define como "un compositor, pianista y miembro activo (aunque arruinado) de la comunidad avant-garde del París de principios del siglo XX".

Al referirse a su personalidad Huberman escribe que era "generoso, pero terco; musical, pero también visual; prolífico, pero también reservado. Siempre rechazó cualquier sistema de autoridad con astucia e ingenio".

Alfred Eric Leslie Satie ­—su nombre completo— escandalizó a muchos cuando ingresó al Conservatorio de París a los 40 años, luego de que se ganaba la vida tocando música de cabaret. Robert P. Morgan dice en La música del siglo XX (Ediciones Akal, 1994) que el compositor que sería expulsado del conservatorio "fue una de las figuras claves de la edad moderna, un excéntrico visionario, cuya concepción de la música se basó en una forma de arte simple, menos pretenciosa, más popular y 'democrática'..."

Para Huberman, Satie fue un maestro en la creación de "pequeños actos de fragmentación musical", para luego recordar su consejo a otros compositores: "Sé breve". Así lo entendió Jean Cocteau, con quien colaboró en algunas obras, cuando aseguró que "el trabajo más pequeño de Satie es pequeño como pequeño es el ojo de una cerradura. Todo cambia cuando pones el ojo".

Considerado precursor del teatro del absurdo, Satie aseguraba que su dieta era exclusivamente de productos blancos —como huevo, sal, ternera, pollo, arroz, quesos blancos, etcétera—. En sus propias palabras: "Respiro con mucho cuidado y raramente bailo (...) Mi expresión es muy seria; cuando me río es sin intención y siempre me disculpo con mucha cortesía. Duermo con un ojo cerrado, muy profundamente".

El compositor John Cage declaró sobre este músico que tenía la mente en el futuro que "la relevancia de Satie no puede ponerse en duda, es indispensable". En un artículo para de The Guardian, Meurig Bowen destaca su viva imaginación, que lo convierte en un "abanderado del avant garde en sus últimos años. No es coincidencia que algunos de sus amigos más cercanos fueran artistas radicales como Man Ray, Brancusi y Duchamp, y compositores mucho más jóvenes establecidos en París, como Les Six".

Erik Satie fue más allá que sus amigos impresionistas, asegura Bowen. "Fue el primer compositor (conocido) en alterar el sonido del piano al 'prepararlo', desde 1914. Piezas como 'Vexations' y 'Avant-dernières pensées' son 'minimalistas' muchas décadas antes que Riley, Glass o Reich. Satie imaginó la primera música de fondo (a la que llamó música mueble) y su música para la película surrealista Entr'Acte de René Clair, en 1925, fue notable por haber sido diseñada a la medida con las imágenes".