Enfermeras toman taller para “abrir el corazón”

La compañía Stuart Pimsler Dance & Theater impartió un curso en el Hospital Infantil para que el personal de salud aprendiera a manejar sus sentimientos.
Las participantes hicieron dinámicas en las que tuvieron que arrastrarse, brincar, bailar, reír y llorar.
Las participantes hicieron dinámicas en las que tuvieron que arrastrarse, brincar, bailar, reír y llorar. (Especial)

México

Sentado en una silla de niño, Stuart Pimsler espera a las alumnas del taller “Teatro para abrir el corazón y la mente”, un grupo de enfermeras del Hospital Infantil Federico Gómez.

Sus calcetas rojas contrastan con las canas y lentes de aumento, pero definen la personalidad cálida y juguetona del director de su propia compañía de danza y teatro en Mineápolis, Minnesota.

“Soy Stuart”, dice con acento agringado a Beatriz, la primera enfermera que llega. Ella está incómoda, responde el saludo y después confiesa: “Me ordenaron venir a un curso de baile, pero debería de estar medicando a mis pacientes. Por este retraso saldré una hora más tarde”. Cuando llegan sus compañeras la opinión es similar: que el taller será una pérdida de tiempo.

Stuart las escucha y les pide recordar una experiencia importante que hayan tenido con algún paciente. Ellas lo miran sorprendidas, ¿no que iban a bailar?

En el ambiente hay risas nerviosas, timidez. La primera enfermera que se anima invita al resto: “¡No se callen, muchachas, que tenemos muchos secretos guardados!”. Después cada una de ellas accede; en sus pausas se nota la dificultad para abrir el corazón.

—Mi paciente se llamaba Ernesto, tenía año y medio de edad. Fue producto de una violación, estaba enfermito, pero me enseñó su fuerza para agarrarse a la vida…

Stuart les pregunta directamente con quién platican estas historias: “¿Hablan entre ustedes?”. Una jefa de enfermeras responde que no tienen tiempo para hacerlo, por eso solo platican con sus familiares.

“Hace como 15 años nos enviaron a terapia psicológica para hablar de nuestros sentimientos, ¡pero somos enfermeras, no pacientes!”, argumenta con firmeza.

Desconcertado por las respuestas, pide a sus alumnas levantarse de sus sillas mientras los bailarines de la compañía Stuart Pimsler Dance & Theater las invitan a bailar. Pese a que ellos no hablan español, en segundos surge la diversión entre este grupo de extraños.

“¡Así es como ustedes deben tocar a sus pacientes, a sus compañeras y a ustedes mismas! ¡Y eso se los vamos a enseñar aquí!”, explica Stuart.

TRABAJO DIFÍCIL

Desde 2011 Claudia Herrera lleva a su hija Karen al Hospital Infantil, donde recibe tratamiento médico por síndrome nefrótico y linfoma de Hodgkin. Karen tiene seis años y sus citas por semana son tres, cada una de cinco horas en promedio.

Claudia ha tratado con muchas enfermeras a quienes, en general, describe como “muy apartadas, solo van y hacen su trabajo, no se quieren involucrar mucho con los niños, hacen su labor con monotonía”. Desde su perspectiva esto sucede, porque las enfermeras no quieren sentir las emociones de sus pequeños pacientes.

“Aunque no todas son así —acota— hay algunas como Lupita, la jefa de Quimioterapia, que interactúa mucho con los niños y es receptiva al humor con que amanecen”.

Para destrabar este tipo de sentimientos, Stuart aplica con sus alumnas un ejercicio muy sencillo. Les pide expresar con el cuerpo las fortalezas de sus pacientes. Pese al reto, cada enfermera del Hospital Infantil asume diferentes posturas mientras hablan de sus pacientes más queridos.

“Lucerito está llena de luz, es valiente y sus rasgos indígenas son para quererla”, dice Amanda. Elena recuerda a Eduardo así: inquieto, cooperador, valiente. Pero Juan Pablo fue descrito por la enfermera Sofía como “alegre y tolerante el dolor”. Entradas en confianza (y por momentos hasta en llanto) todas coinciden en que la vida de estos niños, fue para ellas, una causa de alegría.

Suzanne concluye: “Nuestro cuerpo guarda estas emociones y tenemos que aprender a expresarlas, por el bien de nosotros y de nuestros pacientes”.

UN SEMESTRE DESPUÉS

Han pasado seis meses de este taller y la relación entre este grupo de enfermeras ha mejorado. Teresa Torres, coordinadora de la Biblioteca Infantil del hospital y quien también fue alumna de Stuart Pimsler, narra que la actitud entre ellas es más positiva.

“Platicamos sobre el padecimiento que tienen los niños y cómo podemos ayudarlos para mejorar, pues tenemos que canalizar su energía y la de sus papás; yo me doy el tiempo para respirar y equilibrarme”, dice.

Pimsler describe su experiencia en el Hospital Infantil: “Las enfermeras fueron increíblemente entusiastas con el acercamiento de las artes a la curación. Discutieron cándidamente los retos y sucesos que experimentan en su trabajo y recibieron con agrado las nuevas ideas y estrategias que les presentamos en su beneficio y el de sus pacientes”.

COMPAÑÍA PECULIAR

Desde hace 30 años Stuart Pimsler y su compañía de danza imparten ese taller enfocado al personal de salud, con la intención de ayudarlos a manejar el estrés laboral, enseñarles a expresar sus pérdidas, así como la necesidad de mantener conexión con sus pacientes.

Desde 1992 ha impartido el curso en hospitales de Estados Unidos, Canadá, Rusia, Taiwán y Bermuda. Llegaron a México gracias al trabajo coordinado que realizó la embajada de Estados Unidos, el Centro Nacional de las Artes y la organización Eje-7, la Vialidad del Arte.

Comenzaron con el Hospital Infantil Federico Gómez, siguieron en Xoco y en abril de 2014 regresarán para trabajar con médicos y enfermeras de la UNAM.

Suzanne Costello, codirectora de la compañía, tiene casi 60 años y es responsable de haber logrado que por cuatro días consecutivos las enfermeras del Hospital Infantil disfrutaran del trabajo grupal; de arrastrarse por el piso además de brincar, bailar, reír, llorar y relajarse, soltando su resistencia, desconfianza y control a un taller poco común.

La enseñanza de Suzanne es simple: “Si aprendes a confiar en el otro, tus pacientes podrán confiar en ti, porque ya no serás una extraña y eso se verá reflejado en su salud”.

Claves

Festejan su día

-El 6 de enero se celebra en México el Día de la Enfermera, porque José Castro Villagrana, ex director del Hospital Juárez de México, lo instituyó en 1931.

-Villagrana eligió esa fecha al calificar la presencia de las enfermeras como un “regalo de reyes” para los pacientes.

-Por decreto, ese día el Presidente de México otorga cuatro reconocimientos para resaltar las aportaciones científicas y humanísticas de la enfermería.

-El Día Internacional de la Enfermera es hasta el 12 de mayo, porque es el nacimiento de Florencia Nightingale, famosa inglesa que atendió a soldados en el siglo IX.