Encrucijada letal

Un intelectual desilusionado de la vida encuentra, a través del azar, una oportunidad de evitar una injusticia, aunque implica ejecutar una sinrazón.
Woody Allen maneja bien la casualidad.
Woody Allen maneja bien la casualidad. (Especial)

México

La premisa de Un hombre irracional está apoyada por acontecimientos verosímiles urdidos dentro de una estructura que crea tensión y suspenso; podemos simplificarla así: un intelectual desilusionado de la vida encuentra, a través del azar, una oportunidad de evitar una injusticia, aunque implica ejecutar una sinrazón. Eso le da sentido a su existencia.

Abe y Jill, los personajes principales, se hacen complejos porque están en constante movimiento. Abe roza los 50 años, especialista en filosofía aunque carga un marcado nihilismo que lo tortura, mientras Jill —la chica más guapa del colegio— lo admira como maestro y ensayista, y se siente halagada cuando Abe le dice que su ensayo es el mejor porque desarrolla ideas propias.

Allen deja en claro desde el principio que la relación entre los personajes está sustentada por su manera diferente de pensar; sin embargo, establecen una relación de amistad que lleva a Jill al enamoramiento y a Abe al rechazo porque sabe que no puede amar a nadie, pues no tiene razones para vivir.

Siempre he pensado que uno de los elementos dramáticos más difíciles de trabajar en una película realista son los sucesos fortuitos, pues se corre el peligro que se sienta la mano del autor; por eso el azar debe ser manejado con cautela e  inteligencia para que la narración avance bien.

Lo fortuito es un leitmotiv en La provocación (2005), y Allen sale bien parado de semejante peripecia; aquí vuelve a repetirlo al recurrir a una situación de lo más cotidiana y natural, aunque a la hora de urdirla se nota que debió reflexionar como si se tratara de una fórmula matemática.

Los personajes tridimensionales son más emotivos cuando percibimos que están en movimiento dramático continuo, es decir, verlos que cambian de parecer, de  forma de actuar, que pasan de la indiferencia al amor, de la pasión al odio, de la lástima a la ironía hasta encontrarse en una encrucijada en la que permea la tragedia.

De repente, por una casualidad —elemento que Allen maneja bien en varias de sus películas independientemente del género— aparece una razón de ser, algo que va a acercarlo a la felicidad, a celebrar el amor y su posición académica aunque los personajes empiezan a llevar trayectorias opuestas: cuando Jill descubre lo que hizo su amante y maestro, inmediatamente toma una decisión, pues tiene su particular manera de pensar y coloca a Abe en una encrucijada letal que lo obliga a actuar de una forma que nos electriza los rincones más inexplicables del alma.

 

“Un hombre irracional” (Estados Unidos, 2015), dirigida por Woody Allen, con Joaquín Phoenix y Emma Stone.