Carballo: el crítico que no envidió a sus contemporáneos

El escritor mexicano Antonio Guadarrama Collado habla sobre Emmanuel Carballo (1929-2014), la mente brillante que se codeó con Vasconcelos y Reyes.
Presentación en la FIL de Guadalajara 2013 de ‘Párrafos para un libro que no publicaré nunca’, de Emmanuel Carballo.
Presentación en la FIL de Guadalajara 2013 de ‘Párrafos para un libro que no publicaré nunca’, de Emmanuel Carballo. (Antonio Guadarrama Collado )

México

La primera vez que supe quién era don Emmanuel Carballo fue a través una entrevista que le hicieron en televisión. Yo aún no publicaba mi primer libro y estaba escribiendo los bosquejos de la primera novela que escribí.

El hombre al que estaban entrevistando tendría, quizá unos setenta años. Recuerdo muy bien la forma en que movía sus manos al hablar. Me impresionó mucho lo que dijo sobre la literatura mexicana, pues no era el típico halago desmesurado ni el desdeño abreviado en dos o tres frases sin sentido. Para la edad que tenía, era de tomarse muy en serio lo que decía. Así que en cuanto pude compré uno de sus libros y lo leí. Luego compré otro y otro. Me encantó su prosa, su estilo, su crítica, sus entrevistas.

No se trataba de un crítico literario reprimido o celoso del éxito de sus contemporáneos. Era una mente brillante que se había codeado con José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán, Alfonso Reyes, Julio Torri, Carlos Pelliecer, Jaime Torres Bodet, Salvador Novo, Agustín Yañez, Octavio Paz, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Rosario Castellanos, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, entre muchísimos más. Fue el crítico literario más grande que ha tenido este país y quizá América Latina. Se atrevió a decir lo que otros callaban y por ello se ganó muchos enemigos. Trabajó su vida entera por y para la literatura. Invirtió su dinero —lo cual lo dejó al borde de la banca rota— en revistas y editoriales.

El año pasado me enteré que iba a presentar su más reciente libro, Párrafos para un libro que no publicaré nunca, en la FIL de Guadalajara. Imaginé que por su calibre, la sala estaría a reventar, y que, por supuesto, habría decenas de reporteros y escritores viejos y jóvenes haciendo fila.

Me llevé una gran sorpresa al ver que la presentación era en una de las salas más pequeñas y arrinconadas de la FIL, que no había más que tres o cuatro reporteros y, lo peor de todo, que no había escritores para celebrar su larga e impresionante trayectoria, sino una veintena de adolescentes, escribiendo en cuadernos escolares, que no tenían la más remota idea de quién era el anciano que presentaba su libro, porque ellos estaban ahí era para obtener una calificación, nada más.

Me dolió mucho ver el abandono en el que sus colegas y aprendices tenían al maestro Emmanuel Carballo. Es comprensible que en el DF no puedan asistir a una presentación pues es difícil moverse en una ciudad tan grande, pero en la FIL no, y lo han demostrado en muchas ocasiones, especialmente cuando se trata de un Premio Nobel o algún premio importante. Para tomarse la foto siempre hay tiempo y forma de llegar. La prueba está en toda esa gente que se desvivió por conocer a Gabriel García Márquez, incluyendo a varios presidentes. La diferencia con don Emmanuel Carballo es que él jamás tuvo miedo a decir lo que pensaba, lo cual tuvo un costo extremadamente alto.

No me queda más por decir que la literatura mexicana y latinoamericana le debe mucho a don Emmanuel Carballo. Y desde aquí le mando mi más sentido pésame a su familia.

Gracias.