Emerson String Quartet, música contra una sociedad entrometida

Todavía es vital que se sigan documentando las interpretaciones de la gran música clásica, asegura el violinista Philip Setzer.
Los días 5 y 6 de febrero la agrupación tocará dos programas distintos en el Palacio de Bellas Artes, con obras  de Mendelssohn, Britten, Beethoven, Mozart, Bartók y Schubert.
Los días 5 y 6 de febrero la agrupación tocará dos programas distintos en el Palacio de Bellas Artes, con obras de Mendelssohn, Britten, Beethoven, Mozart, Bartók y Schubert. (Cortesía Emerson String Quartet)

México

Para el violinista Philip Setzer, la longevidad del Emerson String Quartet, grupo de cámara fundado en Nueva York en 1976, responde a tres factores: “Consistencia en nuestras presentaciones, una programación interesante y nuestro amor por la música que tenemos tanta fortuna de tocar”.

Esto podrá corroborarse con sus conciertos en el Palacio de Bellas Artes, los días 5 y 6 de febrero. La agrupación conformada por los violinistas Eugene Druker y Philip Setzer, el violista Lawrence Dutton y el violonchelista Paul Watkins interpretará obras de Mendelssohn, Britten y Beethoven, el primer día, y de Mozart, Bartók y Schubert, al siguiente.

Con una treintena de discos en su cuenta, en los que abordan lo mismo las grandes obras clásicas que el repertorio contemporáneo, el grupo pregona la permanencia del cuarteto de cuerdas, formato que se remonta a mediados del siglo XVIII. Sobre todo, dice Setzer, “para preservar la música. Parte de la más grande música que se haya escrito fue hecha para cuarteto de cuerdas. Por ejemplo, los últimos trabajos de Beethoven fueron cuartetos”.

El filósofo Waldo Emerson, nombre que el cuarteto tomó para acuñar su nombre, escribió que “la música nos saca de lo que sucede alrededor y nos murmura secretos tenues que nos sorprenden y nos hacen preguntarnos quiénes somos, para qué, cuándo, hacia dónde”. Al confrontar esta idea con nuestros días, el violinista responde que “la gente está forzada a enfrentarse con una sociedad muy entrometida, en términos de comunicación constante (internet) y del ruido del mundo moderno. La música ofrece a la gente una forma de experimentar algo que en ocasiones es tranquilo, algunas veces emocionante, pero ciertamente la experiencia puede ser privada e introspectiva”.

En estos días de cultura digital, cada vez resulta más difícil realizar una grabación de música clásica, pues el arte ha sufrido una severa devaluación en el terreno discográfico. A pesar de ello, el violinista sostiene que “todavía es vital que nosotros, y otros músicos, sigamos documentando nuestras interpretaciones de la gran música clásica. Siempre encontramos la forma de hacerlo”.

De acuerdo con el violinista, el programa del 5 de febrero “se mueve desde la oscuridad del último trabajo completo de Felix Mendelssohn, su Cuarteto en fa menor, op. 80, escrito después de la súbita muerte de su hermana. Es seguido por el último trabajo de Benjamin Britten, su Cuarteto número 3, que claramente es acerca de su propia e inminente muerte. Después del intermedio el Cuarteto de cuerda en do mayor, Op. 59,número 3 de Beethoven, una de sus más creaciones más emocionantes y más llenas de vida”.

El segundo programa, concluye Setzer, inicia con “el hermoso y relativamente feliz Cuarteto de cuerda número 16 en mi bemol mayor, K. 428. Hay sombras de tristeza en el movimiento lento y el trío del minueto, pero la pieza está llena de dulzura y diversión y termina con un chiste magnífico. El Cuarteto de cuerda número 6 de Bartók, escrito en 1939, comienza con un solo de viola marcado mesto (triste). La tristeza crece, puesto que el mundo estaba siendo envuelto por la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. Después tocamos el gran Cuarteto núm. 14 en re menor, La muerte y la doncella de Franz Schubert, pieza que se centra toda en la figura de la muerte. El último movimiento es una tarantela, una danza que, por definición, termina cuando el bailarín se extingue de emoción y frenesí”.

VIOLINISTAS, ABIERTOS AL INTERCAMBIO

-En la película El último cuarteto, estelarizada por Christopher Walken, el segundo violinista, luego de muchos años en un grupo de cámara, quiere ser primer violinista, pero quien ocupa esta posición le asegura que no puede, porque siempre ha sido segundo, para eso está entrenado y es el mejor. Esta situación —y escenas de acostones que no vamos a relatar—, casi desembocan en una tragedia que amenaza terminar con el cuarteto.

En la vida real, desde estudiantes Eugene Druker y Philip Setzer han ocupado, alternadamente, la posición de primer y segundo violines. Para ellos, explica Setzer, “es algo completamente natural y hemos influido en muchos otros cuartetos para hacerlo. La película es una ficción, y realmente no se relaciona con ninguna realidad de un cuarteto que yo conozca. ¡Estoy seguro que es lo mismo que pasa con doctores y abogados que ven películas sobre lo que hacen para ganarse la vida! Es cierto que no cualquier cuarteto puede funcionar con el cambio de violines. Algunas veces puede suceder que uno está más calificado para tocar primero o segundo violines —en términos de sonido o de temperamento—, pero Gene y yo siempre hemos disfrutado tocar ambas partes. Nuestros padres, ambos, tocaban el segundo violín en cuartetos, junto a sus trabajos en las orquestas de Cleveland (mi padre) y la Orquesta de Ópera del Met (el de Gene), así que siempre hemos tenido un lugar especial en el corazón por el violín segundo”.