Elizondo, un romántico: Paulina Lavista

La artista presenta una selección de textos íntimos de quien fue su esposo durante 35 años; en ellos se puede observar diversas facetas del literato.
“Él nunca me acompañaba al doctor, pero no podía ir sin mí; era muy dependiente: fui su novia, esposa, amante, secretaria”.
“Él nunca me acompañaba al doctor, pero no podía ir sin mí; era muy dependiente: fui su novia, esposa, amante, secretaria”. (Octavio Hoyos)

México

Lo cuenta Paulina Lavista y aparece en los diarios que Salvador Elizondo escribió durante casi seis décadas: tenía muchas facetas en su vida, pero siempre se dejaba ver su lado romántico, "un adorador de las mujeres y de la belleza, aunque ya conmigo era más difícil comentar esto", recuerda la fotógrafa.

"De repente se enamoraba de una mujer y sufría; luego daba la vuelta y se enamoraba de otra. Hay cosas muy curiosas en sus diarios, como cuando se enamora de una actriz mexicana: va a Italia y en la Plaza de España baja una mujer con un vestido de flores de la cual se va a enamorar profundamente. Eso pasa en octubre, pero cada año recuerda esa mujer que baja por las escaleras... pero luego da la vuelta y se enamora de otra".

Pasajes de Salvador Elizondo que aparecen en el volumen Diarios 1945-1985 (FCE, 2015) cuyo prólogo, selección y notas estuvieron a cargo de Lavista, su esposa por más de 35 años, en donde se incluye una selección de esos cuadernos personales, desde que el escritor comenzó a llevarlos a mitad de los años cuarenta hasta este primer corte de caja. "Los diarios fueron muy importantes para él porque ahí comentaba, explicaba lo que sentía o se le ocurría... eran como una extensión. Mi primera idea fue narrar, a través de sus diarios, su camino por todas las vocaciones que tuvo: fue torero, físico nuclear, después quiso ser pintor, cineasta, pero siempre triunfaba como escritor. Sus películas no funcionaban, sus ensayos sobre cine tampoco, reprobaba las materias, pero siempre se refleja al gran lector que fue".

Tras la muerte de Elizondo el 29 de marzo de 2006, Lavista recuperó 83 cuadernos, cinco noctuarios —diarios de noche—, cuatro o cinco cuadernos de tarde, y 17 libretas de escritura, sin contar los cuadernos de dibujos y pinturas, guiones y centenares de cartas que dejó: alrededor de 30 mil cuartillas en los que se reflejan diferentes aspectos del autor de Farabeuf: "Hay momentos muy tiernos, donde aparece su alma, pero lo que más me asombró fue su precisión en la escritura: no hay correcciones, pensaba la idea y luego la escribía".

Hallazgos

Los diarios fueron publicados mensualmente en Letras Libres, pero al conjuntar los escritos en forma de libro —con el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes— se refleja el tránsito de quien quería ser escritor hasta que nace su hijo, pero los recuerdos escritos van más allá, en especial los descubrimientos que realizó Lavista en su lectura.

"Es un cuaderno de ocurrencias, de sus experiencias y sus vivencias, de sus angustias, de sus éxitos, de sus dudas y una narración cotidiana de su vida, hasta del dentista: una vez le sacaron una muela y me habló el médico: 'Venga usted, porque se desmayó su marido'. Se ponía muy nervioso. Él nunca me acompañaba al doctor, pero no podía ir sin mí; era muy dependiente: fui su novia, esposa, amante, secretaria", asegura la fotógrafa.

Los hallazgos no son solo literarios: hay un cuento llamado "La punta de Bellagio", escrito en inglés, completamente pornográfico, que incluye dibujos.

"Pero también se nota que él siempre lamentó no ser poeta. Hay muchos poemas, pero fundamentalmente era narrador. Era un hombre muy seguro en la escritura, pero era muy tímido en lo personal: a veces no se atrevía ni siquiera a llevar los libros a las editoriales, como cuando se acabó la editorial Vuelta y yo me encargué de llevar los libros al FCE. A veces no creía en sí mismo", comenta Lavista.

La fotógrafa no sabe cuándo podría publicarse lo que falta de los diarios, pero lo que ya viene en Diarios 1945-1985 es el acercamiento a la génesis de muchos textos de Elizondo, algunos que ya no concretó, pero que están ahí como una semilla, "y que pienso publicar en forma de historias rotas, como el libro de Valery".


Vocación de fotógrafo

Una de las vocaciones de Salvador Elizondo que se reflejó casi al final de sus días fue el de las fotografías: hay una sección llamada 'Diarios de muerte', los últimos que escribió y que Paulina Lavista quiere publicar aparte, donde hace un recorrido fotográfico por sus últimos años de vida.

"Está muy enfermo y toma muchas fotos que narra en su diario: son fotos de un moribundo que ama la vida, y entonces se aparece un pájaro en el jardín, por ejemplo. Son imágenes muy tiernas, que pega en su diario como parte de la narración de su enfermedad. Incluso se retrata a sí mismo mutilado. Escribe hasta tres días antes de morir".

Elizondo quería que sus diarios se publicaran hasta 20 años después de su muerte, en especial porque en sus escritos podía tocar los sentimientos de algunas mujeres; hay partes en las que plasma "las relaciones picarescas que tenía con algunas mujeres, con quienes le encantaba coquetear, era inevitable. Yo aguantaba porque nunca faltaba, nunca llegó tarde a la casa, era muy fiel", recuerda Lavista.