El fragmento como método

Escolios.
Escolios
(Especial)

Ciudad de México

Muchos escritores consideran sus apuntes y fragmentos como un preludio del verdadero acto creativo; sin embargo, el fragmento puede convertirse en el núcleo mismo de una obra. Elías Canetti (1905-1994) hizo del fragmento el método de investigación e introspección por excelencia. Y es que acaso mucho de su inmensa ambición intelectual, de la extrema originalidad de sus puntos de vista o hasta de las sordas pasiones y miedos que marcaron su vida no podía expresarse de una manera convencional y se encauzó en la vía heterodoxa de la escritura fragmentaria. Es sabido que Canetti comenzó a cultivar la escritura fragmentaria como un relajamiento en las cansadas décadas en que escribió su inclasificable Masa y poder, y que siguió acumulando apuntes hasta el final de sus días. “Era necesario una válvula de escape, y a principios de 1942 la encontré en estas notas. Su libertad y espontaneidad, la convicción de que existían solo para sí mismas, de que no servían a ningún fin, la irresponsabilidad con la que jamás volví a leerlas ni cambié nada de ellas me salvaron de un anquilosamiento que hubiera podido ser fatal”. Esta escritura marginal se volvió central y, para muchos de sus lectores, la obra maestra de Canetti no es Masa y poder, sino su propia vida, lúcida y descarnadamente expuesta en sus memorias o decantada en sus múltiples libros de escritura fragmentaria como El suplicio de las moscas o La provincia del hombre. Cierto, en manos de Canetti esta escritura adquiere plasticidad: utiliza los recursos narrativos para expandir la onda del pensamiento, acude a la parábola para romper los límites de la lógica lineal, aprovecha el absurdo como una forma de iluminación. “Es esperanzador que la tierra entera se llame como cada trozo de ella”.

Sus apuntes contienen afirmaciones panorámicas con inmensos desplazamientos cronológicos y disciplinarios, bosquejos de obras interminables o miniaturas caprichosas. La aparente ausencia de orden e intencionalidad favorece la profundidad, pues el autor indaga con la punción. “¡Oh, un estetoscopio, un estetoscopio fino para identificar a los generales en el seno materno!”. Los apuntes de Canetti constituyen el despliegue de una vida hecha en las palabras, en la que el giro literario es indisoluble de la intuición epistemológica o del vislumbre metafísico. “La fe en Dios tiene algo en sí que pesa mucho: uno cree en la existencia de un ser al que no se puede matar, ni siquiera empleando toda nuestra maldad”, Aunque, a diferencia de sus memorias, en sus apuntes apenas hay nombres propios, Canetti esgrime su misantropía y expresa cruelmente su condena a la banalidad, la codicia, la cobardía y la violencia de lo humano. Sobra decir que el fin de la escritura fragmentaria de Canetti no es deleitar, sino contagiar su repugnancia a la gran mayoría de sus congéneres y propagar su formidable rebelión, su odio a la muerte. “¿Qué horcas, qué carne, y quién es que nos asa?”.

agonzale79@yahoo.com.mx