La crítica: espacios y metáforas

La crítica y la teoría de la arquitectura se sirve muy frecuentemente de las metáforas que derivan de las formas arquitectónicas y las experiencias del espacio.
Es necesario distinguir la realidad.
Es necesario distinguir la realidad. (Especial)

México

La crítica y la teoría de la arquitectura se sirve muy frecuentemente de las metáforas que derivan de las formas arquitectónicas y las experiencias del espacio. Muchos de los críticos y teóricos no están conscientes de la brecha que existe entre las descripciones escritas de los objetos arquitectónicos y la arquitectura tal como se experimenta en tiempo real. Las descripciones son subjetivas y contienen una buena dosis de ficción, y por ello todo lector debe tomarlas con las reservas necesarias para mantener independencia del autor para hacer sus propias interpretaciones.

El objeto directo de la escritura es el espacio arquitectónico, pero el predominio del material visual disponible para la investigación y la falta de tiempo o de interés de los críticos por visitar físicamente las obras, resulta en el tratamiento de los edificios como objetos aislados de su contexto. Los límites entre el interior y exterior, entre la arquitectura y la ciudad son borrosos en

la experiencia personal del espacio, en cambio las fotografías y modelos tridimensionales, tienen la tendencia a anular la influencia de los estímulos sensoriales ajenos al objeto de estudio.

La forma de pensamiento derivada de la Ilustración, prefiere identificar de modo unívoco a las obras con sus autores y tiende a considerar, como lo hacía Descartes, que los edificios más atractivos son aquellos realizados por un solo arquitecto, en lugar de las adaptaciones de edificios realizados en distintas etapas temporales. Por su parte, lo que consideramos el contexto de la obra nunca es de un solo autor y se escapa a la planificación y al determinismo cartesiano. Con el pensamiento unívoco se consigue eludir todo lo aleatorio: cuando el individuo es el único responsable de la obra, triunfa su racionalidad.

Considerar para las discusiones críticas a los objetos como metáforas puede resultar de gran riqueza académica, pero pierde gran parte de su utilidad cuando la discusión va encaminada a mejorar la práctica de la arquitectura en el campo de la realidad. No quiero implicar que las discusiones filosóficas en torno al espacio arquitectónico no sean útiles, son los lectores quienes tienen que ser capaces de distinguir las metáforas respecto a la realidad.

“La arquitectura como metáfora ha dominado incluso a la arquitectura real”, escribe el filósofo japonés Kojin Karatani, en su libro Arquitectura como metáfora. Su argumento es que la metáfora de la arquitectura como unidad racional independiente de su contexto es tan estable y poderosa, que puede confundir con facilidad al lector de que se trata no solo  de una herramienta epistemológica sino de la arquitectura misma.