El arte de rescatar el aporte de las mujeres en la música

La pianista Leticia Torres Armijo afirma que está dispuesta a no dejar que el silencio borre los acordes, las partituras y las propuestas musicales de su género, rescatando sus obras.
Recuerda que cuando era estudiante siempre “éramos como las menores de edad, las impreparadas”.
Recuerda que cuando era estudiante siempre “éramos como las menores de edad, las impreparadas”. (César Martínez López/Cimacnoticias)

México

Con poco más de tres décadas de militancia feminista, Leticia Torres Armijo se ha dedicado a sacar del oscurantismo a las mujeres en la música, ha ido poniendo nombres y rescatado sus obras. Sembrar el camino del derecho a estar en la música, a ser parte de esta historia de la cual poco se sabe de las creadoras musicales.

Es desde ahí, desde la música, que ella construye los espacios para las mujeres, para que se apropien de los escenarios, tanto intérpretes y compositoras. Sigue las huellas de otras colegas que tampoco permiten que el olvido se lleve el aporte de las mujeres a la música.

—Lucía Lagunes Huerta (LLH): ¿Cómo nace Mujeres en la Música? ¿Por qué nace?

—Leticia Armijo Torres (LAT): Soy militante del movimiento feminista desde hace muchos años y recuerdo que en alguno de esos encuentros tuve contacto con una mujer que se llamaba Safueda, de Holanda, y me comentó “pues es que tú como música debes de iniciar un movimiento de mujeres en la música”, que también existe en el ámbito europeo.

Durante mi carrera éramos nueve alumnas de composición y cinco varones, cuando se hacían conciertos a quien invitaban al Palacio de Bellas Artes, a la sala Manuel M. Ponce para los conciertos de estudiantes, era a los hombres.

Yo decía, cuáles son las razones por las que las mujeres estamos ausentes del discurso de los conciertos y de la historia de la música.

Desde muy chica trabajé en el Centro Nacional de Investigación, de Documentación e Información Musical Carlos Chávez, el Cenidim. Ahí empecé a darme cuenta de que había partituras de Alicia Urreta y de muchas compositoras citadas como la española María Teresa Prieto y, sin embargo, veía que en los libros de historia de la música no estaban documentadas.

Entonces me di a la tarea de además de terminar la carrera de composición con una vehemencia absoluta, documentar esa historia.

—LLH: ¿Cómo fue la discriminación en tus tiempos estudiantiles?

—LAT: En ese entonces los maestros decían en los pasillos que las mujeres solamente servían para cocinar, nosotras estábamos realmente ofendidas.

Me tocaron muchas escenas, por ejemplo, yo quería componer un cuarteto de cuerdas, igual que todos los compositores varones, y decían no, no, no, tú no, tú todavía no estás preparada. Nosotras siempre éramos como las menores de edad, las impreparadas.

Había una crítica entre pasillos que decía: “Es que a la obra de las mujeres les falta fuerza, es una obra inacabada que le falta fuerza”.

En esos años también tuve la fortuna de viajar y conocí a Rosario Marciano, quien era una investigadora especializada en música y mujeres, en el ámbito europeo. Ella me comentó que, de entrada, todos los hombres tratan siempre de discriminar a las mujeres poniéndole etiquetas de inferioridad a sus obras. Incluso desde el punto de vista de la teoría musical, cuando se habla de armonía, un acorde que es inacabado o que es imperfecto es femenino, pero una cadencia perfecta es una cadencia masculina.

—LLH: ¿Cómo es que vas documentando la historia de las mujeres en la música?

—LAT: Cuando terminé mi licenciatura hice la primera tesis de estudios musicales de género, dedicada a las compositoras María Granillo, Lilia Vázquez y Gloria Tapia que ya no vive.

Después hice una maestría y un doctorado en España, porque en la Universidad Autónoma de Madrid, había una especialista en estudios de género que se llama Carmen Cecilia Piñedo Gil; la tesis doctoral en musicología la hice sobre una compositora mexicana que es Graciela Agudelo.

Me di cuenta de que existe una musicología feminista que fue desarrollada por Susan McClaring, entonces se publicaron muchos libros más o menos en los años 70, y de las aportaciones al análisis musical del movimiento lésbico-gay y de las feministas.

Existe la parte de la historia compensatoria, que rescata que al lado de los grandes compositores existían también grandes músicas, como Fanny Mendelssohn, quien quería estudiar música y no pudo porque su padre le dijo: “Tú no puedes tener la misma formación que tu hermano Félix”, teniendo el mismo talento.

El caso de Alma Mahler, que llevó a su esposo sus canciones y él le dijo que no servían para nada y las guardó en un cajón; y un día él llegó con las canciones que (él) sacó del cajón, le pidió perdón y le dijo: ¡Discúlpame, estas son obras maravillosas!

Para las mujeres la música es un ornamento, mientras que para los hombres la música son los cimientos de una estructura.

Nosotras como musicólogas y compositoras podemos aportar a la estructura, realizar obras, pero con un fundamento ideológico distinto, transformando también las estructuras y las mentalidades.

Armijo Torres rescató el legado de otras mujeres en la música, resultado de ello se realizó el disco de música sinfónica mexicana de compositoras, para visibilizar este trabajo a través de la colección Murmullo de Sirenas y Diarios sin Palabras.

La compositora agregó que lo que tratan de hacer es recuperar las obras y hacer que se interpreten. “En los últimos años, algunas orquestas empiezan a tocar obras de compositoras. Es un trabajo muy grande el que hay que hacer.

“Desgraciadamente no hay una conciencia en los conservatorios y en las escuelas de que la música mexicana tiene que ser un referente no nada más en lo de las compositoras, sino en la música tradicional de México”, concluyó.

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