El Santo despierta pasiones literarias

A partir de hoy, varios escritores disertarán en torno a la figura del emblemático luchador en un ciclo organizado por Daniel Téllez, poeta y alguna vez practicante de la lucha libre.
Héroe mexicano en la pantalla grande
El ciclo inicia hoy a las 19:00 horas en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, Nuevo León 91, colonia Condesa. (Especial)

México

Habrá quienes lo nieguen de manera rotunda; otros, simplemente se harán a un lado como si una afirmación tan contundente no estuviera relacionada con ellos, pero cuando Enrique Krauze escribe acerca del Santo, el enmascarado de plata, sus palabras conducen hacia tiempos en los que se define nuestro ser: "Antes que James Bond o Indiana Jones, antes que los Transformers y los héroes de internet, el Santo fue el héroe justiciero de nuestra infancia".

La afirmación del historiador viene en el prólogo del libro Santo, el enmascarado de plata. Imágenes, de Lydia Gabriela Olivares, pero sirven como un antecedente de lo que pudo representar una figura asediada en todas las arenas en las que se presentaba a luchar, un tanto denostado por quienes veían sus películas de vampiros, brujas y hombres lobo.

"...un enmascarado que no prescinde de la máscara (su rostro verdadero, su identidad) ni para lavarse los dientes. Algo muy poderoso irradiaba aquel personaje que pudo quizá provocar sobre todo en sus películas de vampiros o extraterrestres la burla sarcástica de los estratos de la alta cultura, pero que el pueblo amó con ingenuidad, sencillez y sinceridad", anota en dicho texto Enrique Krauze.

Sin embargo, más allá de que si su figura protagonizaba las pantallas cinematográficas o se volvía héroe de historietas, el personaje no ha despertado tanto interés en el universo literario, no así la lucha libre, que como deporte ha generado algunas publicaciones, entre ellas Pasiones desde el ring side. Literatura y lucha libre, coordinado por Carlos Maldonado y el poeta Daniel Téllez, uno de los pocos escritores que decidieron subirse al cuadrilátero, sin importar el qué dirán, y que ahora decide rendirle homenaje a su propia infancia.

"Te puedo citar dos o tres poemas memorables sobre la lucha y sobre El Santo, pero hace falta la novela. Tenemos suficiente crónica y periodismo literario de la lucha, cuento podemos ya rastrear; sin embargo, hace falta ese acercamiento a gran escala", explica el escritor, quien durante cinco años practicó la lucha libre, allá en el Toreo de Cuatro Caminos.

Una mirada filial

El heredero de la leyenda, El hijo del Santo, se convirtió en su mejor promotor, no solo en la arena, de ahí su interés por hacer llegar al enmascarado de plata al universo de los libros, de la literatura en particular, mediante un ciclo literario que se llevará a cabo en cuatro sesiones, entre marzo y abril.

"Mi padre era un poco reacio a relacionarse con los intelectuales, a pesar de que leía mucho, aunque para su dicción no era muy claro, a veces se trababa y repetía las cosas, creo que les tenía un poco de... quizá la palabra correcta no sea miedo, pero sí pensaba que podían burlarse de él.

"Tengo todos sus libros guardados. En la revista Selecciones él encontraba información fácil de entender, de temas variados y tengo la colección desde 1940 hasta la década de los 60, y las mandaba empastar. A lo mejor no se echaba todos los libros, pero siempre leía cosas donde podía cultivarse y la novela que a él le apasionó desde muy niño fue la de El hombre de la máscara de hierro; incluso platicaba que por eso quiso ser el hombre de la máscara de plata, por la influencia de esa novela."

En su tiempo, rememora El hijo del Santo, Luis Spota estaba muy cercano a la lucha y le regalaba libros, y su papá los leía, aunque tenía poco tiempo para leer; pero además estaba la presencia de su cuñado, Carlos Villanueva, quien siempre lo incitaba a la lectura, "lo pulía en ese sentido", cuenta el luchador.

"Siento que la lucha libre ha sido el patito feo de los deportes, aun cuando es tan mágica y le gusta a todos y sería fácil poder escribir sobre la lucha libre; hay muchos temas que se pueden abordar, incluso hasta poemas. Lo que ha faltado es a escritores que la tomen en serio, con respeto y con amor."

Los primeros registros sobre la lucha libre vienen desde el periodismo, con la presencia de personajes como Leopoldo Meraz, pero en los años 90 son notables escritores quienes ya comienzan a subirse al cuadrilátero, explica Daniel Téllez, como Eugenio Aguirre, Héctor Anaya, Gerardo de la Torre, Emiliano Pérezcruz o Roberto López Morenos, y algunos de ellos serán los protagonistas del ciclo "Santo, el enmascarado de plata", organizado por la Coordinación Nacional de Literatura del INBA, en colaboración con El hijo del Santo.

El ciclo inicia hoy a las 19:00 horas en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, Nuevo León 91, colonia Condesa.

Los churros del enmascarado de plata

Los críticos cinematográficos de nuestro país suelen considerar a la filmografía del Santo como churros, aunque en otros lugares sean consideradas películas de culto. De eso estaba consciente el luchador, recuerda El hijo del Santo, incluso hasta hacía bromas, "le decía a mi madre: 'Prepárate un chocolatito y yo pongo los churros', cuando nos llevaban al cine, pero a mi papá nunca le preocupó".

"Él tenía una mentalidad sana y decía: 'Mira, si mis películas son taquilleras y le gustan a la gente, que digan lo que sea'. Primero veíamos la película en función privada, pero no se conformaba con eso y después nos llevaba al cine, a esas salas de más de 2 mil personas, pero no iba con máscara, y su primera satisfacción era ver cómo hacían filas para comprar un boleto".

En la construcción de la leyenda, la cinematografía jugó un papel muy especial, reconoce su heredero, quizá porque lo hacía con pasión, más allá de que sí le llegó a generar muy buen dinero, "lo que ganaba en una película lo obtenía en dos meses de lucha diaria y si bien nunca descuidó su carrera luchística, el cine le apasionaba".

"Cuando entraba en su despacho, me hacía señas de que callara y tenía su grabadora de carrete, donde tenía los diálogos, que se aprendía: si lo hubiera hecho nada más por negocio, para qué hacerlo, pues total le doblaban la voz, pero se aprendía sus diálogos".