Eduardo Galeano, el cronista de América Latina

Adolfo Castañón, Rolando Cordera y otros escritores e intelectuales recuerdan las distintas facetas en la vida y obra del escritor uruguayo fallecido este lunes.
Eduardo Galeano
Eduardo Galeano (Reuters )

México

Sobre el escritorio de Adolfo Castañón reposan hoy los más de 15 títulos que el escritor Eduardo Galeano publicó bajo el sello de Siglo XXI. Entre ellos, Las venas abiertas de América latina, una obra emblemática con más de 50 reimpresiones en dicha editorial. Pero también el resto de los títulos que constituyen la obra del escritor uruguayo fallecido este lunes.

Hay ensayos críticos, crónicas de viaje y de futbol, un libro de parábolas y muchos de historia y geografía del continente americano. Un elemento que los une es que, en ellos, "Galeano no habla de países particulares, sino de una entidad mayor que es Hispanoamérica: una región que es objeto de codicia, de conflicto y explotación por parte de los Estados Unidos y de otros intereses extranjeros", dice el también escritor, editor y ahora asesor literario de Siglo XXI.  

Sin embargo, para Castañón, "la historia literaria todavía tiene que encontrarle un lugar a este escritor tan singular, pues tenía algo de poeta, algo de cuentista, algo de cronista deportivo, algo de historiador, algo de geógrafo, algo de politólogo y mucho de militante. Pero no militante de un partido, sino de la humanidad descalza".

Galeano y los oprimidos

"Yo aprendí hace muchos años que la vida consiste en elegir entre indignos e indignados, y yo estoy siempre con los indignados", dijo Galeano en una entrevista con la agencia Efe en 2013. Su visión crítica dentro y fuera de sus libros se convirtió en un referente para la izquierda latinoamericana

El uruguayo dedicó su obra a dar voz a los latinoamericanos desfavorecidos. Desde la publicación de Las venas abiertas de América Latina en 1971, sus obras se convirtieron en clásicos de la literatura política del continente siempre en defensa de los oprimidos y marginados.

Fue uno de los primeros en apoyar a los zapatistas en México y en mostrar su admiración por el comandante Marcos, las revueltas populares en Oriente Medio y el norte de África le parecieron un "fuego hermoso" y se mostró feliz con el movimiento de los indignados en España, que definió como una "pura vitamina de esperanza", porque demostraba que "todo puede cambiar".

La dimensión ética es algo que no se puede omitir en la obra de Galeano, una dimensión “motivada o relacionada con la lealtad a ciertas raíces profundas del continente”, afirma Castañón.

Galeano y Las venas abiertas

Las venas abiertas de América Latina fue descrita por Galeano como "una contra-historia económica y política con fines de divulgación de datos desconocidos". Es un libro que narra la historia de continente “en la clave de la microhistoria de la explotación del oro, del azúcar, del petróleo y de los medios de comunicación”, apunta Castañón.

Para Rolando Cordera, economista profesor de la UNAM, Las venas abiertas causó una gran sensación por ser una manera eficaz de divulgar la situación que vivían los países del continente en los años 70. "Presentó un panorama estrujante de los extremos de América,  de los contrastes y la irresponsabilidad histórica de sus autoridades".

En 2009 el entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, le regaló un ejemplar de este título a su homólogo estadounidense, Barack Obama, durante la cumbre de UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas).

A pesar de ser una obra con millones de lectores, Galeano tuvo una relación ambigua con ella. "El impacto de ese libro fue feroz y eso acabó molestándole, sobre todo después de que (Hugo) Chávez se lo regalara a (Barack) Obama. Se convirtió en un asunto mediático que le irritaba mucho, pero es un libro que sirvió enormemente para generaciones y que tiene una gran vigencia", señaló a la agencia Efe el antropólogo Ticio Escobar, quien fuera un amigo cercano del escritor.

Galeano y el humor

"No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada", declaró el propio Galeano el año pasado durante una rueda de prensa. A sus 73 años, confesó que, a sus treinta, no tenía la formación suficiente para escribir una obra de economía política.

Sin perder el humor que también está presente en su obra, el autor aseguró que no volvería a leer el libro que lo lanzó a la fama: "Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no aguantaría. Sería ingresado al hospital".

Escobar, recordó que el humor se mantuvo con él a pesar de la enfermedad que le causó la muerte. "Hará dos meses me envió un mensaje diciéndome: no te preocupes, estoy luchando ferozmente contra el cáncer aunque ello me cueste la vida", dijo el también exsecretario de Cultura de Paraguay a la agencia Efe.

Galeano no sólo escribía, sino leía y releía lo que se escribía en los medios de comunicación, apunta Castañón: "Mucha de su obra consiste en la reescritura o reinterpretación de la historia contemporánea, siempre con un ingrediente lírico y humorístico, y una volunta de siempre hablar de personajes concretos".

Galeano y el futbol

El fútbol "es algo tan importante que no se puede charlar solo unos minutos sobre él, sino que hay que dedicarle horas y horas", dijo Galeano en una ocasión en Madrid. El uruguayo es uno de los grandes escritores que han dedicado sus letras a este deporte.

"Todos los uruguayos nacemos gritando gol y por eso hay tanto ruido en las maternidades, hay un estrépito tremendo. Yo quise ser jugador de fútbol como todos los niños uruguayos" es el comienzo de su volumen El fútbol a sol y sombra (1995).

Y al nacimiento de Diego Armando Maradona dedicó su relato El parto, incluido en Bocas del tiempo (2004). El "astro" futbolístico tiene su metáfora en el texto, en el que Galeano explica que doña Tota "encontró una estrella, en forma de prendedor", en el suelo del hospital al que acudió para dar a luz.

Para Adolfo Castañón, Galeano siempre formó parte de la crónica, "esta tradición batalladora de América latina en la que se inscriben otros autores como Benedetti, Monsiváis o Poniatowska". Lo consideró también como "uno de los escritores secretos del llamado boom latinoamericano", a la par de García Márquez o Carlos Fuentes, y que sin embargo, siempre se mantuvo al margen del circuito literario.