Édison Quintana revitaliza la música orquestal del país

Realiza arreglos a piezas emblemáticas de autores mexicanos como José Pablo Moncayo, Carlos Chávez y Silvestre Revueltas.
El pianista con Ernesto Juárez, integrante de Raga Ensamble de Percusiones.
El pianista con Ernesto Juárez, integrante de Raga Ensamble de Percusiones. (Xavier Quirarte)

México

En el escenario de la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, el Huapango de José Pablo Moncayo suena distinto. Al cambiar la sonoridad que cotidianamente le otorga la orquesta sinfónica por la de un ensamble de dos pianos y percusiones, pareciera otra. Con el arreglo de Édison Quintana, adquiere una dinámica diferente.

Se trata de un ensayo encabezado por el pianista uruguayo nacionalizado mexicano, en el que se repasan las cadencias del Huapango, que, según algunos, es como el segundo himno nacional de México. El proceso de adaptación a este formato instrumental es gradual: hay momentos de tensión, pero el arreglo va tomando su cauce.

Junto con otras grandes obras sinfónicas mexicanas, como Sensemayá, de Silvestre Revueltas; Sinfonía india, de Carlos Chávez; Sones de mariachi, de Blas Galindo, o el famoso Danzón No. 2, de Arturo Márquez, el Huapango ha sido adaptado por el pianista para un ensamble muy maleable. El proyecto forma parte del trabajo de difusión que Quintana lleva a cabo con el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en la rama de creador escénico con trayectoria.

Se trata de versiones que no se habían hecho hasta ahora, afirma Quintana en entrevista. "Es una mezcla muy interesante, porque las percusiones se llevan muy bien con el piano. Siempre he tenido interés en hacer música mexicana. Recuerdo que en mi época de juventud no conocíamos nada de lo que pasaba fuera de nuestros países. Mientras México no conocía nada de Uruguay, mi país conocía muy poco de aquí, si acaso Sensemayá y Sinfonía india, pero pare de contar. Una vez se hizo el Homenaje a García Lorca, de Revueltas, pero solo una vez".

La música popular mexicana sí tenía fanáticos en Uruguay, recuerda el pianista. "A los mexicanos les sorprende que el más popular era Miguel Aceves Mejía, llamado el Rey del Falsete (un día lo desnudaron en plena avenida las mujeres fanáticas) y, por supuesto, Pedro Infante y Cantinflas. Sin embargo, la música de concierto no se conocía".

En Uruguay, agrega, "estábamos muy abiertos sobre todo a Europa, a Francia, específicamente, mientras que en México, por la cercanía, estaban muy relacionados con Estados Unidos. Algo parecido vine a experimentar cuando hice un trabajo en 2011, organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes en Canadá, donde no se conoce la música de México. Se sorprendieron de que hubiera compositores en el siglo XIX (hay que tomar en cuenta que Canadá es un país muy joven). Ahí también constaté que no conocemos nada de Canadá. Muchos ni siquiera saben que uno de los grandes pianistas de jazz, que aparecía en las portadas de la revista Down Beat, era canadiense: Oscar Peterson, lo mismo que Glenn Gould, el gran pianista de concierto".

Para explicar el uso del formato de dos pianos y percusiones, el músico se remite "al siglo XIX, cuando, por motivos prácticos, todos los compositores pasaban sus obras a dos pianos —o a tres o a cuatro— y las tocan en las casas. Las primeras audiciones siempre eran a dos pianos porque no se podía contar con una orquesta. No creo que las obras ganen o pierdan, sino que son otras versiones. Creo que es la primera vez que se hace algo así en México".

Algunas de estas versiones en un formato que permite difundirlas con mayor accesibilidad las ha presentado Quintana con éxito en concierto, acompañado del pianista Francisco Rocafuerte, el Raga Ensamble de Percusiones (integrado por Edwin Tovar, Kaoru Miyasaka y Ernesto Juárez), así como el percusionista Eugenio Fabela.

Su proyecto incluye grabar algunas de estas piezas, así como también realizar un par de discos con música que fue pensada específicamente para niños, como El rincón de los niños, de Debussy, pero también otras obras destinadas a ser tocadas por los pequeños. Recientemente el pianista descubrió "un álbum del compositor Miguel Bernal Jiménez, llamado Autógrafos juveniles, que contiene piezas muy hermosas. La última de ellas se llama Fumanchú, ese viejo mago de la época de Bernal Jiménez".

A Édison Quintana le gustan mucho los compositores "que no se apartan del legado folclórico o popular de sus países. Por ejemplo, tenemos a Bartók, quien hizo una elaboración muy grande a partir de las influencias de la música húngara o rumana. Me gustan mucho estos compositores que están impregnados de la sal de la tierra, como Gershwin, Piazzolla, Márquez, Moncayo, aunque su obra más popular no es de él, sino una excelente instrumentación de temas populares, pero tiene obras magníficas que no se conocen".