Ediciones Cal y Arena: 25 años de una tradición

La editorial recibe su nombre de una sección que escribía un grupo de periodistas literarios jóvenes en el suplemento "La cultura en México" que dirigía Carlos Monsiváis.
“Es un trabajo de paciencia; el tiempo, en este caso, es una fortaleza”: Rafael Pérez Gay.
“Es un trabajo de paciencia; el tiempo, en este caso, es una fortaleza”: Rafael Pérez Gay. (Octavio Hoyos)

México

Afines de la década de los 80 del siglo pasado, un grupo de jóvenes escritores y periodistas literarios se propusieron impulsar un espacio para publicar sus propios libros, esfuerzo en el que se encontraron con Héctor Aguilar Camín y Andrés León, quienes compartían los mismos intereses.

En ese momento parecía un proyecto descabellado, porque era una época de crisis económica, pero la voluntad de Sergio González Rodríguez, Antonio Saborit, Luis Miguel Aguilar, Roberto Diego Ortega, José Joaquín Blanco y Rafael Pérez Gay hizo realidad un sello que en un primer momento tenía como razón social Aguilar, León y Cal Editores.

“Se llama Cal y Arena en homenaje, en recuerdo, a una sección que escribíamos un grupo de periodistas literarios jóvenes en el suplemento que dirigía Carlos Monsiváis: ‘De Cal y de Arena’, donde publicábamos de todo, lo mismo un breve cuento de tres cuartillas, una reseña, una crónica…

“Nosotros nos habíamos ido del suplemento en condiciones nada gratas con Carlos Monsiváis, que nos había ofrecido que nos quedáramos con el suplemento y luego decidió proponer a Paco Ignacio Taibo II, y fue así como nos retiramos del suplemento y coincidió que es el proyecto de Cal y Arena desprendido de la ceremonia de adioses que tuvimos con el suplemento La cultura en México”.

Quien cuenta la historia es Rafael Pérez Gay, en la actualidad director de Cal y Arena, quien reconoció en entrevista que en aquel entonces la composición del mundo editorial no era ni de lejos lo que es ahora: los grandes consorcios españoles aún no ponían un pie en el mercado editorial mexicano, de modo que Cal y Arena surgió como un nuevo espacio editorial.

“Luego cambió notablemente, la editorial tuvo que confrontar una realidad nueva, la de los consorcios editoriales españoles, en aquel entonces Alfaguara, Planeta, Mondadori, venían ya grupos importantes, estaba también Océano”, a decir del colaborador de MILENIO, quien también recuerda que haber nacido con uno de los grandes best sellers de las últimas décadas, como Arráncame la vida, de Ángeles Mastretta, permitió que se posicionaran en el mercado muy rápidamente.

Llegar a los lectores

No ha sido fácil el crecimiento de Cal y Arena, aunque el haber nacido en un momento de crisis les ha permitido valorar todos sus esfuerzos de otra manera, sobre todo porque en aquel tiempo el mundo editorial era distinto y pudo entrar la editorial con éxito al mercado y llegar a los lectores.

“Uno de los momentos más duros, más difíciles, se dio porque a la inauguración de la editorial vino Carlos Salinas y eso nos acarreó críticas, no pocas infamias, y algunos de nuestros críticos dijeron que seríamos una editorial de un solo sexenio.

“Pudimos salir adelante y luego vino el reto de confrontar la nueva composición editorial de nuestro país, en la cual los grandes consorcios se plantan para obtener todos los autores que les interesen en el mercado editorial mexicano, en un momento en que los autores mexicanos querían llegar a España”.

El nacimiento de Cal y Arena se dio con 10 títulos; en la actualidad su catálogo se conforma de más de 250, entre “histórico y vivo” además de que cuentan con una colección como Los imprescindibles, que son volúmenes de 800 páginas en promedio, a través de la cual recuperan a autores decimonónicos, aunque ya piensan en escritores de la primera mitad del siglo XX.

Sin embargo, todavía enfrentan desafíos como el convencer al librero que el libro mexicano es importante, “convencerlo de que no solo el libro español puede vender”, a decir de Rafael Pérez Gay.

“No hemos salido a comprar los derechos de escritores, sino que nos hemos sentado a tratar de hacer una restitución de una parte de la tradición y de la cultura mexicana: no se puede ser un editor en toda la forma si ese personaje que hace libros no se convierte en alguien que intente saber lo que es una tradición cultural y literaria y en alguien que intente, quiera y sepa, restituir una tradición”.

Para conmemorar los 25 años de Cal y Arena mañana se llevará a cabo una mesa redonda en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, a las 19:00 horas, con la presencia de Diego Rabasa, Francisco Goñi y José Carreño.

Pasión y esfuerzo

Llegar a 25 años de existencia no hace a Rafael Pérez Gay lanzar las campanas al vuelo: los proyectos nunca están consolidados, la consolidación, dice, es el trabajo cotidiano, la alegría de trabajar en algo que te gusta hacer y te apasiona: “Esa es la consolidación, de otro modo pasa el tiempo y solo consolida las debilidades.

“Hemos cumplido 25 años y se dice fácil, pero el tiempo te va enseñando que hacer libros, editar y estar en el mercado es un trabajo, como muchos otros, de paciencia, que lleva tiempo; el tiempo, en este caso, es una fortaleza”.

Por ello, además de seguir con su apuesta editorial por el cuento, la poesía, el ensayo literario o la crónica, en Cal y Arena tienen el propósito de lanzarse a la publicación de antologías personales, esos volúmenes que suelen contribuir como introducción a la lectura, pero al mismo tiempo pueden ser invitación para que nuevos lectores se acerquen a estos escritores, “porque han pasado 25 años y no sé si haya lectores jóvenes de un libro como Suerte con las mujeres, de Luis Miguel Aguilar, que sin duda merece ser conocido”.