Ecos de la Muestra Nacional de Teatro /I

La fiesta sucedió, el intercambio se conquistó y las funciones en un frío Monterrey fueron cálidas y con un porcentaje de públicos de más del 80por ciento.
Obra "¿En qué estabas pensando?"
Obra "¿En qué estabas pensando?" (Especial)

México

La pasada 35 Muestra Nacional de Teatro estuvo en el centro de una polémica que los acontecimientos del país acabaron por hacer intrascendente: la de la presencia mayoritaria de espectáculos de la Ciudad de México. La verdad es que en 25 años de asistir a tal encuentro anual me ha tocado ver distintas vueltas de timón respecto al “cómo debe ser” no solo el procedimiento de selección de los poco más de 30 grupos del país que participan sino del sentido de la muestra en sí. La verdad es que no hay fórmulas. Y, como bien apuntó el coordinador nacional de Teatro, Juan Meliá, muchos de los colectivos “defeños” suelen estar constituidos en alto porcentaje por teatreros que migraron de toda la República. Tampoco el enfocarla a una tendencia estética específica la va a hacer más plural respecto a la representación de los estados porque terminaría por volverla aún más chilanga; en todo caso se convertiría en un “festival” con una línea única (lo cual no está mal, pero es otra cosa). Lo cierto es que la fiesta sucedió, el intercambio se conquistó y las funciones en un frío Monterrey fueron cálidas y con un porcentaje de públicos de más del 80por ciento en las funciones regulares, lo que en sí constituye ya un éxito. También la protesta pacífica y artística por la violencia en el país fue crucial en el tono armónico que se dio entre el gremio.

Mucho se tendría que decir respecto a lo programado, pero quisiera centrarme en tres espectáculos: ¿En qué estabas pensando? escrita y dirigida por Saúl Enríquez; La costumbre de vestirse (Sí, yo maté a una muñeca inflable), escrita y dirigida por Saeed Pezeshki, y Aparte, de Sara Pinedo, con dirección de Juan Manuel García Belmonte y el Colectivo Alebrije. Enríquez, amén de ser un dramaturgo poderoso y que aún cree a cabalidad en el ejercicio de la ficción, sin duda se ha convertido en un profeta artístico de un rincón que no pintaba nada en la República del teatro mexicano: Quintana Roo. Formado en la Escuela Andrés Soler en la capital, fincó su proyecto Nunca Merlot Teatro en uno de los sitios más inhospitalarios para la creación escénica, y en muy pocos años ha demostrado no solo virtudes de espléndido director de escena sino que se evidencian unas dotes pedagógicas que hacen de su colectivo un grupo al que hay que seguirle la pista muy de cerca. Se dice facilito, pero solo los Oscar Liera, los Octavio Trías, los Ángel Norzagaray, las Raquel Araujo o las María Alicia Martínez Medrano lo han logrado felizmente, y no suelen ser personajes que surjan cotidianamente.