La fotografía de Dulce Pinzón

La artista estuvo en la reciente Feria de Arte Zona Maco, donde sedujo a los espectadores con su recreación de imágenes de la artista Andrea Velázquez y la cinta El mago de Oz.

Nueva York

La Galería Patricia Conde presentó la obra más reciente de la fotógrafa Dulce Pinzón en la Feria de Arte Zona Maco, celebrada a principios de febrero en la Ciudad de México. La fotógrafa mexicana ha expuesto su obra en América, Europa, Asia y Australia, sus fotografías forman parte de colecciones permanentes de varios museos importantes y han sido reproducidas en diarios y revistas de México, Estados Unidos y Europa. Es internacionalmente reconocida por su serie La verdadera historia de los superhéroes. Este conjunto de fotografías ha viajado por todo el mundo y en el año 2012 se publicó como libro.

La verdadera historia... consiste en fotografías de mex-neoyorquinos indocumentados, retratados en sus ambientes laborales disfrazados de superhéroes. Pinzón ideó este grupo de fotografías tras el ataque terrorista a las Torres Gemelas del 11 de septiembre del 2001. En ese entonces, vivía en Nueva York y los medios insistentemente subrayaban la labor heroica de los bomberos y policías que salvaron miles de vidas. A la fotógrafa este hecho le hizo pensar en los inmigrantes indocumentados, en los héroes reales sin reconocimiento. Estos hombres y mujeres se sacrifican diariamente trabajando en empleos mal pagados, en ocasiones en situaciones peligrosas y durante jornadas larguísimas para ayudar a sus seres queridos.

Cada retrato de la serie va acompañado de un texto que indica el nombre del retratado, su lugar de origen, el empleo que desarrolla y la cantidad de dólares semanales que le manda a su familia en México. El que limpia las ventanas de los rascacielos es el Hombre Araña, el que descarga camiones es Hulk, el demoledor es el Coloso, el mesero es el Hombre Elástico. Las imágenes no son solamente graciosas, son también elocuentes. Mediante el disfraz de superhéroe, Pinzón rinde homenaje al inmigrante al subrayar, vía la exageración, el enorme esfuerzo que requiere su trabajo.

Esta serie de fotografías, así como las subsecuentes de Pinzón, siempre representan universos imaginados. En sus obras, la fotógrafa monta una escena como si fuera un escenario antes de capturarlo en imagen. Sin embargo, Gente que me cae bien, la siguiente serie de retratos realizada por Pinzón, es muy distinta a la anterior. Las imágenes de los mex-neoyorquinos enmascarados funcionan como metáforas mientras que las imágenes de Gente que me cae bien son estereotipos y no tienen un mensaje social, o por lo menos este no es evidente.

En esta serie, la fotógrafa titula cada retrato con el nombre de pila de la persona de la imagen. Dulce narra que los retratos son de personas que ella considera de importancia cultural en el mundo hispano de Nueva York y en México. Pero como ni los títulos ni las imágenes son conocidas para la mayoría de los espectadores, porque los retratados no son personajes distinguidos o famosos, estos datos son inconsecuentes. En estas fotografías el entorno está borrado, no hay contexto. Los personajes aparecen en el vacío: mujeres en poses y vestuarios provocativos, travestis vanidosos, una pareja sadomasoquista, una lesbiana macha vestida de marinero, una madre santa, un Juan Diego prácticamente desnudo. Los fondos oscuros y la iluminación intensa sobre los cuerpos hacen recordar los claroscuros de Caravaggio y, además, intensifican la carnalidad de los personajes.

La posibilidad de utilizar los animales disecados, los dioramas y la flora artificial del Museo de Historia Natural de Puebla antes de haber sido clausurado, le dio a Pinzón un punto de partida para realizar su siguiente serie, Historias del Paraíso. A los panoramas falsos la fotógrafa contrapuso fruta fresca, queso, animales plásticos y de peluche o individuos vivos disfrazados de animales o personificando estereotipos eróticos. El resultado de los montajes es una serie de escenas de choque entre lo real y lo recreado, entre lo falso y lo verdadero, entre lo natural y lo artificial, entre lo humano y lo salvaje, entre lo vivo y lo muerto. Las escenas creadas hacen que uno reflexione sobre la relación incómoda entre el ser humano y la naturaleza, sobre el calentamiento global y sobre la devastación de la fauna y la flora.

Historias del Paraíso le hace guiño a la tradición pictórica de las naturalezas muertas. Además, las imágenes de la serie son irracionales y deliciosamente oníricas: un dominador sexual apaciguando a unas bestias salvajes, una chica pin-up montada en un león, una escena de invierno en la que una monja se pinta los labios despreocupada del lobo que ruge a su lado.

En Zona Maco, Pinzón presentó sus series más recientes: The Wonderful life of Andy y la serie Oz. Dulce platica que en la primera muestra momentos de la vida de la modelo Andrea Velázquez representados a través de su estética personal. La modelo va vestida, peinada y sobre-maquillada como una muñeca Barbie, posando como una chica pin-up de los calendarios de antaño. Andy aparece celebrando su boda, cocinando, dándole de comer a su bebé. Los retratos en colores chillantes recuerdan los cómics: la protagonista retratada desnuda con pelo y tacones rojo bandera en una tina llena de leche; con su familia en una lujosa casa de color rosa chillante; de rubia con lentes de cristal azul celeste sentada en un antiguo convertible rojo.

Debe mencionarse que Pinzón no inventa del todo estas escenas. El marido de Velázquez es el vocalista de la banda de rockabilly Rebel Cats, y su círculo de amigos vive imitando los valores y la estética de las películas de Elvis Presley. Y la fotógrafa celebra esa subcultura.

Pero al ubicar esta manera de ser en una atmósfera irreal mediante el decorado, la iluminación y las posturas de los personajes, la artista le ofrece al espectador escenas divertidas que hábilmente recrean imágenes hollywoodenses y anuncios publicitarios de los años cincuenta. Pero además, las estampas traen a la memoria el arte pop de Roy Lichtenstein y Andy Warhol. Por eso, no fue sorpresa que la serie le haya ganado a Pinzón la Beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

La fotógrafa explica que la motivación para crear la serie fue puramente lúdica. Pero a pesar de esta declaración y a pesar del atractivo plástico de sus estampas, incomoda que representan el cliché retrograda de la “mujer ideal”: objeto sexual, ama de casa, madre y esposa perfecta.

La serie Oz comprende un conjunto de tableaux vivant que recrea momentos de la película de Víctor Fleming estelarizada por Judy Garland. Dulce relata que el estimulo para emular El Mago de Oz fue divertirse y su intención fue invocar la magia de la niñez. Señala que trabaja siguiendo su instinto y que sus fotografías son producto de lo que a ella le divierte sin tomar en cuenta que reacción pueda tener el espectador. Aunque estas consideraciones generalmente le han funcionado, con Oz uno se queda con hambre. El proyecto parece superfluo, la ingenuidad de las estampas no satisface. Es difícil emocionarse.

No obstante, dada la trayectoria de Dulce Pinzón, sería un error despreciar su obra. La fotógrafa adopta eficazmente representaciones gráficas populares y géneros pictóricos tradicionales. Sus ilustraciones muestran maestría en el manejo de la luz y del espacio, en la colocación atinada de personajes y objetos, en la creación de ambientes logrados impecablemente.

Sus imágenes son en verdad poéticas. Representan maravillosos universos imposibles donde se unen los contrarios: lo vivo y lo muerto, lo natural y lo edificado, lo ordinario y lo teatral, lo culto y lo popular. Además, tienen mucho sentido del humor. Pinzón ampliará The Wonderful Life of Andy y pronto editará como libro Historias del Paraíso.