ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ

No es extraño encontrarse a Dr. Lakra en los tianguis buscando cualquier cosa. De un disco hasta una uña, todo es susceptible de ser intervenido. 

"La inconformidad no se cura...": Dr. Lakra

Jerónimo López Ramírez, conocido como el Dr. Lakra.
Jerónimo López Ramírez, conocido como el Dr. Lakra. (Especial)

Ciudad de México

Quedaron atrás aquellos años en que era el Dr. Lakra era conocido como un notable tatuador, ahora se dedica a pintar y reinventar los objetos. Actualmente exhibe la serie Monomito, en la Galería Kurimanzutto.

¿Es fetichista?

Más bien diría que soy animista. Los objetos tienen cierta patina de cultura, historia y eso se les queda.

Bueno, chacharero sí...

Sí, muy chacharero, pero no tengo una devoción hacia los objetos. Puedo juntar por años revistas y después no me cuesta trabajo destrozarlas para hacer una serie de dibujos. No tengo una devoción por las cosas. No colecciono, acumulo. Por ahí tengo objetos con cierto valor pero más estimativo que místico.

¿Dónde suele comprar sus chácharas?

En muchos lugares, es una práctica que hago desde siempre. Uno de mis lugares favoritos es el tianguis de El Salado. Me gusta caminar y descubrir sitios, me relaja. Soy una persona extremadamente visual y andar me alimenta.

¿Qué es la inspiración?

No sé... Creo en el trabajo, en los accidentes y en las casualidades, pero tienes que poner las condiciones para que sucedan. Uno crece y el proceso creativo va cambiando. En lo que más creo es en la constancia.

¿Nunca dudó de su vocación?

No, desde muy joven empecé a dibujar. Al terminar la secundaria me dediqué ciento por ciento a esto, poco tiempo después empecé a tatuar y de ahí en adelante.

¿No le preocupaba la losa del apellido?

Sí, pero por eso me cambié el nombre desde los 16 años.

¿Es autocrítico?

Yo diría que sí... a veces. No siempre puedes apreciar el verdadero valor de una pieza por que la tienes muy cerca y convives con ella de manera cotidiana. Lo mejor para ser autocrítico es buscar otro punto de vista, solo así descubres donde la estás cagando.

Dicen que de joven fue muy rebelde...

Es natural, ahora tengo un hijo adolescente y me está tocando verlo. Supongo que es una etapa en la que uno cultiva un espíritu de inconformidad. Por otro lado, creo que todavía hay ciertos elementos de rebeldía que se mantienen: no pinto sobre tela, no busco elementos tradicionales. La inconformidad no se cura, lo que sucede es que aprendes a encaminarla hacia lugares más productivos.

¿Era rockero como ejercicio de rebeldía?

Me gusta, aún es lo que más oigo, aunque también le entro a la cumbia, la salsa y los corridos. Pero sí, el rock se me dio, llegué a tener una buena cantidad de discos de Frank Zappa.

Un músico iconoclasta...

Sí, tengo muchos porque fue bastante prolífico, aunque cada vez lo oigo menos. Tampoco es que me guste tanto lo nuevo; creo que lo que hoy nos venden como novedad, ya se dijo hace bastante tiempo.

¿Qué libro no pudo terminar?

No sé, es muy raro que deje un libro a medias aunque no me guste lo acabo; igual sucede con las películas, es rarísimo que me salga del cine.

¿Pero no es perder el tiempo dedicarle tiempo a algo que no le gusta?

Supongo que sí, pero es una costumbre o cuestión de educación. Qué tal que se pone bueno.

¿Qué le dice la discusión entre pintores y artistas contemporáneos?

No sé. Hay gente muy cerrada; dentro del arte hay espacio para todos. Unos nos salimos de lo convencional y otros son más tradicionalistas. Hay mercado para todo, incluso para los bodegones que pintan las señoras aburridas del mercado de San Ángel.

Una pieza está terminada cuando...

La empacas.