Dormir mal puede ser síntoma de más de 100 enfermedades

La falta de sueño provoca despertar cansados, estar somnolientos y de mal humor en el día.
Hospital General Ajusco Medio trata a pacientes de escasos recursos.
Hospital General Ajusco Medio trata a pacientes de escasos recursos. (René Soto)

México

Dormir no siempre significa descansar. Despertar frecuentemente cansados, somnolientos y hasta de mal humor son pistas que indican que durante el tiempo de sueño ocurren en el cuerpo procesos que pueden revelar la presencia de más de cien enfermedades, como párkinson, asma y arritmia.

“Toda la población tiene o ha tenido un trastorno del sueño”, asegura Óscar Arias, el médico mexicano que se especializó durante ocho años en Alemania para entender qué ocurre mientras dormimos.

Le han preguntado, dice, por qué investigar el sueño y no el cáncer o el VIH. “No es por ociosidad, dormir no es solo descansar. Reposa el cuerpo, pero en ese lapso el cerebro sigue activo para mantener la función respiratoria, del corazón y el sentido del oído que se mantiene alerta mientras el resto de los sentidos se apagan” desglosa Arias, responsable de la Clínica del Sueño adscrita a la Secretaría de Salud capitalina.

Al dormir, el cerebro regenera células de todo tipo y la memoria se integra conservando la información que requiere o sintetizando aquella que considere innecesaria. De ahí su importancia. “Hay insomnio, pero la mayoría de los pacientes se queja de no poder dormir, no poder mantener el sueño o despertar varias veces durante la noche o madrugada, lo que afecta sus actividades en el día”. Lo normal, indica Arias, sería despertar al día siguiente sin darnos cuenta de qué sucedió la noche anterior. Pero esto no siempre ocurre.

Dos casos

La enfermera Sandy prepara a la señora Jacqueline para hacerle un estudio. “Voy a poner estos electrodos en su cabeza, ¿qué problema tiene?”, pregunta.

“Cuando nací se me enredó el cordón en el cuello y por eso tengo movimientos involuntarios”, le responde.

La verdad es que Jacqueline no llegó por esta razón. Su hermana Elvia Contreras lo explica: “Su problema es que era muy agresiva, de todo se enojaba y eso nos afectaba como familia. Del centro de salud la enviaron con el neurólogo y él solicitó hacerle este estudio”.

Los electrodos de color se conectan al polisomnógrafo, un pequeño aparato que envía a la computadora todas las señales cerebrales que Jacqueline emitirá mientras duerme algunas horas en una habitación llamada “cuarto del sueño”. Es similar a una recámara; acostada, la paciente sigue las instrucciones antes de que —literalmente— el médico hurgue en su cerebro mientras duerme.

Despues del primer estudio Jacqueline tuvo cambios favorables, porque se descartó que el problema fuera pequeñas convulsiones al dormir.

Por otro lado, dentro del hospital general del Ajusco Medio, mujeres y hombres llegan a dormir —de día y noche— buscando mejorar su salud. De los pacientes, 70 por ciento es femenino, pero todos llegaron referidos por neurólogos y especialistas que, previo cuestionario, determinaron necesario un estudio profundo del sueño.

 “Los tres principales trastornos que hemos detectado son insomnio, apnea obstructiva del sueño (dejar de respirar al dormir, ya sea por segundos o hasta poco menos de un minuto) y el síndrome de piernas inquietas, que ocurre cuando la persona (antes y durante el sueño) tiene la imperiosa necesidad de mover los pies”, explica Óscar Arias.

La lista continúa con alteraciones en alguna de las cuatro etapas que conforman el sueño. “Si éstas se invierten o bien la persona duerme sin descansar, se requiere tratamiento”, dice.

Puede ser psiquiátrico, psicológico, farmacológico, conductual y hasta osteomuscular. En las dos mil 300 consultas de primera vez que esta clínica ha otorgado desde su apertura el 20 de enero de 2014, el especialista encontró otros factores que afectan a sus pacientes como la posición al dormir y/o sus hábitos antes de llegar a la cama.

 “Hablaré solo de los más decentes que hemos detectado. Por ejemplo, hay quienes no duermen si antes no beben alcohol. Otros toman duchas o cenan previo al ir a descansar, lo que es inadecuado. Y por último: la ropa, usan pijama o duermen desnudos. Para este estudio les pedimos traer pants o pijama, aunque hay quien llega con su muñeco de peluche”, cuenta.

Población vulnerable

La UNAM y UAM cuentan con su propia Clínica del Sueño, el hospital Manuel Gea González tiene otra, hay algunas privadas; pero ninguna como la del Hospital General Ajusco Medio, que atiende a población de escasos recursos y sin seguro social, cuyo estudio puede ser gratuito en función de su vulnerabilidad.

El proyecto comenzó hace unos años, cuando Arias regresó de Alemania sin recursos propios para montar esta clínica, pero con la firme intención de estudiar la calidad del sueño en los mexicanos. La Secretaría de Ciencia y Tecnología del DF lo escuchó y apoyó con la firma de un convenio con la Secretaría de Salud local.

Arias fue apoyado por empresas alemanas que donaron la parte más importante del equipo que hoy le permite atender a sus pacientes.

“Falta inversión, claro, pero esto es apenas el principio y confiamos en que el próximo año nos destinen mayores recursos para que México cuente con más investigación sobre la calidad del sueño y su impacto en la calidad de vida. Está demostrado que mientras menos horas dormimos, la privación del sueño causa una degeneración en el cerebro”, concluyó.

Falta de estadísticas

El especialista Óscar Arias comentó México no tiene estudios epidemiológicos formales y mucho menos locales sobre los trastornos del sueño.

En función de las consultas que el médico da en el Hospital General Ajusco Medio, calcula que 40% de los mexicanos padece alguno de esos trastornos.

Entre los padecimientos más  frecuentes que atiende Arias están apnea obstructiva (dejar de respirar),  narcolepsia, síndrome de piernas inquietas y alteraciones en las etapas del descanso.