El brazo de don Quijote

Toscanadas.
Don Quijote de la Mancha.
Don Quijote de la Mancha. (Especial)

Ciudad de México

Cuando don Quijote sale a correr aventuras, “apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, entuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar, y deudas que satisfacer”, confiaba plenamente en sus propias fuerzas. Por eso, unas de sus metáforas preferidas se refieren a su brazo.

“Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos del imperio de Trapisonda, y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del extraño gusto que en ellos sentía, se dio prisa a poner en efecto lo que deseaba”.

O: “Casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa que de contar fuese, de lo cual se desesperaba, porque quisiera topar luego con quien hacer experiencia del valor de su fuerte brazo”.

O: “Don Quijote le preguntó cómo se llamaba, porque él supiese de allí adelante a quien quedaba obligado por la merced recibida, porque pensaba darle alguna parte de la honra que alcanzase por el valor de su brazo”.

O: “La vuestra fermosura, señora mía, puede facer de su persona lo que más le viniere en talante, porque ya la soberbia de vuestros robadores yace por el suelo derribada por este mi fuerte brazo”.

O: “Quiero decir que los religiosos, con toda paz y sosiego, piden al cielo el bien de la tierra; pero los soldados y caballeros ponemos en ejecución lo que ellos piden, defendiéndola con el valor de nuestros brazos y filos de nuestras espadas, no debajo de cubierta, sino al cielo abierto, puestos por blanco de los insufribles rayos del sol en el verano y de los erizados hielos del invierno”.

En esta última cita se menciona el brazo junto con el arma. Tal como en esta otra: “Pido esto con esta mansedumbre y sosiego, porque tenga, si lo cumplís, algo que agradeceros; y, cuando de grado no lo hagáis, esta lanza y esta espada, con el valor de mi brazo, harán que lo hagáis por fuerza”.

Fuerza, valor, brazo, espada, lanza. Todo suena caballeresco. Y para andar en esas andanzas hacía falta una hombría que hoy se quiere emular con un dedo en el gatillo.

Hoy, a don Quijote y Sancho no los habrían apaleado unos desalmados yangüeses, sino que algunos desconocidos los hubiesen rafagueado, colgado, calcinado, degollado, dando por terminada la novela en el capítulo quince con una estética de mal gusto digna de nuestros días.

O acaso se habría agregado un apéndice con una antología de tuiteos mediante los que las autoridades dijeron lamentar el final del Caballero de la Triste Figura y su noble escudero. Sin faltar el que solicite esclarecer el crimen o exija todo el peso de la ley contra los responsables.

Aunque más bien creo que hoy Don Quijote habría terminado en el capítulo dos, apenas en su primera salida, porque nuestro Estado que no sabe enderezar entuertos, pero sí torcerlos más, habría visto un enemigo en el bizarro justiciero de La Mancha.