[Multimedia] DSK, el eterno retorno

En la novela 'Karnaval' como en la obra 'Dios K', Dominique Strauss-Kahn es él y es otro mientras transita en medio de escupitajos frente a los tribunales de la Santa Inquisición.
Dominique Strauss-Kahn.
Dominique Strauss-Kahn. (Reuters)

Ciudad de México

Dominique Strauss-Kahn era el mandamás del poderoso Fondo Monetario Internacional. Estaba a un paso de la presidencia de Francia. Pero se le ocurrió acosar sexualmente a una camarera de un hotel en Nueva York. Tras la denuncia correspondiente y las visitas frecuentes a los tribunales estadunidenses tuvo que decirle adiós a su alto cargo y a sus aspiraciones políticas. También a su esposa. Han transcurrido cinco años desde entonces.

En aquellos días de humillación y vituperio muchos juntaron leña verde para llevarlo a la hoguera. Strauss-Kahn quedó marcado para siempre como un depredador sexual que echaba mano de su poder, su dinero y sus relaciones para ejercer una sexualidad desbocada.

Convertido en una aldea medieval, el mundo no olvida aún ahora un asunto por el que fue juzgado y condenado. Nadie recuerda al experto en finanzas por el ejercicio de su cargo o por su trayectoria política. Su nombre solo sale a relucir asociado con las tropelías sexuales que cometió. Sin duda su vida pública quedó hecha pedazos.

Hay quien ha encontrado en una historia de fondo bastante vulgar como la suya una suerte de tragedia griega clásica. Hace unas semanas llegó a los foros escénicos la obra Dios K, del dramaturgo español Antonio Rojano, que explora el contexto sociopolítico del caso y busca poner al descubierto las contradicciones de un militante de alto nivel en el Partido Socialista Francés que abusa sexualmente de una empleada de baja condición económica. El enfoque parece tener su seriedad.

La dramaturgia de Rojano tiene como punto de partida la novela Karnaval, que le valió en 2012 el Premio Herralde a su autor, Juan Francisco Ferré. En la novela como en la obra teatral, DSK es él y es otro mientras transita en medio de escupitajos frente a los tribunales de la Santa Inquisición.

La fórmula no es nueva. Otros ya le han sacado jugo a la pequeña gran tragedia de DSK haciendo de la suya una imagen virtual con nombre ajeno. Dos años atrás, Welcome to New York, una morbosa versión fílmica del escándalo, cayó en el vacío cuando nadie quiso meter un centavo para financiarla. Realizada con escaso presupuesto, ni siquiera encontró espacio en la programación del Festival de Cannes para su estreno. Hasta Gérard Depardieu se disculpó por haber interpretado a un DSK con otro nombre en una cinta con abundantes escenas de sexo explícito.

Pero eso no quiere decir que DSK haya conseguido escapar del escarnio público. En realidad sigue atado a la picota y el cine va otra vez tras sus pasos. El realizador estadunidense Brett Ratner acaba de anunciar que está por emprender la filmación de El libertino, una cinta en la que Johnny Deep interpretará a DSK viviendo su tragedia griega en tono de comedia. Por supuesto, la historia solo habrá de tomar como punto de referencia el drama original, lo que prueba que DSK sigue siendo un personaje con cierto poder… y con muy buenos abogados.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa