[Semáforo] Una propuesta descalza

Uno de nuestros errores más graves, como sociedad, es haber permitido que la lógica de las cantidades borrara la necesidad de pensar según la proporción.
Enrique Krauze
Enrique Krauze (Jesús Quintanar)

Ciudad de México

Enrique Krauze dice que es hora de propuestas, no de denuestos. Va. Estoy igual de enojado que él con nuestra actual situación, y también sé que las ideas de gran escala y calado tienen una inherente debilidad: pensar cansa y exponer ideas claras se nos ha convertido en una serie de monólogos. Los vociferantes quieren pleito, no cambio y no mejoría. Son tan ruidosos que apagan el diálogo y repiten la necedad de suponer que el mal encarna todo en su enemigo y que el único objetivo es acabarlo. Los planeamientos críticos que involucran al Estado entero son hoy muy necesarios, pero en medio de la refriega apenas hay quien se detenga a pensar en el diario afán y la vida simple.

Uno de nuestros errores más graves, como sociedad, es haber permitido que la lógica de las cantidades borrara la necesidad de pensar según la proporción. El mundo del cálculo financiero y de los dineros fiduciarios cree que toda vida económica tiene como objetivo el crecimiento y la ambición sin fin. Llega un momento en que pensar se vuelve la repetición de un síntoma; es decir: cuando no existe la autocrítica, uno deja de pensar; cuando la ideología no es sometida al baño de ácido de la duda, se convierte en necedad —y se defiende con la fuerza y la violencia, no con ideas.

Es indispensable que se debata y se vigile con lupa la inversión multimillonaria de los trenes o los aeropuertos. Pero poner los ojos en las cosas menuditas bien puede ser la salida a una luz nueva. Es esencial pensar fuera de la caja, imaginar cosas que no existen aún, pero que son posibles: de eso se nutre la inteligencia. No siempre tiene sentido, por ejemplo, imaginar evoluciones pokemónicas de la naturaleza humana, ni suponer los cambios que valen la pena como transformaciones gigantes. A veces basta con un pequeño cambio de perspectiva y, de pronto, de las cosas más pequeñas y humildes pueden surgir cambios más profundos que la servidumbre a la gran tecnocracia.

No pretendo que la propuesta que traigo sea una solución apoteósica. Todo lo contrario: es muy, muy humilde, pero puedo ver con claridad que uno de los más serios conflictos en este país consiste en que la organización básica —el pueblo, el municipio, la comunidad pequeña— está dada al traste, por dos lados: uno, que ha perdido viabilidad económica bajo las patotas de unas burocracias paquidérmicas que piensan en cantidades y poder, no en bienestar y proporción; dos, la pequeña comunidad está rota porque el Estado y las organizaciones criminales destrozaron la convivencia (y aquí recomiendo regresar a la idea de Iván Illich acerca de lo que se tradujo como "convivencialidad").

No es recomendación: es propuesta. No es un video que "está padre": es el origen de una verdadera autarquía. Es un video que está en YouTube: "Escuela de descalzos por Bunker Roy". Vaya usted y vea, escuche, cómo la pobreza no es solamente una carencia de dinero; que una convivencia creativa y colaboradora es de suyo la inmunidad contra la miseria. Otro modo de pensar.