Dolores Batista

De culto
De culto (Especial )

México

A principios del siglo XX, Ambrose Bierce desapareció de forma misteriosa en las tierras de Chihuahua. En 1936, después de visitar las barrancas chihuahuenses, Antonin Artaud regresó a Francia en donde fue internado en un manicomio. Había ido a esas tierras del norte de México en busca de las raíces de una cultura mágica. Allí probó el peyote y entró a mundos que le ayudaron a esbozar la poética de El teatro y su doble.

Por esos mismos años, Alfonso Reyes publicó Yerbas del tarahumara. A través de la descripción del peregrinar de ese grupo indígena, metaforizó el mundo de los habitantes de la sierra de Chihuahua. Décadas después, escritores chihuahuenses como José Vicente Anaya, Víctor Hugo Rascón Banda y Carlos Montemayor hablaron de los tarahumaras en sus textos poéticos, dramáticos y ensayísticos.

A la par, a finales de la década de 1980 surgió de la Sierra Madre Occidental la poeta Dolores Batista, una voz que hablaba de los tarahumaras desde el corazón de las montañas. Fue una habitante más de aquellos parajes e hizo poesía que tocaba las preocupaciones de sus coterráneos y su visión del mundo, resaltando el carácter animista de la sierra.

Batista no solo escribió poesía; ayudó al rescate de la tradición oral, celebraciones religiosas, costumbres y creencias de los pueblos de Chihuahua, defendió los derechos de los indígenas y grabó audiolibros que recogían leyendas, mitos y cuentos rarámuris. Auxilió también en la elaboración de un libro imprescindible en el aprendizaje del tarahumar: Ralámuli Ra´ichábo! (¡Hablemos el tarahumar!). Como compiladora, colaboró en títulos como Ojí mukí chigorame (El oso que robó una mujer) y ´Rikubiri (Las monas de piedra).

Dolores Batista salía con frecuencia de su tierra para hablar de su cultura. Con la vestimenta tradicional tarahumara, se le veía recitar sus poemas en español y tarahumara, entreverando un discurso que pedía el apoyo de su raza.

Murió a los 39 años. Dejó algunos poemas dispersos y un cuadernillo bilingüe de narraciones tradicionales titulado Ra´ósari (Amanecer). Los elementos de la naturaleza son constantes en su poesía y se nota su congoja por la destrucción del medio ambiente: "Si pudiera hablar el monte/ esto es lo que nos diría:/ No me quites el respiro/ no me quites las piernas ni los brazos. Tú, el que esto hace/ tu propia vida estás acabando".

Creció rodeada por el viento del pueblo chihuahuense de Bocoyna y murió envuelta por él. Fue una mujer de viento que hizo versos, y reencarnó en ellos.