Doblegar a los griegos

Pese a votar por el “No”, de todas maneras tendrán que sufrir las consecuencias de un nuevo y brutal paquete de austeridad.
Ángela Merkel.
Ángela Merkel. (Fabrizio Bensch/Reuters)

México

Ahora que, a pesar de su victoria en el referéndum, el gobierno griego ha propuesto a las autoridades políticas y financieras europeas un plan de austeridad comparable —o incluso más duro— a la propuesta sobre la que se negociaba antes de que Tsipras decidiera convocar a la consulta, la mayoría de los análisis ponen el énfasis en que para terminar en el mismo sitio no valía la pena realizar todo ese alboroto. Asimismo, se hace hincapié en la decepción de los griegos, que, pese a votar por el “No”, de todas maneras tendrán que sufrir las consecuencias de un nuevo y brutal paquete de austeridad.

Sin embargo, las grandes transformaciones históricas por lo general suceden de manera gradual, en una especie de acumulación de ideas, eventos, prácticas, etcétera, hasta que las condiciones se encuentran listas para que se produzca un cambio de paradigma. Es decir, incluso cuando hay algún evento espectacular que detona, por ejemplo, una revolución, el estallido no surge de un vacío, sino de la reunión de muchos elementos previos que confluyen en ese suceso particular.

En ese sentido, por más que los griegos tendrán que seguir soportando brutales medidas que continuarán sufriendo los estratos poblacionales más desfavorecidos —y todo en el fondo para que los bancos y los grandes inversionistas no pierdan dinero—, esta crisis ha servido para poner de manifiesto con absoluta claridad la subordinación de la política frente al sistema financiero, que es finalmente el verdadero cimiento a partir del cual se estructura el resto del orden sociopolítico. De manera más o menos abierta, es preferible el hambre de los pensionados que la pérdida de algo de dinero por parte de las grandes fortunas. Como expresaron cinco prominentes economistas —entre los que se encuentran Thomas Piketty y Jeffrey Sachs— en una carta abierta a Angela Merkel, el impacto humanitario de la austeridad “ha sido colosal: 40% de los niños viven bajo pobreza, la mortalidad infantil se ha ido por las nubes, y el desempleo juvenil roza el 50%”, pues “la medicina recetada por el ministro de finanzas alemán y por Bruselas ha desangrado al paciente, no curado al enfermo”. Finalmente solicitan “un repensar humanitario del punitivo y fallido programa de austeridad de los últimos años”. Si bien sabemos que figuras como Merkel no son susceptibles de este “repensar humanitario”, por más que de momento los griegos hayan sido nuevamente doblegados, no hay que subestimar el precedente sentado por este gesto de rechazo brutal a un orden cada vez más desigual, que incluso en los países más desarrollados comienza a alcanzar niveles de pobreza y tensiones sociales insostenibles.