Disparos fallidos

En dramaturgia, sin importar el género, las reglas deben saberse romper.
Lamentable ejercicio de realización.
Lamentable ejercicio de realización. (Especial)

México

En la película hay tres ideas afortunadas: la primera reside en que Mariano tiene mucho calor, encuentra una pistola en la bodega de su casa y, sin preámbulo, se apunta en la cabeza y dispara: yerra el tiro. Después se la pone en el abdomen y vuelve a disparar; la secuencia siguiente nos plantea que Mariano se salva, pero los doctores no saben dónde está la bala porque ninguna radiografía la detecta. Sin embargo, Mariano está consciente de que sí se dio un tiro; cuando el psiquiatra le pregunta por qué lo hizo, responde que no quería suicidarse, que fue por el calor, un impulso para quitarse la sed.

La segunda es que la madre de Mariano, después de comportarse de forma melodramática escondiendo cuchillos y artefactos para que Mariano no vuelva a intentarlo, se mete cualquier cantidad de somníferos y está a punto de morir; cuando los doctores la salvan, le preguntan por qué lo hizo y contesta lo mismo: el calor, la dejadez, que ella no pretendía suicidarse.

Y la tercera radica en que el psiquiatra, después de interrogar a la madre, le propone ir al diván para saber si hay algún efecto; la madre se acuesta en el diván, el doctor se sienta en su sillón particular en actitud freudiana, esperan en silencio y después de un instante el psiquiatra se da cuenta de que no hay ningún efecto.

Es evidente que Dos disparos se trata de una farsa que va de la mano con el absurdo; sin embargo, en dramaturgia, sin importar el género, las reglas deben saberse romper si es que se trata de eso, so pena de caer de bruces por intentar una genialidad que solamente conduce a tres ideas que se convierten en chistes sin conexión, en simple anécdota. Por eso la historia no crece dramáticamente sino al contrario, la detiene y sucede desde el planteamiento, pues el autor demuestra hasta el cansancio que no sabe qué quiere contar.

Después de los chistes provocados por los dos disparos, vienen muchos diálogos, situaciones que intentan otros chistes que ya no son afortunados porque el autor solo le da importancia al diálogo y la farsa se desmorona como castillo de arena: la pura conversación aburre hasta el tuétano.

La película intenta jugar con los dos géneros, pero falla, convirtiéndose en un lamentable ejercicio de realización: por más que la película proponga devastar el lenguaje audiovisual o la farsa y el absurdo, como lo hace Godard con muy malas intenciones, se queda en chistes banales que no emocionan ni causan risa por ningún lado que se les vea. Son disparos fallidos.

 

Dos disparos” (Argentina, 2014), dirigida por Martín Rejtman, con Rafael Federman y Manuela Martelli.