Devoción por el cine

Harto hay de gozo cinéfilo en este catálogo de Cane. Y por partida doble. El proveniente de un conocimiento enciclopédico y el generado en el lector.
Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs
Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs (Especial )

México

Fue por ahí del 81, a sus siete años, que Miguel Cane se introdujo por primera ocasión en una sala cinematográfica. El rumbo, cuál más sino el de la añeja colonia Condesa. Un palacio donde se proyectaban solo películas desde entonces "de antaño", y que ahora funciona como librería posmoderna. "De antaño", permítaseme entrecomillar, y es que al paso de los años, ya más de 30, esos mismos filmes siguen caracterizándose así, mientras que uno mantiene la esperanza de que vuelvan a existir sitios como el Bella Época, para poder gozar de "programas dobles de cintas clásicas".

Mucho me temo que en la realidad de nuestros días no quepan espacios tales. Un tiempo en que la industria del cine concentra o descentraliza sus diversos procesos, poniendo siempre la mirada en la recuperación de los montos económicos invertidos. ¿Qué beneficio monetario puede tener ahora, frente a la costumbre del cine en casa y de las películas "bajadas" de internet, volver a los clásicos de la manera más clásica? Atormentada pregunta.

Pero no es momento de pesimismos. Por el contrario. De festines en torno a esa maravillosa experiencia, entre lumínica y alquímica, que nos revive el propio Cane (Ciudad de México, 1974), con la edición de Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs. Un altar portátil de la más variada idolatría cinéfila, ilustrado por Ana Bustelo y con introducción de Daniel Krauze, segunda empresa editorial que el autor realiza en torno a su pasión por la pantalla ¿grande?, al tiempo que recordamos Íntimos extraños (2006), una colección de entrevistas antes publicadas en la revista MILENIO Semanal.

Harto hay de gozo cinéfilo en este catálogo de Cane. Y por partida doble. El proveniente de un conocimiento enciclopédico sobre lo mejor de la cinematografía planetaria, y el generado en el lector que recorre cada una de las letras del abecedario. Así de sencillo y asombroso. Donde en la primera está el redescubrimiento de Allen, Woody ("la quintaesencia del neoyorquino neurasténico con plétora de fobias") y en la última Zinnemann, Fred (el célebre director de origen austriaco ganador de cuatro premios de la Academia que hiciera debutar en Julia a Meryl Streep).

Dueño de una prosa de "urdimbre intertextual", identifica Krauze, Cane logra en este Diccionario... lo que cualquiera pensaría como tarea de la academia y la crítica especializada. Posible desde el rigor del periodismo, no exento de códigos y órdenes, y que al nutrirse de las pasiones de su ejecutante se torna en resultados tan panorámicos como puntuales. Polivalentes, apunta Krauze (autor de libros como Cuervos, Fiebre, Fallas de origen).

No se confunda el lector. Que el extenso listado cinéfilo de Cane (unos 250 nombres, además subrayados en cada una de las entradas) contenga la palabra mitómano nada tiene que ver con sus connotaciones negativas. Sí con "alguien que siente adoración o fervorosa devoción por los personajes famosos, las películas memorables y los elementos que las componen: una frase, una localización, una presencia, un objeto de intriga, o bien, deseo". Cane, usted y yo.

¿Judy Garland? Está. ¿Gene Kelly? Está. ¿Coppola? Está. ¿De Palma? Está. ¿Marcello? Está. Buñuel, Almodóvar, Mia Farrow, Rita Macedo, De Niro, Liza Minnelli y hasta La Pantera Rosa... están en Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs.

También, memorables, los Cinco besos robados que nos hicieron sonrojar en la butaca y las Cinco muertes memorables que nos arrancaron lágrimas, incluida la confesión de cuando a Cane, su madre, "devota" de Hitchcock, De Niro y los musicales a color, lo sacó en brazos del cine la primera vez que vio Bambi, "tratando de consolar mi angustiado (¡y mortificante!) llanto".