Devoción al Señor del Zelontla en el "Real"

Familias enteras llevan a niños pequeños para ser cubiertos por el santo.
“Pues mi padre decía que el Señor los protegía, le fue casi tan devoto como a la Virgen de Guadalupe...”
“Pues mi padre decía que el Señor los protegía, le fue casi tan devoto como a la Virgen de Guadalupe...” (Héctor Mora)

Mineral del Monte

Feria del Dulce Nombre, así nombran los pobladores de Real del Monte a los días en que recuerdan a su santo patrón, el Señor de Zelontla, la tradición heredada de un pasado minero al que no renuncian, y que por siglos les dio identidad.

La mitad del pueblo está dentro de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario escuchando misa, la otra mitad aguarda afuera el momento en que podrán entrar para santiguar a los niños con el manto de un Cristo mártir que en su mano derecha carga una lámpara de carburo, la misma que por años usaron los mineros de la región.

“Mi padre trabajó toda su vida en la mina, y digo toda su vida porque antes desde los diez años los ponían a hacer faenas, él fue quien me enseñó la devoción al Señor de Zelontla, el que desde niña me trajo para que me bendijera el santo. Venir hoy con mis nietos es más en honor a su memoria, es una tradición que nos inculcó y algo de lo poco que puedo enseñarles.”

Sofía esperó afuera del templo la mayor parte de la misa con dos niños tomados de la mano, escuchó paciente el mensaje del párroco sobre la importancia del evangelio en la educación de los pequeños, los avisos sobre la paciencia que los fieles deben mostrar en un día así; y cuando el sacerdote se encaminó al atrio bendiciendo con agua a la muchedumbre, ella se abrió camino entre la gente para llevar a sus nietos frente al santo.

“Pues mi padre decía que el Señor los protegía, le fue casi tan devoto como a la Virgen de Guadalupe, desde niñas nos dijo que cuidaba de la salud de los mineros, que les daba fuerza para las jornadas tan pesadas en la mina. Murió enfermo y pobre.”

El gran día es este domingo, familias enteras llevan a los niños pequeños para que, hincados en una vieja caja de madera que alguna vez almacenó dinamita, sean cubiertos con el manto del Señor de Zelontla. Unos dicen que así les garantiza salud el resto del año, otros que es la manera de recordar cuando sus familias vivían de la minería, la mayoría no sabe por qué lo hace, solo es una tradición.

“La tradición cambió mucho: recuerdo que de niña eran muchas las cajitas adornadas. Pero la minería acabó con nuestros cerros y con nuestra gente, hoy no tenemos más que tradiciones, ¿pero de qué otra forma nos sentimos identificados con un lugar?”

Adentro y afuera del templo hay una romería: mientras en la iglesia se escuchan cantos y llantos de niños abochornados por el calor de la gente, afuera hay una populosa feria que terminará por la noche con un torito de juegos pirotécnicos. Hay dos realidades que se encuentran por tres días, y los habitantes de Real del Monte han aprendido a vivir con ambas.

“La mayoría de los mineros que conocí murieron como mi padre: afectados por la silicosis y sin una pensión digna para mantener su vejez. Le debemos a la minería mucho en Real del Monte, es nuestra identidad; pero me gusta pensar que ella tiene una deuda con todos ellos y con sus familias, fueron siglos de explotación, y casi nada de esa riqueza se quedó en el pueblo.”

Hoy su pueblo vive otra dinámica, la gente piensa más en cómo recibir turistas, la minería se convirtió en historias y leyendas.

Una tradición

La Feria del Señor de Zelontla es un gran acontecimiento. Desde el viernes inició la fiesta, el santo fue bajado de su nicho, le vistieron con mantos nuevos, encendieron la lámpara de sulfuro que lleva en su mano derecha, y cada ministerio de la iglesia se dio tiempo para ofrecerle cantos, ofrendas y rezos previos a la peregrinación que harán con la imagen a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, para una manifestación más de devoción y fe.

Todo el sábado les hacen guardia, en espera de la peregrinación parte a las siete de la noche, cuando la imagen de Nuestra Señora del Rosario aguarda a la entrada del templo del Señor de Zelontla, para después partir en una breve caminata a la iglesia principal, entre cantos, juegos pirotécnicos, y la mirada curiosa de cientos de turistas que están de paso por el pueblo mágico.

El domingo los fieles llegan con los niños para bendecirlos con el manto del Señor, al término de la misa de medio día meten a los pequeños en una caja de madera y los santiguan con las prendas del santo. Y en la noche regresará a su casa, una procesión lo llevará de vuelta entre himnos y juegos pirotécnicos, donde esperará otro año para ser nuevamente ungido como el santo patrón de los mineros y de Real del Monte.