Destacan su papel como educador, crítico y polígrafo

No me preguntes cómo pasa el tiempo, central para mi generación: Luis Miguel Aguilar.
Fue un maestro en todos los géneros literarios que exploró.
Fue un maestro en todos los géneros literarios que exploró. (Mónica González)

México

Ganador de premios como el Alfonso Reyes, el doctorado honoris causa de la  Universidad Nacional Autónoma de México, el Cervantes y la Medalla Bellas Artes, ayer falleció el escritor mexicano José Emilio Pacheco.

El adiós del autor de obras como La sangre de Medusa y otros cuentos marginales, El viento distante, El principio del placer y Las batallas en el desierto entre otros, conmocionó al mundo de la cultura en general.

El escritor Vicente Quirarte se refirió a José Emilio Pacheco de la siguiente forma en el prólogo del libro Los días que no se nombran. Selección de poemas 1985-2009, publicado por la Cámara Nacional de la Industria Editorial en 2011, durante la celebración del Día Internacional del Libro: “Maestro en todos los géneros literarios que cultiva, José Emilio dejó de apostar todas sus cartas a la idea de El Libro, para emprender, mediante textos breves e intensos, un combate contra la ignorancia, la indiferencia y el olvido. Con sus ediciones, prólogos, notas e inventarios, José Emilio es uno de los más importantes historiadores y críticos de la literatura mexicana, uno de nuestros auténticos educadores. Su importancia proviene no solo de su fecundidad  sino de su preocupación por aventurar nuevos juicios o por corregir rumbos trillados…”. 

El periodista y escritor José de la Colina mencionó que la mejor herencia que dejó Pacheco son sus libros: “Debo decir que a mí los que más me gustan son los primeros”.

Explicó que su muerte representa la pérdida de una parte de su vida: “Conocí a José Emilio hace más de medio siglo. Nos tratábamos mucho. Discutíamos de toda la literatura. Me acuerdo que le discutía mucho su admiración por Jorge Luis Borges, y él me cuestionaba mi gusto por Ramón Gómez de la Serna. Al final de cuentas coincidíamos en la admiración del otro por cada uno de estos escritores”, dijo el colaborador de MILENIO.

El fotógrafo Rogelio Cuellar, contó que su herencia más importante se encuentra como narrador, poeta y ensayista; su compromiso personal con la historia y la investigación, con su manera de transmitir la verdadera historia contemporánea, la vida cultural y política.

Para el colaborador del suplemento Laberinto, de MILENIO, la fotografía más emblemática que le tomó a Pacheco fue en su comedor, en medio de un mar de libros: “Cada vez que lo visitaba le decía: ‘José Emilio, te tengo que tomar unas fotos’, y él me contestaba: ‘No, no, no, hay mucho reguero de libros’. Y un día que llegué, me dijo: ‘Rogelio que bueno que viniste, necesito un favor. Ayúdame a mover tres filas de libros, para sacar un texto que está detrás de ese librero’. Le respondí que lo haría con una condición: hacerle un retrato en el comedor. Él me respondió que sí, pero que se pondría una gabardina que nunca usaba”.  

El escritor Luis Miguel Aguilar comentó que para su generación, los poetas nacidos a mediados de los 50, hay un libro de José Emilio Pacheco: No me preguntes como pasa el tiempo que fue fundamental: “José Emilio metió a la poesía mexicana en una zona coloquial, conversacional, mezclada con grandes lecturas, mezclada con la literatura, no como un pasatiempo, divertimento o un acaso, sino como una cosa fundamental. Este libro cambió en muchos sentidos el rumbo de la poesía mexicana”.