Cuando el semáforo está en rojo

El desempleo y el abandono escolar son factores que laceran el desarrollo de los jóvenes mexicanos, que en ocasiones utilizan como escenario la calle para perseguir unos pesos.

Gómez Palacio, Durango

En el cruce de la calzada Agustín Castro y la calle Independencia en Gómez Palacio, dos jóvenes están dispuestos a entregarse al espectáculo, atentos al cambio de semáforo, esperan a que el rojo les marque acción. Sin previa presentación comienzan el show.

Juan Luis Campos, "el Sepi" de 23 años y Óscar Chairez, mejor conocido como "el Naype" de 25, hacen mancuerna.

Tienen al menos un minuto para mostrarse a su público, "el Sepi" utiliza cuatro clavas y "el Naype" tres.

Mentalmente llevan la numeración: "uno, dos, tres, pase". Dominan el ritmo y sus espectadores motorizados están atentos a su destreza.

"Difícil es caminar en un extraño lugar. En donde el hambre se ve, como un gran circo en acción. En las calles no hay telón, así que puedes mirar como único espectador. Te invito a nuestra ciudad" (Gran Circo, La Maldita Vecindad)

Juan, quien usa una banda en el cabello y luce lentes espejeados grita "¡Lluvia!", Óscar el chico de rastas, conoce la clave y de inmediato cambia la dinámica y así las 7 clavas que van de unas manos a otras, vuelan en el aire simulando una precipitación de colores.

Cerca de ocho carros hicieron fila en el espectáculo.

El verde llegó a arruinar la fiesta y solo dos conductores que reconocieron el esfuerzo, bajaron el vidrio de sus autos para regalar una moneda a los malabaristas.

Juan Luis Campos platica que hace 4 años comenzaron a trabajar bajo el semáforo. Dice que él estudió hasta la secundaria. Óscar llegó a la prepa. Ambos tienen que mantener dos bocas, las de sus parejas y las de sus bebés.

Al preguntarles cuál es la razón del por qué realizaban esa actividad, "el Sepi" se acercó más a la grabadora y en tono claro contestó: "Por diversión, como trabajo y para sobrevivir".

Parecida fue la respuesta de "el Naype", quien además mostró su deseo de estudiar una licenciatura en Diseño Gráfico.

Juan Luis y Óscar dejaron de estudiar para poder mantenerse. Cuentan que los malabares los aprendieron de un amigo y la práctica los ha llevado a ofrecer el mini espectáculo cuando el rojo así se los indica.

Ambos son parte de una realidad que viven muchos jóvenes que han tenido que abandonar la escuela para dedicarse a actividades que les deje dinero para ayudar a sus familias o para ahorrar y retomar las clases, así como "el Naype" que espera algún día juntar dinero para terminar la preparatoria y así estudiar la licenciatura de Diseño Gráfico que anhela.

La deserción escolar es un reto pendiente por enfrentar en la mayoría de las entidades del país.

Por ejemplo Coahuila registró un alto porcentaje en el abandono de las aulas, al ocupar el lugar 32 en el ciclo 2013- 2014, según lo informó Demetrio Zúñiga Sánchez, subsecretario de Educación en La Laguna.

Zúñiga Sánchez refirió que la deserción se acentúa más en secundaria. Según un artículo titulado "El abandono escolar en el nivel secundaria: descuido en la agenda educativa actual", publicado en el sitio de información científica Redalyc, describe que Coahuila a pesar de ser un Estado con alto índice de Desarrollo Humano (IDH) con 0.776, presenta con la segunda tasa de abandono más alta en el país con 7.7% en ese nivel académico.

A comparación de Nayarit que registra un IDH menor (0.749) pero mantiene un porcentaje bajo en abandono escolar con 2.1%.


EL SHOW TIENE QUE CONTINUAR

Mientras los jóvenes se ausentan de las aulas, las esquinas de las calles los acogen para servirles de escenario, un espacio que aprovechan "el Naype" y "el Sepi", quienes dicen ganar entre 350 y 400 pesos por día, trabajando un horario de mañana y de tarde.

Refieren que la ganancia varía mucho, así como hay días buenos también existen los malos.

Navegando entre la incertidumbre, todos los días hacen 'la cruz' esperando que sean más los días buenos, como cuando su arte es reconocido por algunos conductores que les han otorgado billetes.

"Hay gente que sí te da un billete, de 100, 200 pesos, hasta los dólares, nos dicen que qué estamos haciendo aquí, que mejor deberíamos estar en un circo, eso nos hace sentir bien, es como un aliento para nosotros", expresó "el Naype".

Al tocar el tema del por qué no buscaban un trabajo que les ofreciera una estabilidad económica, ambos manifestaron que prefieren manejar sus tiempos que meterse a un empleo donde tengan que laborar muchas horas y ganar poco, aparte refirieron que es difícil encontrar uno.

"Naype" y "Sepi" no sólo son parte de las estadísticas de deserción, existe otro problema social que los lacera directamente a ellos y a muchos jóvenes del país: el desempleo.

En una nota publicada en 'El Economista', se describe que Durango y Coahuila se encuentran entre los estados que presentaron tasas desempleo superiores al 5% de la Población Económicamente Activa (PEA), con 6.9 % y 5.2 % respectivamente durante el 2015, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Las estadísticas son desalentadoras, los jóvenes se enfrentan a una realidad donde la posibilidad de estudiar se ve lejana y los empleos a los que pueden acceder se suman a su desesperanza.

Óscar Chairez compartió la historia de un amigo que se salió de hacer malabares para trabajar de albañil, al creer que en ese trabajo encontraría una estabilidad económica.

"Llegó todo flaco y nos dijo que ya no quería trabajar de albañil pues era muy mal pagado, nos dijo que lo que sacó en una semana, lo gana haciendo malabares tres días".

YOYO CHINO: EL JUGUETE QUE MANTIENE A CHUY

En otro punto de Gómez Palacio, es turno del acto de Jesús Hernández Gurrola, "Chuy", el mismo joven de quien habló "el Naype", el amigo que quiso buscar estabilidad económica trabajando de albañil.

El ligero aire de esa mañana sacudía la melena lacia de Chuy, un muchacho delgado y larguirucho tomó el juguete con el que se gana unos pesos todos los días y entró en acción.

Su escenario sin telón se ubica en el bulevar Miguel Alemán, a la altura de un centro comercial. Un hilo y un objeto en forma de yoyo que desliza de lado a lado es su herramienta de trabajo.

Con unos tenis DC heridos por el tiempo, Chuy se planta frente a los automovilistas, todo parece silenciarse. El hilo pasa desapercibido en cuanto el Yoyo sube, cae, pasa de lado a lado.

Los ojos del chico flaco no apartan la vista del objeto de plástico que por momentos parece ser seducido por el suelo.

Los movimientos de Chuy simulan que el artefacto es una exención de su cuerpo. Se nota que ha entrado en calor, pues el grado de dificultad aumenta, sus piernas también entran en la atmósfera del espectáculo, entre ellas desliza el artefacto para después lanzarlo en el aire y atraparlo en el vuelo. Levanta la mano en señal que ha sido todo, el verde acentúa su conclusión.

Camina entre los conductores, de seis espectadores, solo uno reconoció su esfuerzo, Chuy se muestra agradecido y espera que el día mejore.

Al terminar su acto, alguien busca saber de su vida. Con la mirada baja y tomándose el cabello, acepta contar que hace 3 años comenzó a malabarear bajo el semáforo, aprendió por amigos y por videos en internet, en la actualidad tiene 18 años y confesó que sólo estudió el primer año de prepa, la razón: no contar con los recursos suficientes para continuar.

"Vivo en Castilagua en Lerdo con mis papás, les ayudo con lo que saco aquí, que son entre 150 o 200 pesos por 5 horas", agregó a la charla.

Sobre su experiencia de trabajar de albañil, platicó con desilusión que pensó que ganaría más para ayudar a sus papás.

"Sacaba mil 200 por semana de 8 de la mañana a 7 de la tarde, para ganar 200 pesos por día era demasiada friega, por eso ya no regresé y volví acá a darle al sema".

Chuy encontró en el escenario de la calle, una manera más amable de mantenerse y es que la comparación es abismal: por trabajar 11 horas al día de albañil accedía a 200 pesos.

Entre esas dos realidades detectó nobleza en el trabajo de semáforo, pues esa misma cantidad la gana trabajando la mitad del tiempo.

"La obra es más cansada, pero si me gustaría otro trabajo porque está complicado aquí (en el semáforo) mucha gente se enoja y te anda atropellando, te faltan al respeto".

Al preguntarle cuál era el plan para acceder a ese otro empleo, Chuy respondió con la simpleza de su pícara sonrisa: "pues primero me voy a cortar el cabello y luego dejar solicitudes".

- ¿Cómo se visualiza Chuy en un futuro? "Ya con un trabajo bueno, acabando una técnica de mecánico y con una casa".

Así con sus sueños encapsulados, toma su juguete y retoma su acto.

"LA CALLE ES SIEMPRE EL PRIMER ESCENARIO"

La necesidad y la falta de oportunidades ha empujado a que jóvenes como Óscar, Juan y Chuy, encuentren en la calle un espacio para presentar algún acto de circo que les retribuya en algo de dinero.

Sin ningún tipo de estudios de circo, sirviéndose de videos de internet y perfeccionando la técnica en el diarismo del semáforo, algunos jóvenes alcanzan niveles sobresalientes en sus actos.

Claudia Caballero y Alfonso Guzmán Cervantes, licenciados en Artes Escénicas y Circenses refieren que "la calle es siempre el primer escenario".

Alfonso opina: "si tu escenario es el semáforo, entonces hay que dignificar el semáforo, yo creo que ningún escenario es menos importante".

Sobre los chavos que realizan actos de circo en la calle, como manera de manutención, Claudia comentó que ella no está en contra de esos jóvenes, incluso mostró admiración hacia ellos.

"Nosotros lo hicimos durante algún tiempo y no descartamos la posibilidad de hacerlo otra vez, es bueno saber que jóvenes con ganas de trabajar puedan recurrir a estos medios para ganarse la vida".

"El trabajo, en este caso el arte circense en los semáforos o en las calles, es una alternativa que ayuda a muchas personas a conseguir algo de dinero", agregó.

Por otro lado también consideran que urge dignificar el oficio del circo. Del que se realiza en la calle.


Alfonso explicó que de un tiempo para acá se tomó al circo de moda y mucha gente tuvo alcance a la técnica mediante videos que buscaban en internet.

"Lo que ocasionó un movimiento importante para el circo en nuestro país, fue tanta la demanda que este grupo generó, que ahora ya contamos con una licenciatura en arte circense", afirmó.

Claudia vuelve al ejemplo de los chavos que trabajan en la calle por necesidad o gusto y compartió que mucho del tabú de dedicarse al arte, en este caso al circo, es la opinión: "No estudies arte porque mira cómo vas a terminar trabajando bajo un semáforo".

"Quizás esto se deba a la falta de apoyo y el desinterés por el arte en nuestro país, los espacios para las expresiones artísticas son limitados o muy difíciles de conseguir y la mayoría de la veces cuando logras dar con un buen escenario para presentarte te piden que lo hagas de manera gratuita, lo que pudiera convencer al artista que de esto no se come", opinó.

Agregaron que es válido hacerlo por necesidad, pero dicen hay que lograr que la perspectiva cambie haciendo cosas diferentes.

Ambos establecen que actualmente el arte circense se presenta de diversas formas, dicen que el circo antes era únicamente asombro, habilidad y destreza.

"Y ahora tiene un contexto, los actos transmiten emociones, sentimientos o un mensaje, ya no son solo maromas y malabares, ya se debe contar una historia".

Entre la idea de dignificar el oficio del circo y de utilizarlo como manera de manutención puede haber una brecha enorme de opiniones.

"Nosotros queremos cambiar al circo, simplemente se está yendo para abajo por el tema de los animales y la forma en la que la gente ve los espectáculos callejeros, entonces es necesario renovarlo y hacerlo crecer, se necesita una nueva visión y eso es lo que no se ha podido lograr", comentó Claudia.

Además refirió que la calle y el semáforo está abierto para quien tenga habilidad, pero señaló que sí hay que darle la importancia a apostarle otro tipo de expresiones.

Entre la idea de dignificar el oficio del circo y de utilizarlo como manera de manutención puede haber una brecha enorme de opiniones, mientras tanto la realidad siempre saldrá a flote y la calle seguirá siendo el escenario sin telón de aquellos que presentan su espectáculo, cuando el semáforo está en rojo.