“Delta de las arenas”, una vía literaria hacia la conciliación

Al conflicto político se le opone la convivencia de las letras de las dos culturas, como se observa en el libro recopilado por Rose Mary Salum.
La escritora también es directora de la revista Literal.
La escritora también es directora de la revista Literal. (Especial)

México

 El conflicto árabe-israelí no parece tener fin; incluso cuesta trabajo escribir al respecto por el silencioso deber de tomar partido. Pero desde la literatura hay más campo para reflexionar y, en especial, imaginar la convivencia entre ambas culturas: “Si no empezamos por imaginar que eso es posible, difícilmente podría hacerse realidad”, aseguró Rose Mary Salum, quien se encargó de compilar los textos del libro Delta de las arenas. Cuentos árabes, cuentos judíos (Literal Publishing, 2013).

“Cualquier antología resulta ser un ejercicio de la imaginación y, en el sentido más estricto, para que algo suceda antes se tiene que imaginar: ¿cómo vamos a encontrar caminos de interacción entre ambas culturas si no se imaginan antes espacios de convivencia, donde la interacción se puede dar y puede fluir fácilmente sin necesidad de pensar en armas, en conflictos, en odios, en espacios geográficos y territoriales, de pertenencia?

“En el arte se pueden generar espacios donde se puede concebir una realidad previa, para que pueda fluir por sí sola, donde resulte familiar un espacio de paz y de convivencia, a fin de que el espacio realmente exista”, dijo Salum.

Con ese convencimiento, en el volumen aparecen autores como Carlos Azar, Marcelo Cohen, Ariel Dorfman, Margo Glantz, Bárbara Jacobs, Carlos Martínez Assad, Naief Yehya, Lina Meruane, Angelina Muñiz-Huberman o León Rodríguez Zahar, quienes en este lado del mundo han establecido una relación mucho más estrecha, quizás gracias a la distancia geográfica, pero también al sincretismo con la cultura a la que pertenecen.

“Es la distancia geográfica la que permite tener mucha más objetividad respecto a esos conflictos y a la convivencia, a la situación en que nos encontramos también insertados en tradiciones latinoamericanas: cargas con esa otra parte, con ese canal que está presente y, de pronto, resulta incómodo o te sirve para acceder a otras áreas del saber”.

Ninguno de los escritores se siente solo judío o árabe, sino que hay una tercera cultura que, desde la perspectiva de Salum, resulta la más importante, porque los cuentos están hechos en español y hay una visión un poco hasta lúdica con respecto a tradiciones o palabras raras.

“En varios de los cuentos hay un cuestionamiento con respecto a esta otra identidad del propio escritor, pero en América Latina, las dos culturas se han acogido, se han respetado, se han dado su lugar una a la otra, aun cuando están conscientes de la metáfora de la guerra, donde esos pleitos resultan absurdos desde la óptica latinoamericana”, afirmó Salum.

En la compilación se encuentran relatos que abordan el conflicto, pero muchos otros que siguen las tradiciones a partir del significado de vivir en Latinoamérica con esta herencia, un poco distinta a la que es común entre los demás, explica la escritora, quien comenzó con el proyecto a partir de un encargo más específico: reunir cuentos de escritores con raíces árabes, pero radicados en el continente americano.

“Cuando estaba haciendo la antología y comencé a leer todo el material que me llegaba, me preguntaba si los escritores judíos utilizaban los mismos temas a los que recurrían los escritores de origen árabe, que tiene que ver mucho con la familia, con las tradiciones, con la herencia de padres y los abuelos; entonces surgió la idea de hacer una colección así, porque además no se había hecho nada por el estilo, ni en México ni en Latinoamérica.”

No se había producido un volumen como Delta de las arenas. Cuentos árabes, cuentos judíos, a decir de Salum, precisamente porque el tema entre árabes y judíos se concibe solo como un problema y “pensé que también, a través del arte, de la literatura, se podía lograr una conciliación”.