Delhi es de Octavio Paz

Paz tiene muchas ciudades en el mundo, pero en Asia la suya es Delhi, no hay ninguna duda.
Octavio Paz
(Conaculta)

Ciudad de México

Acabo de pasar unas semanas en Delhi, ciudad en la que fui diplomático y donde tengo muchos amigos, y nada más llegar, al percibir ese inconfundible aroma del aire, una mezcla de flores descompuestas, humo de madera, combustible y contaminación, me vino de inmediato, como siempre, la evocación de Octavio Paz.

Paz tiene muchas ciudades en el mundo, pero en Asia la suya es Delhi, no hay ninguna duda. Es interesante releer sus primeras impresiones, o el modo en que las recordó años después, siendo ya un hombre mayor, cuando escribió Vislumbres de la India, que por cierto considero uno de los grandes libros de viajes escritos en español, solo que al ser de Octavio Paz es al mismo tiempo muchas otras cosas. Esto dice al inicio: “Nueva Delhi es irreal”, “no fue edificada lentamente, a través de los siglos y la inspiración de sucesivas generaciones, sino que, como Washington, fue planeada y construida en unos pocos años por un arquitecto: Sir Edward Lutyens. (…) Nueva Delhi fue concebida como una ciudad jardín. Por desgracia, en mi última visita, en 1985, me sorprendió su deterioro. El excesivo crecimiento de la población, los autos, el humo que despiden y los nuevos distritos, casi todos construidos con materiales baratos y en un estilo chabacano, han afeado a Nueva Delhi”.

Esta última es la Delhi de hoy: sobrepoblación, suciedad, deterioro; no obstante, conserva su sabor de espacio mágico en el que conviven todas las épocas del pasado simultáneamente, como si el tiempo fuera circular, una idea cara a Paz y a Cortázar, que escribió Prosa del observatorio tras visitar a su amigo en la India. En la librería café Turtle, en el Khan Market, se encuentran los libros de Octavio Paz en inglés, sobre todo los relacionados con su estadía en el país: Ladera este (1962-1968), Hacia el comienzo (1964-1968), Blanco (1966), y El mono gramático (1970). Es, junto a Bolaño, Neruda y García Márquez, la representación del idioma español en casi todas las librerías de la ciudad, pero Paz va más allá pues en las universidades indias hay cátedras sobre su obra, y su figura es recordada y venerada como la de un intelectual generoso que les dejó mucho. Porque el modo de conocer culturas ajenas de Paz era entrando en ellas, mirándolas desde su interior. Al revés que Neruda, que miraba desde arriba y, desde ahí y a su manera, lograba también cosas extraordinarias.

Por todo esto, al acercarme emocionado a la famosa casa de Prithviraj Road, la histórica residencia de la embajada, y sus jardines, donde fue su matrimonio debajo del árbol de Nim con Marie José, y donde estuvo Cortázar, me embargó una profunda tristeza al ver que ya no es la residencia de México, desde hace poco tiempo. ¿Quién vive ahora ahí? ¿Qué pasó? No pude saberlo, pero tuve la sensación de que, quien fuera, no estaba en su casa, sino en una de las más importantes casas de la literatura en lengua española.