Dejad de lloriquear

La maternidad no debería ser un accidente, las mujeres tienen derecho a conocer su ciclo y sus derechos reproductivos; si no quieren ser madres, tienen derecho al aborto, una elección que debería ...
Dejad de lloriquear.
Dejad de lloriquear. (Luis M. Morales)

El metrobús La Bombilla revienta en la sección trasera, los vagones delanteros están despejados, una señora grita. Se trata de un anciano y un niño, sentados en los asientos designados a las mujeres para proteger su integridad, ¡vaya estupidez!, como si en los vagones de mujeres no se subieran lesbianas acosadoras, más de una decena de veces he visto lesbianas acosar chavitas en el transporte público, lo mismo en el vagón de los hombres, tipos acosando a otros tipos, tipas que también le entran al manoseo de tipos, la hora pico en transporte público es una especie de violación multitudinaria.

La mujer está desquiciada, exige al policía que está a menos de un metro que quite al señor con el niño porque esos son los asientos de las mujeres, “¡ningún hombre se puede sentar aquí!”, sus cejas tatuadas no expresan nada, su rostro escupe una vida difícil, no sé ni qué pensar, sigue gritando, le pido amablemente que pare, se me ocurre comentarle que se trata de una persona mayor y un niño, “no te metas en lo que no te importa”, el niño comienza a llorar en silencio al ver que la mujer manotea el asiento, “te digo que te pares, te estoy hablando a ti, pinche viejo pendejo, ¿no sabes leer? ¿estás sordo?’”, el policía interviene apoyándola, en su cara se ve temor, “caballero, por favor pase a la parte de atrás”, algunas mujeres se bajan en la siguiente estación, otras murmuran “vieja loca”, “es un niño”, ninguna hace nada, temerosas se esconden en sus teléfonos celulares, sus libros o miran a la ventana. Decido bajarme, abuelo y niño también bajan junto al policía, les pide una disculpa “es que como es dama… si nosotros intervenimos luego dicen que las manoseamos o que las agredimos”, me alejo, decido irme en el vagón de los hombres, no se vaya a subir otra igual o peor, subo con mucha dificultad, logro colarme a un sitio seguro, mientras llego a mi estación destino pienso que ese niño va a crecer, ese niño guardará en su mente la imagen de una mujer grandulona levantándolo de su asiento e insultando a su abuelo, ese niño puede desarrollar odio por las mujeres tras un suceso que parece tan inofensivo.

Tomo otro metrobús, pienso en los baños mixtos de otras ciudades, creo que todo comienza en algo tan simple como eso: un baño mixto. Las he visto llegar al matrimonio sin amor, por conveniencia económica, mujeres que no pueden pagarse una habitación propia, que salen de sus casas para vivir con un hombre, jamás han vivido solas, después de los 23 siguen en casa de sus padres, con una licenciatura, maestría e incluso doctorado siguen ocupando la habitación de su infancia, ignoran lo que es pagar luz, renta, lo que es hacerse cargo de su vida y decisiones. Dan cuentas, con quién van, adónde, a qué hora regresan, cuando no regresan son víctimas en sus propias familias de regaños o preguntas, incluso castigos, mienten para poder quedarse con sus amantes o novios en turno, sus familias se niegan a creer que son mujeres adultas sexualmente activas, dueñas de sus elecciones, ellas también lo ignoran, probablemente a los 45 seguirán rindiendo cuentas o pidiendo aprobación a sus familias sobre temas cruciales. Muchas mujeres no están preparadas para afrontar responsabilidades, por ejemplo: embarazos no deseados, sus frustraciones caen sobre sus hijos, parejas, personas que les rodean.

La maternidad no debería ser un accidente, las mujeres tienen derecho a conocer su ciclo, sus derechos reproductivos, si no quieren ser madres tienen derecho al aborto, una elección que debería estar lejos de toda polémica rancia y moralina. Una mujer que trae al mundo a un hijo no deseado es una mujer sumamente irresponsable, no importa que después trate de arreglarlo sacrificando su vida entera por hijos no deseados, la irresponsabilidad de parir sin planes es algo que lamentarán tarde o temprano, prefieren llamar “bendición” a un error, porque su moral cristiana-católica-guadalupana las libra de toda culpa, porque así las educaron. Las he visto, soportar múltiples infidelidades de sus parejas, defenderlos, justificarlos, esperar eternamente a que ellos regresen, humillarse por un ratito de atención. Muchas de ellas han estado junto a las mujeres con las que sus novios, amantes, esposos se han acostado, ninguna mujer es engañada, Lorca sugería que ninguna puede ser engañada por un hombre, también lo creo así, cegarse duele menos que afrontar, ellas saben que el insecto miserable que las hace sufrir y gozar es capaz de eso y mucho más, a mi no me sorprende cuando alguien me cuenta que su mejor amiga vive en eterna depresión por un gusano.

He conocido demasiadas mujeres cuya vida gira en lo que haga o no un falo. El dolor ni siquiera tiene que ver con el patán en turno, tiene que ver con ese detestable comportamiento: soportarlo todo. Mi padre me enseñó muy bien a congelar a tipos que querían pasarse de listos, la primera lección: “paga tu cuenta, si se pone pesado o simplemente no te agrada, agarras un taxi acá a la casa o me llamas”, mi madre me educó para negarme a ser la sirvienta plancha camisas de cualquier cretino, “ponte a leer, ponte a escribir” esa era su frase cuando me veía cabizbaja sufriendo por algún “amor” adolescente. Mis amigas son tipas inteligentes, han bajado a tipos de sus autos, los han dejado hablando solos en los bares, pagan su cuenta, incluso han pagado la cuenta del tipo para después abandonarlo en el bar, los han mandado al cuerno por simples comentarios que no están dispuestas a soportar, intolerancia al dolor. Misoginia y misandria, machos, hembras. Cientos de generaciones de mujeres educadas para ser paridoras, la chichi proveedora, la madre coraje. Si engendrar hijos fuera un acto de amor entre dos personas, no existirían hijos sin padres, madre o padre, da igual, no hablo de padres que abandonan, también hay madres que abandonan a sus hijos o los venden. Si el acto de nacer estuviera relacionado con el amor y la responsabilidad no existirían niños abandonados en los retretes de estaciones del Metro o las puertas de la iglesia, en los rostros de esos niños hambrientos, golpeados, abusados, también están las historias de sus padres, cadenas infinitas de dolor y abuso.

Emma Goldman afirmaba que la institución matrimonial convertía a la mujer en un parásito, concuerdo con ella. A los hombres se les educa para brillar en ámbitos públicos, a las mujeres para destacar en ámbitos privados. Las mujeres sufren en silencio por no cumplir con los cánones de belleza, se ensartan implantes, someten su cuerpo a cirugías, han llegado al extremo de la liposucción y lifting en la zona vaginal. Su seguridad imita un prototipo. Las clases oprimidas obtienen la libertad con esfuerzo propio, mientras las mujeres sigan victimizando mujeres, la cadena que llevan las mujeres sufridas y abnegadas seguirá cada vez más sólida. Hace no mucho, en un café, la conversación de tres mujeres me produjo vergüenza sobre mi género, hablaban sobre la amiga “putona”, la amiga que se acuesta con los hombres que le gustan, quizás por eso están solas en una mesa, dicen estar solas porque ningún hombre las merece, porque ellas son independientes, grandes mujeres, la verdad es que si fuera hombre, jamás eligiría a una mujer que llama puta a otra mujer, ya se imaginarán  mi opinión sobre la dichosa marcha de las putas, algunas mujeres no se dan cuenta de que pintar en sus cuerpos la palabra “puta” es victimizarse, no las libera, las encadena. Mis mejores amigos son hombres, aunque a veces he padecido cretinos insufribles aspirantes a escritor que se ofenden porque soy escritora y vivo de ello sin rendir cuentas a nadie, ellos tienen que limosnear a sus familias la renta que les provee su vida bohemia e “independencia”.

Bukowski admiraba a una mujer que murió en el alcoholismo: Carson McCullers, escribe un poema bellísimo sobre ella, la consideraba una de las mejores escritoras del mundo, pese a eso, algunas feministas consideran que su literatura es misógina. La literatura no tiene género, nada que sea masculino o femenino define Literatura. No existe Literatura misógina, existen lectores morales que son peores que la congregación de las damas de la vela perpetua. La literatura es un animal sin sexo, una bestia hermosa sin moral. No he conocido a ninguna mujer que trate igual a un pordiosero que a un doctor, ni siquiera las piadosas monjitas.

* Novelista. Autora de "Señorita Vodka" (Tusquets)