Definiciones y contrapuntos

Danza.
Subterráneo Danza Contemporánea.
Subterráneo Danza Contemporánea. (Especial)

Ciudad de México

En entregas anteriores me he referido a diferentes eventos dancísticos de distinto género, creador (a) y estilo. Para ello he utilizado conceptos y términos como “técnica”, “dramatismo”, “expresión”, “forma”, “lo clásico” frente a “lo contemporáneo”, entre otros.

Considero importante poner en contexto algunos conceptos y el rol que tienen en el quehacer de la danza. Me refiero, por ejemplo, al concepto “técnica” ya que es el más relevante para todos los tipos de danza que se deseen ejecutar o admirar, pero que al mismo tiempo traen consigo un debate sobre su necesidad y utilidad en el arte en general. El debate se centra sobre todo en dos posiciones supuestamente antagónicas y que a su vez generan un mayor número de posiciones matizadas sobre una u otra postura: una se refiere a la necesidad irrenunciable de la “técnica”, ya que sin ella no puede hablarse propiamente de arte; se considera que determina la frontera entre lo que es arte y lo que no lo es y desde esta base se construye estilo, tema y sensibilidad. La otra postura considera que la técnica, por muy depurada y espectacular que sea, no aterriza en arte si se instala en la mera preocupación por una ejecución correcta de pasos y trazos coreográficos, pero carente de sensibilidad y mensaje. Por supuesto que lo deseable es un equilibrio que permita disfrutar de un mensaje sensible transmitido a través de las herramientas y posibilidades de un cuerpo técnicamente capacitado para hacerlo. Hoy en día podemos ver en la danza ejemplos de ejecuciones perfectas pero sin contenido, con una preocupación en el ejecutante por lograr evoluciones plausibles dejando las emociones al mero estado anímico del espectador: se reduce entonces a la “forma”. Pero también vemos algunas ejecuciones sucias y descuidadas que pretenden compensar las carencias técnicas con “expresividad”, que en muchos casos se reduce a gesticulación y mímica, y aunque en otros casos sí reconocemos una expresión dramática genuina, se adeuda una buena “forma” y una ejecución técnica que lleven al goce estético de la plástica escénica. A final de cuentas, la búsqueda de ese equilibrio será siempre reconocible y meritorio; se hará presente en escena y cautivará por ser un proceso de búsqueda legítimo, pues ya lo decía el bailarín y coreógrafo José Limón: “lo esencial de un artista es la sinceridad”.

Otro debate que supone opuestos que en realidad no lo son, es el que se centra en el antagonismo entre la danza clásica (ballet) y la contemporánea. Por un lado, al ser considerada la clásica como fundamental para la correcta ejecución del resto, suele entenderse por algunos como un estilo “superior”. Por otro lado, quienes se han acercado a la diversidad de estilos considerados contemporáneos ven en la técnica clásica una sistematización de pasos y trayectorias en el espacio que limitan en mucho las intenciones interpretativas del mundo moderno. Es decir, el ballet funciona para contar historias lineales relacionadas con periodos de la humanidad anclados en el pasado, pero resulta insuficiente para los temas y emociones de la modernidad. Considero que también aquí el debate es estéril, pues muchos creadores de danza han derribado esas fronteras y echan mano de ambos estilos para poder expresar sus diversas pulsiones con lo que mejor sirva a sus necesidades creativas. A final de cuentas, al artista le atañe la humanidad y su condición, más allá de determinar fronteras para dividir su creación estética y su preocupación filosófica.