Con la muerte de Siqueiros terminó una etapa del muralismo

El artista mexicano murió hace 40 años. Siempre estuvo involucrado en asuntos políticos y sociales, por las cuales fue a prisión, en al menos seis ocasiones
Sepulcro del muralista en la Rotonda de las Personas Ilustres, en el Panteón Civil de Dolores.
Sepulcro del muralista en la Rotonda de las Personas Ilustres, en el Panteón Civil de Dolores. (Archivo)

México

El 6 de enero de 1974, a las 10:17 horas, la comunidad cultural se estremeció con el fallecimiento del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, uno de los máximos representantes de la plástica nacional, cuya muerte marcó el fin de una etapa del muralismo mexicano.

La residencia del artista, ubicada en Cuernavaca, Morelos, recibió a diversas personalidades como Luis Ortiz Macedo (1933-2013), entonces director general del INBA, quienes acudieron a manifestar sus condolencias a amigos y familiares.

Un día después se realizó un homenaje nacional en el Palacio de Bellas Artes, en la capital mexicana, al que acudieron funcionarios, intelectuales, estudiantes e integrantes de diversos sindicatos para despedir al combativo artista.

Durante la ceremonia luctuosa, el presidente Luis Echeverría Álvarez (1922) colocó la bandera nacional y una corona de laurel sobre el ataúd del pintor, además, realizó la primera guardia al lado de Rufino Tamayo (1899-1991) y Carlos Chávez (1899-1978).

El muralista, que pasó del sueño a la muerte a causa de un cáncer que lo obligó a permanecer en cama por más de un mes, fue sepultado el martes 8 en la ahora Rotonda de las Personas Ilustres, en el Panteón Civil de Dolores.

De acuerdo con datos difundidos por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), a 40 años de ese suceso, Alfaro Siqueiros ingresó a las páginas de la historia, que le otorgan la inmortalidad, como un artista innovador y preocupado por el acontecer político y social del país.

El Coronelazo, sobrenombre que recibió después de participar en la Guerra Civil Española (1936-1939), siempre estuvo involucrado en causas sociales, que reflejó en su quehacer artístico y por las cuales fue a prisión, en al menos seis ocasiones, e incluso se enfrentó al destierro.

En su juventud participó en la huelga de la Academia de San Carlos, movimiento que dio forma a la Escuela al Aire Libre de Santa Anita; además, se unió al Ejército Constitucionalista de Venustiano Carranza (1859-1920) para luchar contra Victoriano Huerta (1850-1916), Francisco Villa (1878-1923) y Emiliano Zapata (1879-1919).

En 1923 ayudó a fundar el Sindicato de Pintores, Escultores y Grabadores Mexicanos Revolucionarios; también, se le reconoce por su participación en el intento de asesinato a León Trotsky (1877-1940).

Además, preocupado por la educación de las masas como medio para derrotar a la burguesía, formó parte del movimiento vasconcelista y participó en la redacción de un manifiesto, en el periódico El Machete, con el objetivo de fomentar el arte como herramienta de aprendizaje.

Su ideología política, a la cual se mantuvo fiel hasta sus últimos días de vida, se ve reflejada en murales como La marcha de la humanidad, El llamado a la libertad, Entierro del obrero sacrificado y Muerte al invasor.

Obras que, además, poseen un sello distintivo, gracias a sus constantes experimentos e investigaciones, que lo llevaron a utilizar nuevas técnicas y materiales, como la fotografía, el yute como lienzo, la tela de vidrio, la piroxilina, el accidente controlado y la pistola de aire.

El legado del artista yace en recintos como Ciudad Universitaria, el Museo Nacional de Historia, el Polyforum Cultural y el Centro Médico Nacional, así como la Sala de Arte Público Siqueiros y La Tallera, que fueron hogar del pintor mexicano.

José David Alfaro Siqueiros nació el 29 de diciembre de 1896 en Ciudad Camargo, Chihuahua, aunque su acta da cuenta de que nació en el Distrito Federal.