Los lazos de la tradición

En 2006, el etnohistoriador Joel Lara González y unos amigos iban en la carretera cuando se toparon con un grupo de danzantes disfrazados con textiles característicos de la Huasteca hidalguense.
Una celebración viva.
Una celebración viva. (INAH)

México

En 2006, el etnohistoriador Joel Lara González y unos amigos iban en la carretera cuando se toparon con un grupo de danzantes disfrazados con textiles característicos de la Huasteca hidalguense. Se bajaron del auto, siguieron al grupo y, en el barrio de La Ceiba de la comunidad de Chililico, en Huejutla de Reyes, Hidalgo, descubrieron una muestra de cultura viva. Ocho años después, la experiencia ha adquirido la forma del disco-libro ¡Cuahuehue tlaquastecapantlalli! Danza de cuanegros, editado en la serie Testimonio Musical de México del INAH.

Lara González cuenta que aquel baile fue simbólico, porque la tradición se retomaba después de muchos años de no celebrarse: "Afortunadamente, los maestros de la danza, particularmente José María Hernández Hernández y su sobrino Fidencio, habían tenido la iniciativa de que en su barrio resurgiera esta danza que había dejado de bailarse alrededor de 15 o 20 años. Contaron con la colaboración de casi todos los miembros de la comunidad para que la danza no se perdiera. Para ellos es muy importante porque significa el reencuentro con sus ancestros, pero también el convivir con los vivos".

Para documentar la danza y la música, así como generar confianza en la gente, Lara González regresó repetidas veces a La Ceiba, no solo durante los festejos, entre el 30 de octubre y el 30 de noviembre, sino también en otras ocasiones. "Todavía no visualizábamos el registro, pero poco a poco nos fueron aceptando en la comunidad. Cerca del 2008 yo trabajaba para la Escuela Nacional de Danza Folklórica e hicimos un montaje dancístico, una especie de antropología visual en el escenario sobre las danzas propias de la Huasteca, en Día de Muertos, entre ellas la Danza de cuanegros".

Tiempo después propusieron al INAH el registro de la música y la danza ritual, así como un estudio etnohistórico, una descripción detallada del contexto festivo y una interpretación antropológica. En el equipo participaron también María Andrea Martínez Molina, Marco Antonio Martínez y Marysol Limón, quienes se ganaron la confianza de la comunidad para realizar un registro puntual de esta tradición que se ha renovado.

Es importante para la comunidad de La Ceiba contar con el registro de la danza y la música de esta práctica tradicional, dice el etnohistoriador. "Al tener la música grabada, las nuevas generaciones pueden ensayar la danza, conocer los pasos y estar más cerca de los mayores que, en un momento dado, serán parte del mundo de los ancestros. El material sirve como una referencia que cohesiona los lazos de la tradición".