No es tiempo de jubilarse, asegura Daniel Divinsky

El fundador de Ediciones de la Flor, junto con Ana María T. Miller, han reunido un catálogo de casi mil títulos a lo largo de 48 años.
“Lo que necesito es un libro que me guste, que me atrape”.
“Lo que necesito es un libro que me guste, que me atrape”. (Archivo)

Buenos Aires

El editor argentino Daniel Divinsky sufrió una caída a la salida de la presentación de un libro del historietista Nik: tenía abierta la cabeza, pero no quiso abandonar a su escritor, quien haría una firma de libros; solo intentaba recuperarse del accidente, por eso la pregunta le ayuda para jugar con su realidad: ¿ha pensado en jubilarse?

"Sí, se me ha cruzado por la cabeza, pero no a cada momento: es bastante tiempo de estar en la edición de libros, no para jubilarse, aunque un tropezón puede determinar cambios. Por el momento no hay ningún plan", responde el mítico fundador de Ediciones de la Flor con una sonrisa, quien desde hace 48 años está al frente, junto con Ana María T. Miller, de lo que define como una empresa de familia.

Sentado en el stand 1612 de La Rural, sede de la 41 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (Filba), donde la Ciudad de México es la invitada de honor, el editor de autores como Quino y Rodolfo Walsh reflexiona acerca de las decisiones tomadas por los editores independientes españoles Beatriz de Moura y Jorge Herralde, fundadores de Tusquets y Anagrama, respectivamente, quienes ya dejaron en manos de otros el control de los sellos.

"Beatriz de Moura hizo algo que me parece muy lamentable, darle el control de su empresa a Planeta, aun cuando conserve ella una capacidad de decisión. En el caso de Herralde es una decisión mucho más sensata, porque se asoció con un grupo editorial independiente italiano, Feltrinelli, y va cediendo un porcentaje anual y su retiro es paulatino. Creo que en algún momento habrá que pensar en algo parecido", señala el editor argentino, si bien no tiene ningún plan definido al respecto.

Estar atento

Entre 1977 y 1983, los editores de La Flor debieron exiliarse en Venezuela y a su regreso a la Argentina retomaron una labor que los ha llevado a reunir un catálogo de casi mil títulos y estar a punto de cumplir medio siglo de existencia, gracias a una fórmula que no tiene nada de secreta, pareciera obvia, pero no siempre lo es: "estar atento a lo que aparece".

"La única forma de que las editoriales pequeñas y medianas —aunque esta es una editorial con 48 años, de todas maneras sigue con un grupo de nueve personas— enfrenten a los grandes grupos editoriales, que apuestan enormes cantidades como anticipo al autor por libros seguros o casi seguros, es estar atento a lo que aparece: el director editorial de un grupo grande no puede correr riesgos: nosotros, mi socia y yo, dueños directos de la editorial, podemos correr riesgos, porque somos responsables ante nosotros mismos".

No están interesados en producir demasiadas novedades para un "mercado que está muy saturado", con lo cual publican, en promedio, 24 títulos al año. "Lo que necesito de un libro es que me guste, que me atrape: si es un libro de humor que me divierta; si es una novela que me interese lo que le pasa a un personaje o el uso del lenguaje", explica Daniel Divinsky.

Sin embargo, también se le aparecen sorpresas: un investigador de Rodolfo Walsh descubrió un cuento publicado en una revista de ajedrez de la ciudad de La Plata, editado por la Biblioteca Nacional, y que se va a incorporar al volumen de Cuentos completos, publicado por Ediciones de La Flor, que incluso cuenta con un estudio preliminar de Ricardo Piglia, con lo cual ahora sí ya publicaría la obra completa del escritor y periodista, asesinado en 1977 por la dictadura militar.

"Durante estos años se tradujo al francés y al inglés Operación masacre, lo que refleja el valor de una obra inspirada por un hecho puntual, que inauguró lo que se llamó la ficción basada en hechos; siempre se decía que la primera era A sangre fría, de Truman Capote, y Walsh escribió su novela bastantes años antes", cuenta Divinsky antes de seguir atento a lo que sucede en el stand de su editorial a sus 73 años de edad.