Daniel Alarcón inventa su propia nostalgia del Perú

Residente en Estados Unidos, dice que mucha de su obra se trata de cómo hubiera sido su vida si se hubiera establecido en su país natal.
Uno de los mejores escritores jóvenes de EU, según "The New Yorker".
Uno de los mejores escritores jóvenes de EU, según "The New Yorker". (Juan Carlos Bautista)

México

Daniel Alarcón se sabe peruano: su vida siempre transcurrió entre elementos de la cultura andina… pero en Estados Unidos, pues desde la infancia vivió en Alabama, lo que de muchas maneras se ha reflejado no solo en su vida personal, sino hasta en la literaria, como sucede en su más reciente novela, De noche andamos en círculos (Seix Barral, 2014).

“Soy peruano-extranjero: me siento identificado con Perú, pero valgan verdades: hay muchas diferencias entre un peruano como yo, que se crió en Alabama, y uno criado en Perú. Las experiencias son muy diferentes, aun cuando nosotros hayamos tenido al país muy presente, en nuestra cultura familiar.

“El hecho de ser extranjero en mi propio país significa que hay cosas que me llaman la atención y que a un local le resultan muy normales; aspectos que me sorprenden o fascinan, pero para quien vive allá pasan desapercibidas”, dice.

Nombrado uno de los mejores jóvenes escritores latinoamericanos por el Hay Festival Bogotá 39, y uno de los mejores escritores jóvenes de Estados Unidos por The New Yorker, Daniel Alarcón (Lima, 1977) reconoce en entrevista que no se trata del esfuerzo de un joven que busca entender un pasado o de quien excava en busca de sus recuerdos de niñez, sino de recrear esa niñez, de “escribir una nostalgia inventada, un pasado inventado”.

La novela es la historia de un joven actor esperanzado en la llegada de la visa estadunidense para cambiar su vida, hasta su encuentro con un dramaturgo encarcelado por montar la obra El presidente idiota, la cual se representará de nueva cuenta; lo eligen como uno de los personajes, en un país que apenas comienza a recuperarse de sus años de violencia.

“Mi apuesta no fue escribir una autobiografía a escondidas, sino recuerdo a una generación que sufrió su adolescencia abatida por la guerra y en la adultez rechaza todo lo político, porque lo asocia con años ansiosos y pesados; lo que la novela demuestra es que uno puede no ser político, pero la política igual te afecta.”

Desde su perspectiva, “el legado histórico de la generación de nuestros padres y de nuestros abuelos siempre termina por pesar sobre nosotros”; de allí la reflexión de la novela y de parte de su obra, integrada por dos libros de cuentos, Guerra a la luz de las velas y El rey siempre está por encima del pueblo, y de la novela Radio Ciudad Perdida.

“Hasta ahora mucha de mi obra ha sido parte de esa indagación: cómo hubiera sido mi vida si nos hubiésemos quedado en Perú. Esa relación de cuatro años de diferencia entre los hermanos Francisco y Nelson en la novela es la diferencia de edades entre mis hermanas y yo —nací en Lima y mis hermanas en Baltimore—: si nos hubiéramos quedado, mis hermanas se habrían ido de ese barco que se hundía y yo no habría tenido la misma oportunidad.”

Alarcón dice que es una investigación que tiene que ver con una especie de sentimiento de culpa que tienen los supervivientes: criado en un ambiente cómodo, sin grandes tragedias ni el peligro de violencia, “siento que cargo ese sentido de culpa, porque veo que todos los demás de mi generación sí pasaron por eso y yo no”.

El escritor asegura que haber publicado la novela primero en inglés le permitió también recrear a una Lima que no existe en ese idioma: en términos literarios existe en español, y en términos culturales en quechua y en español.

“En Lima existe una jerga muy rica de los barrios de la ciudad, pero en inglés es algo que me he inventado. He leído a los referentes de la literatura criolla, pero la versión de la ciudad que he creado se nutre de otras tradiciones y de otras ciudades, y de otra estética a nivel de prosa. Eso me dio libertad”.