De ladrón de bancos a novelista: Dani El Rojo

Este peculiar personaje español cobró fama como uno de los “mejores” atracadores: se llevaba millones sin herir a nadie; sin embargo, el tiempo, la cárcel y la experiencia lo rehabilitaron.
Dani El Rojo.
Dani El Rojo. (Cortesía)

Madrid

Tras una intensa vida en los bajos fondos de la Barcelona de los años setenta y ochenta, entre antros ilegales, bandas organizadas, atracos a más de 150 bancos y joyerías, ingentes cantidades de sexo, drogas y rocanrol, y una larga temporada bajo la sombra carcelaria, Dani El Rojo solo tiene una cosa clara: dar gracias por seguir vivo.

Y es que este ex delincuente que logró dilapidar auténticas fortunas millonarias en atracos que le redituaron en un solo golpe hasta siete millones de euros, ha logrado convertir su propio mito como personaje de la Barcelona underground en la que fue conocido como El Millonario, en un padre de familia normal y ordinario cuya vida cotidiana, alejada de las malas compañías, se basa en ver crecer a sus hijos, levantarse temprano, vestirlos, darles de desayunar, llevarlos al colegio y volver a casa, donde revisa sus encargos literarios que, hoy por hoy, son el núcleo de su vida laboral.

“En los últimos 10 años he escrito seis libros, hago colaboraciones con algunos periódicos y aparte de eso, estoy muy pendiente de mis lectores que me escriben muy a menudo”, dice Dani (1962), uno de los mayores atracadores de bancos de la España moderna, en entrevista con Dominical MILENIO.

También trata de conservar en forma su enorme físico, con el que se ganó un día el sobrenombre de El Verraco, por lo que va al gimnasio y quiere cuidar un cuerpo al que expuso en infinidad de lances que podrían haberle costado la vida.


Digamos que en la actualidad vive de sus rentas ¿no?

Sí, sí, la verdad que le he dado la vuelta al marcador y aunque mi vida pasada era para estar muerto, gracias a un físico bueno y a una suerte grandiosa estoy vivo y he sabido sacar provecho a mis vivencias, sacar lo positivo de lo negativo y vivir de mis rentas.


Era una ironía, me refería al lado económico, ya me entiende…

Bueno, no se compara, porque cuando yo atracaba bancos me llamaban El Millonario por algo. Y ahora muchas veces me cuesta llegar a fin de mes. El Millonario se terminó y yo vivo esta crisis brutal; además, tengo una pareja, una hipoteca, una familia. Soy un anarcoaburguesado.


Contando con una experiencia tan intensa, ¿cuáles son sus máximas en este momento?

Primero: de cualquier vida humana hay una enseñanza; cualquiera que empiece a pensar y recapacite sobre su vida, obtendrá una enseñanza. Creo que todos tenemos que aprender de lo que hemos hecho. Segundo: sobre el mundo de la droga, que yo viví muy profundamente, digo que hay uso, hábito y abuso. Y ése es el problema de las drogas. Tanto el hábito como el abuso lo hacen las personas, no las drogas. Las sustancias en sí están ahí y no son malas ni buenas; la naturaleza las ha puesto ahí y nosotros los hemos utilizado, pero su abuso nos ha llevado a la situación que podemos ver hoy. En ese sentido, de todo lo que he abusado ya no tomo nada. Y por eso creo que sigo vivo.


Usted que conoció el crimen organizado, ¿cuáles diría que son sus fundamentos, porque se piensa a menudo que es la falta de educación y la pobreza, qué diría usted que es?

La pobreza, la incultura, el no tener una educación, hace delincuencia; pero no delincuencia organizada. La delincuencia organizada, estoy convencido, se ha ido haciendo año tras año bajo la influencia de los organismos del Estado en todos los países y gracias a la corrupción. Aquí en España pasa; en México seguro también. Creo que es hora de empezar a trabajar en serio contra eso, porque llevan 35 años peleando contra el narcotráfico y no se está ganando, así que es hora de hacer algo muy sencillo: legalizar las drogas. En ese momento mandamos a tomar por culo a todos los corruptos, a todos los narcos, y le quitamos ese velo prohibido que es el que atrae a los chicos que quieren rebeldía. Aunque creo que es una utopía, porque como todos roban, desde el puto aduanero hasta el puto policía hasta el puto gobernador, no se va a hacer nunca.


En cuanto a los códigos de las bandas criminales, ¿cómo funcionan?

Yo me enamoré de la delincuencia, del romanticismo clásico que había del bandolero que roba a los ricos para dárselo a los pobres. Y ahí, en la España donde yo fui delincuente, no la actual, había un código de honor, porque cuando tú atracas un banco te juegas la vida con la policía, y ser compadres nos daba unos valores que ya quisieran los políticos. El problema fue la entrada de la droga, que quitó mucho esos valores en la delincuencia. Pero en los grandes clanes súper organizados, los códigos de honor son infalibles. Piensa que sin esos códigos de honor no podrían vivir. Esos códigos son muy estrictos para la supervivencia, porque saben perfectamente que están fuera de la ley y que sin ellos no son nada. Un amigo mío cayó con 150 kilos de cocaína y se los comió como suyos, cumplió siete años de prisión y sigue trabajando para sus jefes colombianos, y ellos encantados de tener gente buena para ellos.


Pero cuando las cosas en los clanes llegan a desmadrarse tanto como ocurrió en México, donde un clan ordenó matar a 43 estudiantes porque entorpecían su labor política, ¿qué reflexión le provoca?

Es surrealista. No se puede ni comprender. Yo he sido delincuente pero nunca he sido psicópata, nunca he querido hacer daño a la gente. Los narcos y la delincuencia organizada utilizan el miedo como arma de protección. Eso es, digamos, normal. Pero esto no es comprensible por ninguna mente normal; aquí hay un problema de psicopatía, de no querer a la humanidad. Solo pensar en ejecutar a 43 personas entra en categorías comparables a Hitler, Musolini, Pinochet y gente así, gente loca. Se puede considerar que los narcos quieren crear todo el miedo posible, pero ahí hay un pozo muy negro. Eso pudre a un país. Pero no olvidemos que todo eso ha sido posible gracias a la corrupción, al dinero dado tanto por los mexicanos como por Estados Unidos, donde no pueden entrar personas a trabajar pero sí kilos y kilos de heroína y cocaína.


¿Qué fue lo que le hizo abandonar la delincuencia y convertirse en escritor?

La verdad fue el tiempo. De muy joven me enganché a las drogas y pensé que atracar bancos, tener mucho dinero, muchas putas, buenos coches y buenas casas era lo que daba la felicidad, y por eso lo hacía. Lo que pasa es que fui pagando cárcel y gané años de experiencia, y cuando cumplí 30 años empecé a pensar que no era todo lo feliz que yo creía, que algo fallaba en mi vida. Y lo único que pensé tras 25 años enganchado a las drogas fue en dejarlas. Estaba en la cárcel y lo hice, y al quitar las drogas de mi cuerpo salieron a flote los valores que me habían dado mis padres y cuando al fin salí de la cárcel estaba limpio de drogas y de cabeza, y ya no necesité delinquir. Luego, siempre lo digo, tuve mucha suerte por sobrevivir y porque solo salir de la cárcel encontré a una mujer que me quería y eso me ayudó muchísimo a seguir por el buen camino. Yo solo tenía miedo a no saber vivir sin gastar las 100 mil pesetas que gastaba a la hora. Pero vi que era posible vivir con un sueldo normal y encontré trabajo como guardaespaldas de artistas como Loquillo, Bunbury o Calamaro, y me dediqué a eso durante 10 años. Luego vino la literatura.


¿Cuántos bancos atracó en su carrera delictiva?

Tengo imputados 150 bancos. Supongo que podrían ser más. Yo me profesionalicé en los bancos, como explico en mi segundo libro, Confesiones de un gánster de Barcelona (2010). En mis libros siguientes, tanto los de no ficción como las novelas negras, hay cerca de 155 personajes y de ellos 140 están muertos. Así que ya te imaginarás. Yo digo que para llegar a la delincuencia no tienes que venir de una familia desestructurada, porque yo venía de una familia de clase media y mira adónde llegué. Mi primer libro, Mi vida en juego (2005) lo escribí precisamente para quitar esa loza a la clase marginal, porque mira ahora quiénes nos están robando: banqueros y políticos. Pero no quise hacer moralina en ese libro, sino que explico los hechos tal como los viví. Luego, en el siguiente, Confesiones... ya hago reflexiones en torno a la delincuencia y las drogas. Y en El gran golpe del gánster de Barcelona (2012), cuento un gran golpe a partir de uno que hice a un furgón que llevaba 80 millones, pero va en realidad del gran golpe de timón que di para cambiar de vida.


¿Echa de menos la adrenalina de los atracos?

Cuando eres atracador profesional lo único que haces es prepararlo todo bien. Yo fui paracaidista y tengo una preparación militar óptima y casi todos mis atracos los he planeado desde ese objetivo. Así que los he hecho yendo muy a lo seguro. Para mi mejor atraco trabajé durante tres días en el lugar del hecho, y me llevé mil 100 millones de pesetas (casi siete millones de euros actuales). Esos atracos están tan bien estudiados que no hay adrenalina. Y luego hice un modus operandi que consistía en hacerlo rápido, sin daño y llevándome mucho dinero, aunque también hay cosas que no están estudiadas, pero cuando sales y ves que no te ha pasado nada y te metes en el coche y te vas con los millones, es casi orgásmico. Y eso engancha mucho, sí, pero no quiero hacer apología de la delincuencia.


¿Cuál es la sensación de tener tanto dinero en la mano, fajos de billetes como los que usted ha tenido en un solo momento?

Te contaré un chiste fácil. El dinero fácil es como el café de máquina: entra rápido y sale todavía más rápido. Cuando uno está en la delincuencia, si eres atracador profesional no quieres que te vea la gente para no dar la nota. Pero no, nos gusta tener buenos coches, llevar mucho oro. Y somos así, y esto pasa en todas partes del mundo. En México querrán llevar el coche más grande y la pistola de oro más brillante. Y en eso somos tontos y parece que tenemos que ir demostrando lo que hemos robado. Por eso se funde uno todo el dinero.


Pero cuál es la sensación de tener un montón de fajos de billetes en la mano.

Te puedo decir que una vez que robé bastante dinero y me tocaron más de doscientos millones, lo tenía en un arcón y cuando me quedaban 158 millones tuve la necesidad de saber, y fíjate la tontería, lo que pesaba. Y me bajé el arcón y lo pesé en una báscula pública, primero con dinero y luego sin él, y en el cálculo que hice me salió que ese dinero pesaba 12 kilos con 800 gramos. Esto lo hice en 1984 y en el 2008, estando en Buenos Aires, mientras hablaba con otro delincuente argentino, José Sousa, me contó que él también había pesado un millón de dólares porque había tenido la misma necesidad de saberlo. Pero el dinero te da otra cosa: si tenías un M3 te compras un M5, si tenías una ZZR 600 te compras las ZXTV7 y medio; te cambias de vivienda; te compras todo tu vestuario nuevo y renuevas todas tus putas. Y eso es lo que haces cuando tienes tanto dinero.


El tipo de atracos que se ven en cine ¿le parecen creíbles?

Hay algunas películas que pienso que podía haberlas hecho yo. Y me río con otras porque pienso que de asesor han tenido algún ladrón, ya que hay cosas que solo un ladrón conoce. Hollywood seguro que para esas películas llama a atracadores. Hay algunas que no, pero las hay que abiertamente son asesoradas por gente del hampa.


Sus dos últimos libros publicados en España, La venganza del Tiburón y El secuestro de la virgen negra (ambas de 2014), son novelas negras.

Sí, es la ficción de un delincuente de 30 años. Así como un novelista cuando escribe género negro tiene que investigar y documentarse, yo no necesito esa investigación, solo tengo que empezar a pensar. Con el personaje de estas novelas, que conforman una trilogía de la que se publicará este mes de enero el tercer libro titulado Gran golpe a la pequeña Andorra, he querido hacer una transgresión del género negro, porque la mayoría de las veces lo que se cuenta está explicado desde el punto de vista de un policía, un detective o un periodista judicial. Y yo he querido que el protagonista sea un delincuente. Otra cosa que he querido hacer es ponerle mucho humor negro al relato y que en cada página se ría la gente. Así que mi personaje, Hugo El Tiburón, sufre muchas putadas, cosas chuscas. Pero también hay intriga, asesinatos, atracos y droga.


Por último, Dani, qué es lo que resumiría su vida hasta ahora.

Una cosa que me hace ir con la cabeza alta y por lo que no me arrepiento de nada es que creo que uno es lo que ha vivido. Yo soy así; ahora he logrado crear una familia, tener dos hijos; he escrito seis libros y he participado en una película. Y esta felicidad es consecuencia de todo lo que he vivido. Eso sí, he sabido pasar lo negativo a positivo y salir adelante. Así que uno debe estar contento con lo que es, y si no es así, es porque tiene algo en su pasado que le corroe y que aún no ha superado. Uno tiene que analizar el pasado, asumir lo hecho y lo ocurrido y no echar la culpa a los demás. Así seguro tienes un presente y un futuro.