Cumplen el último deseo de sor Juana

Los restos de "La Décima Musa" fueron depositados en el ex templo de San Jerónimo; fue evocada con la "Oración fúnebre" que le dedicó Octavio Paz.
Una procesión condujo los vestigios de la monja jerónima a su destino final.
Una procesión condujo los vestigios de la monja jerónima a su destino final. (Octavio Hoyos)

México

Con la mayor solemnidad, la noche del viernes pasado la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ) llevó a cabo una ceremonia fúnebre para depositar, en el coro bajo del ex templo de San Jerónimo, los restos atribuidos a La Décima Musa. Empero, aun cuando se hizo la exhumación de la osamenta y los estudios correspondientes de antropología física, incluidos los análisis morfométricos, no está comprobado al ciento por ciento que sean los restos de la monja jerónima.

En la ceremonia, Carmen Beatriz López Portillo Romano, rectora de la UCSJ indicó que en virtud de que durante los trabajos de excavación entre 1976 y 1981 “se encontró un enterramiento de una mujer adulta que vestía un hábito de gala y portaba el medallón con un rosario, se pensó que se trataba de los restos de un personaje notable probablemente, como Sor Juana.

“A partir de estas consideraciones científicas técnicas y culturales, el antropólogo físico Arturo Romano Pacheco delineó el contorno craneal para sobreponerlo al contorno obtenido de una pintura hecha de sor Juana en la época, coincidiendo ambos contornos. Esto llevó a suponer que los restos podrían atribuirse a la musa”.

Si ahora sus restos se colocan en el coro bajo es porque, sin duda, dijo la rectora, este es el recinto sepulcral, y no solo eso, sino que de esta forma se estaría cumpliendo la última voluntad de sor Juana.

“Nuestra casa de estudios solicitó al Instituto Nacional de Antropología e Historia, que nos permitirá depositar esos restos aquí, como había sido el deseo de La Décima Musa. Hoy en la mañana fui a Nepantla, en el Estado de México, ese lugar situado entre dos climas, dos culturas, espacio donde sor Juana aprendió a nombrar el mundo, a pronunciar las palabras en sus dos lenguas, a amar a su gente, a los nobles mexicanos. Fui y de allá traje un puñado de tierra para trazar un puente entre sus dos casas, la que la vio nacer y la que la vio morir”, dijo la rectora.

Sor Juana fue evocada con las palabras de Octavio Paz una vez colocado el féretro en la vitrina especial en donde descansarán sus restos. La voz del Premio Nobel de Literatura 1990 se volvió a escuchar como hace 20 años, cuando dio lectura a su propia Oración fúnebre a sor Juana Inés de la Cruz. Parecía como si estuviera de nuevo allí, encabezando la ceremonia, solo que ahora por el 320 aniversario del fallecimiento de la escritora mexicana considerada la máxima exponente de la literatura hispanoamericana del siglo XVII.

El 17 de abril de 1695, a las 4 de la mañana, en una de las celdas de este mismo recinto, murió sor Juana Inés de la Cruz. Tenía 46 años y cinco meses, y falleció a consecuencia de una epidemia, según Juan Ignacio Castorena, quien fue su amigo y al que debemos la edición del último volumen de sus obras en 1700. Asimismo, en aquella ocasión Carlos de Sigüenza y Góngora escribió una Oración fúnebre que se perdió.

A media luz, las palabras de Octavio Paz hicieron vibrar a los asistentes, algunos de los cuales volvieron a ser testigos de aquél acontecimiento:
 “Aunque fue sobre todo poeta, sor Juana nos ha dejado escritos dignos de recordar. Uno de ellos es su carta al obispo de Puebla ‘Atenagórica’, que firma como Sor Filotea de la Cruz, texto capital en la historia de las letras hispánicas y de los anales de la liberación de la mujer. Es una autobiografía intelectual, es el relato de sus aprendizajes, sus decepciones y sus descubrimientos”.

Pasmaba a todos los que la oían

Como parte de la conmemoración fue presentado el libro Cartas de Lisy. La mecenas de Sor Juana Inés de la Cruz en correspondencia inédita, de Hortensia Calvo y Beatriz Colombi. El texto ofrece un retrato de la monja jerónima hecho por María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, condesa de Paredes y marquesa de La Laguna, en un misiva enviada a su prima, María de Guadalupe de Lencastre, duquesa de Aveiro, a quien sor Juana destinara un romance epistolar.

La carta fue escrita en México el 30 de diciembre de 1682, y fue encontrada en la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans. Dice: “Pues otra cosa de gusto que la visita de una monja que hay en San Jerónimo que es rara mujer no la hay. Yo me holgara mucho de que tú la conocieras pues creo habías de gustar mucho de hablar con ella porque en todas ciencias es muy particular esta.  “Habiéndose criado en un pueblo de cuatro malas casillas de indios trujéronla aquí y pasmaba a todos los que la oían porque el ingenio es grande (... ) Recién venida, que sería de catorce años, dejaba aturdidos a todos, el señor don fray Payo decía que en su entender era ciencia sobrenatural. Yo suelo ir allá algunas veces que es muy buen rato y gastamos muchas en hablar de ti porque te tiene grandísima inclinación por las noticias con que hasta ese gusto tengo yo ese día”.