La sacralidad del barro

Una de las grandes tradiciones totonacas que se pudo difundir en la Cumbre Tajín es la elaboración del barro, que aquí describe una de sus maestras.
Amada Pérez enseña el procedimiento místico en el procesamiento del barro.
Amada Pérez enseña el procedimiento místico en el procesamiento del barro. (Abraham Reza)

Papantla

En la Casa de Alfarería de Papantla, Veracruz, ella transmite el legado ancestral que los totonocas le han heredado sobre el trabajo del barro; su nombre es Amada Pérez, originaria de la Cuna del Cedro, y su trabajo consiste en enseñar el procedimiento místico y técnico en el procesamiento del barro.

"Desde que el estado decidió apoyar a la cultura totonaca, yo me encargo de coordinar la extracción, curación y horneado de artefactos hechos con barro aquí en el parque temático", menciona Amada.

El procedimiento de extracción es todo un ritual elaborado sólo por mujeres. Este procedimiento místico comienza con la búsqueda del barro en los alrededores de la población. Una vez que localizan un banco de barro hacen una pequeña prueba para verificar si es cierto lo que han encontrado; esta prueba consiste en hacer una pequeña figura y hornearla. Si esta adquiere las características del barro, ya sea por el color o la consistencia, comienzan con la extracción.

"Cuando yo quemo una pieza y no se rompe, quiere decir que he encontrado un banco de barro" añade Pérez.

"Yo me acerco, me pongo de rodillas, hago una cruz y pido permiso a los reyes de la tierra para poder extraer ese barro. Nosotros lo sacamos de la tierra con permiso de los Reyes Magos, pero no de los que traen regalos, sino los de la tierra, a los que les hacemos una fiesta cada seis de enero, los que nos brindan su tierra y su agua", afirma la alfarera.

Sacar el barro podría calificarse como un acto de sincretismo y misticismo, un acto que se realiza con fe y, sobre todo, una actividad diaria que contribuye a la manutención del pueblo totonaca; para ellos es una forma de vida y una bendición de sus dioses, a los cuales les agradecen su vida diaria.

El proceso del barro se divide en dos etapas: la mítica y la técnica.

"Ya que localizamos el barro lo sacamos y lo metemos en una batea de madera; les ponemos tres cruces para eliminar las malas vibras, que es a lo que se le llama curar el barro, y después se echa en una vasijas de barro que ya no se use. Las guardamos durante un año, tapadas para que se pudra el material orgánico que traiga, y posteriormente se moja con agua viva, es decir, agua de pozo" explica la artesana.

Luego de ello se pide a la virgen permiso para poder trabajar el barro; en la escuela de indígenas limpian el barro y comienzan con el modelaje.

Modelar, bruñir con piedras de río y lijar son los últimos tres pasos a seguir en la escuela de las mujeres alfareras; una vez que ya está muy secas queman sus artesanías a fuego abierto.

Todo lo que realizan lo hacen con el objetivo de cubrir sus necesidades. Las alfareras no compran utensilios o artefactos de cocina sino que ellas mismas crean sus herramientas.

Las manos de Amada están partidas por el barro; su cuerpo es el de una mujer adulta: aunque no menciona su edad, ya luce cansada. Sin embargo, ella quiere seguir con la enseñanza de las pequeñas para que esta tradición totonaca continúe por generaciones.