Cultura del trabajo es parte del legado: investigadores

Rasgos y valores de los regiomontanos como el ahorro y la familia tradicional se remontan a los inicios del siglo XX, afirman estudiosos.
Grupos de ex trabajadores se siguen reuniendo hoy en día.
Grupos de ex trabajadores se siguen reuniendo hoy en día. (Especial)

Monterrey

El patrimonio industrial no sólo se puede encontrar en viejas chimeneas, antiguas máquinas de vapor en documentos polvorientos, sino que en las actitudes y rasgos que hoy conservan los regiomontanos es posible hallar muestras de esta inercia en la ciudad.

Muestra de ello es que los grupos de ex trabajadores tanto de la Fundidora o de ferrocarriles se siguen reuniendo para recordar e intercambiar experiencias. Valores como el ahorro y el trabajo son otra manifestación.

Investigadores llegaron a esta conclusión tras discutir sobre la importancia de documentar y proteger la memoria del patrimonio industrial de Nuevo León.

Aunque pudiera creerse que conceptos como cultura del trabajo forma parte de la forma de ser del regiomontano, esto no es del todo cierto, pues su uso se remonta a la historia reciente del siglo XX, afirma la investigadora Lylia Palacios Hernández.

“La principal institución formadora aquí no fue la Iglesia o el partido político, fue la empresa. Y por lo tanto, cuando hablamos de un credo al trabajo, lo confirmamos”, apunta la catedrática de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.

ESTILO DE VIDA

Sin juzgar si es bueno o malo, las empresas instaladas en Monterrey y su área metropolitana durante el siglo XX ejercieron una influencia entre los trabajadores, destacando valores como el ahorro, el trabajo y la familia tradicional.

Fue a través de publicaciones internas, concursos de integración y actividades culturales en que se generó una cultura del trabajo, que no es nueva ni privativa de las empresas locales, pero que se ejerció de igual forma.

 Todos estos rasgos también forman parte del patrimonio industrial, aunque de forma intangible.

“Una cosa que nos enseñaron es que en este crecimiento industrial, los regiomontanos, o lo regiomontano, es excepcional, y me parece que con todo lo que nos pueda llenar de orgullo también nos ha separado”, expone la investigadora.

LOS EX EMPLEADOS

La cultura de la agrupación entre ex trabajadores continúa presente. Son frecuentes las reuniones de quienes tuvieron relación con la Fundidora, aún y después de 29 años de su cierre.

Otro caso es el de los ex ferrocarrileros, quienes han encontrado en el Museo del Ferrocarril, ubicado en la antigua Estación del Golfo, una oportunidad para el diálogo y el intercambio de experiencias.

José Antonio Olvera ha coordinado grupos de diálogo entre los ex trabajadores, donde destaca la disponibilidad que tienen algunos de los asistentes, así como su nivel académico.

“Si bien es importante destacar el inventario de máquinas, inmuebles, talleres o minas, también es importante rescatar las voces y testimonios de quienes formaron parte de estos procesos que cambiaron la industrialización del estado”, mencionó Olvera.