En Cuernavaca, la naturaleza según Costa y González Serrano

Ayer fueron inauguradas en el Centro Jardín Borda sendas exposiciones de ambos artistas plásticos, en las que se han reunido más de 130 piezas.
Vendedora de frutas, una de las obras de la pintora que se exhiben en la capital morelense.
Vendedora de frutas, una de las obras de la pintora que se exhiben en la capital morelense. (Gabriel Bátiz)

Cuernavaca

Obras de los artistas Olga Costa (1913-1993) y Manuel González Serrano (1917-1960) son exhibidas en las exposiciones Apuntes de naturaleza y La naturaleza herida, que fueron inauguradas ayer en el Centro Cultural Jardín Borda de esta ciudad, donde permanecerán durante tres meses.

La primera de ellas es de la pintora Olga Costa. Con alrededor de 60 óleos, provenientes de distintas colecciones privadas y museos como el de Arte Moderno, originalmente se exhibió en el Palacio de Bellas Artes en febrero pasado para conmemorar el centenario de su natalicio.

Entre las piezas que se presentan se encuentra un mural. Según el curador de la exposición, Juan Coronel, es una de las pocas obras públicas que se le conocieron a la también esposa de José Chávez Morado, pues ella, a diferencia de su marido, tenía un carácter intimista y no le gustaba figurar como una de las creadoras más relevantes de la época.

Ubicada en la sala Benito Juárez del Jardín Borda, la muestra revela la relación de Costa con la naturaleza: “Le interesaba la geometría. Por ejemplo, en su cuadro Vendedora de frutas, lo que vemos es la geometría de las frutas, la forma en que las acomoda. Si uno entrecierra los ojos puede apreciar un cuadro abstracto formado de planos, además de su trabajo metodológico y metafísico”, dijo el especialista.

“A Olga Costa le alegraba tener una relación armónica con la naturaleza. Actualmente se sabe que si la gente no se preocupa por el medio ambiente, el ser humano se extinguirá, pero en aquella época nadie hablaba del tema ecológico”, comentó.

En su quehacer diario no le interesó retratar el indigenismo:
“Puso una división con la pintura de su marido: Chávez Morado era un artista político, avenido al Estado, que vivía de encomiendas del gobierno, pero del de los años cincuenta, del de Alemán; eso se le criticó mucho”, mencionó.

Costa se acercó a los personajes que retrató desde la perspectiva del siglo XIX. Tuvo una visión como la de los pintores viajeros de esa centuria, ejemplificando los tipos mexicanos: cómo es realmente el mexicano, lo que distingue al país, alejándose del indigenismo de los años treinta que estaba sustentado en una ideología de izquierda.

La exposición está dividida en cinco núcleos temáticos: “Etapa formativa”, “Representación de los personajes”, “Paisaje con la geometría”, “Paisaje naturalista” y “Naturaleza muerta”. Añadió Coronel: “Nos faltó poner la obra de su etapa surrealista, porque solo teníamos tres piezas, y como dos fueron retiradas de la muestra, incluimos la que quedó en el primer apartado de la exhibición”.

El curador define a Costa como una pintora clásica, como los artistas plásticos en la primera mitad del siglo XX. Fue una creativa a la que le interesó que sus obras estuvieran muy bien realizadas, ejecutadas, con una propuesta sólida y a la que le interesaban los materiales, argumentó.

La naturaleza herida, de Manuel González Serrano, fue la segunda exposición inaugurada ayer. La curadora es María Elena Noval, quien dijo que la pintura de este artista dejó una huella profunda en la historia por dos razones: su apuesta pictórica se alejó del nacionalismo y la Escuela Mexicana de Pintura, sin dejar de lado los valores estéticos del país, y se le reconoció por su trabajo ligado al erotismo, así como por sus representaciones metafóricas o simbólicas.

“Para lograr esto, González Serrano vinculó el cuerpo humno con la naturaleza a través de cuatro elementos: las flores, los frutos, los árboles y los animales. Para él estos elementos dejaron de ser la representación tradicional y se convirtieron en una relación de pareja. Sus cuadros nos dicen que la relaciones de pareja no son felices ni fértiles, porque en los segundos planos de sus lienzos las frutas y flores niegan esta fertilidad”, mencionó.

Según la curadora, González Serrano empleó frutos y flores para representar el erotismo debido a que en la época en que trabajó no existía un discurso preponderante o la apertura suficiente para hablar del tema.

“Al hablar del erotismo y de sus intereses particulares, lo que hizo fue hablar de nosotros. Por eso su obra es conmovedora. Nos conmueve porque nos habla
de las torturas físicas que pasó, de
la represión de la sexualidad, del placer y la transgresión”.

La exhibición está dividida en cuatro módulos: “Frutos”, “Flores”, “Árboles” y “Palomas”; tiene 70 piezas que provienen de diferentes colecciones particulares.

ARTISTAS RELEGADOS

-Con una hora de retraso, Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dijo que los dos artistas presentados ayer en el Jardín Borda son contemporáneos, pero con visiones completamente distintas.

“Manuel González Serrano es uno de los grandes pintores olvidados de México. Fue un hombre que a través de una visión surrealista expresó un país creando obras íntimas, de formato pequeño”, mencionó.

Por su parte, Olga Costa mostró su mexicanismo con sensibilidad e inteligencia, y con la presencia de su esposo, José Chávez Morado. Esta artista representó el imaginario mexicano: “Es curioso pensar que lo asimiló tanto que se convirtió en una de las figuras más relevantes con obras como Mercado de las flores, que se encuentra en el Museo de Arte Moderno, y que ha quedado en el imaginario colectivo como algo relativo a este país”, explicó.