ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ

Jorge F. Hernández Escritor


Cuentos para celebrar la vida

Milenio Dominical
Milenio Dominical (Cortesía)

Ciudad de México

Alto y de voz impostada, Jorge F. Hernández divide sus pasiones entre la tauromaquia, la música, el dibujo y, en especial, la literatura. Su obra, La Emperatriz de Lavapiés, fue finalista del Premio Alfaguara en 1998. Por contagio de Carlos Fuentes, desde hace 26 años no pasa un mes de abril sin que lea Don Quijote. Acaba de publicar en Alfaguara su antología de cuentos Un montón de piedras.


¿Por qué una antología de cuentos?

Para celebrar la vida —ya llevo dos infartos. Creo que la editorial y yo teníamos la percepción de que me iba. Además estoy contento porque el libro incluye dibujos míos.


Le conozco el gusto por la canción pero no por el dibujo.

Sí, tengo libretas. A veces me ayuda para crear personajes. Si en lugar de hacer dibujos llevara bien la agenda quedaría mejor con mucha gente.


¿Y el canto?

La heredé de mi padre; él fue imitador de voces en la XEW de modo que en casa siempre había tertulias. A los 14 años aprendí a tocar la guitarra. Hoy canto con Hernán Bravo Varela, Guillermo Zapata El caudillo del son, a veces con David Haro y Armando Chacha.


¿De dónde le viene la afición por los toros?

De niño aprendí a torear de juego y un día se me ocurrió probar con un toro de verdad por invitación de David Silvetti, y la verdad se me dio bien la cosa. Fue una manera de culturizarme y fincar una manera de pensar. Creo que escribir es torear.


¿Por qué?

Porque de la puerta de toriles sale un bicho que no sabes si es cuento, ensayo o novela, y que en realidad todos deseamos que sea un poema. Cuando das los primeros capotazos descubres de qué se trata.


Ahora se discute el futuro de las corridas…

Me parece pertinente discutirlo. Así como trato de informarme sobre los temas que quiero criticar, me gustaría que los antitaurinos se informaran sobre la fiesta de los toros. No solo se trata de la tortura y muerte del animal, es algo más complicado y tiene que ver con la cultura española que heredamos. Si vamos a abrir ese cofre pongamos sobre la mesa si estamos dispuestos a ser realmente globalizados, asépticos, modernos, vegetarianos, protestantes. ¿Cuál es el trasfondo de eso? ¿Ser como los gringos o alemanes? ¿También vamos a suspender las peleas de gallos? De una vez dejemos de comer pollo. Ojo, si desaparece la fiesta, desaparece el toro de lidia.


¿Cómo se repone uno a la cercanía de la muerte?

Con tanta gente buena que hizo tanto por mí. No sabía que era tan querido. No hablo de mis hijos o la mujer que amo, hablo de amigos, lectores, periodistas y compañeros que me daban por muerto. Juan Villoro escribió un texto y quien lo lea sabe que ese era mi obituario, solo le faltaba la fecha de defunción y como se me concedió superar esa fecha, estoy tratando de honrar el afecto que me han dado.

¿Cambió algo a partir de entonces?

Sí, bajé 43 kilos; dejé de fumar y ya no dejo ningún párrafo para mañana. Duermo menos, leo más, volví a caminar. Hoy saludo a gente que antes no, lo que hago tiene más gratitud, verdad y valor. Por eso no fui torero, me faltaba valor.


¿Se escribe para ganarle a la muerte?

Sin duda y con las ganas de que dentro de 100 años nos siga leyendo alguien.


La trascendencia, ¿qué es?

Mantenerte vivo de alguna callada manera.